178 y 179

Art. 179; p. e. E. F. C.

Continúa el espectáculo…


Hugo de Lara López

Era sábado, no recuerdo la hora exacta, por la emisión del noticiero supongo que rondaría las nueve. Estaba leyendo el artículo “More poetry, please” de Friedman publicado en el New York Times cuando al escuchar un balbuceo en la televisión referido a Ceuta eché un vistazo; en menos de veinte segundos la corresponsal relató el supuesto incidente del ex vicepresidente de la ciudad relacionando su dimisión con un supuesto escándalo sexual ya convertido en “vox populi”. No atendí demasiado, era una noticia previsible, concordante con el contexto político actual; así pues seguí leyendo a Thomas hasta terminar su columna. Para entonces la transmisión hacía minutos que había concluido.

Aunque previsible he de reconocer que no me pareció necesariamente real. Horas más tarde tras haber estado entre noticias supe que aquella grabación no había visto la luz, como tampoco lo había hecho su autora. Lo cual me llevó a una deducción simple: se había levantado un rumor que todavía no se había certificado con pruebas. ¿Quién podría haberle concedido credibilidad públicamente a aquella historia sin tener ni la más remota evidencia? “El inepto líder del PSOE” –pensé durante unos segundos–, y por más que intenté quitarme de la cabeza a ese espectro anti-socialista no lo logré. Posteriormente, gracias a este medio, pude leer sus declaraciones, en las que, tímidamente, mostraba su convicción en la existencia del vídeo sin haberlo visionado. Esta abstracta entradilla le sirvió para arremeter contra el Gobierno de la ciudad con los mismos argumentos que bien se le podría achacar a su deformación. No quiero decir con esto que los errores ajenos no los pueda reseñar quien también los comete si son censurables, ni que por errar ambos cuando uno de ellos acusa una acción que también prodiga sea menos grave. Pero sería de hipócritas no admitir que ninguno de los dos puede horadar en el desacierto del prójimo, aunque lo compartan, con la moral como herramienta y bandera.

No obstante la mediocridad de este líder y su planicie neuronal yerma no le permiten más que reproducir lo dictado por guion. No tiene tiempo para reflexionar sobre las incoherencias que albergan las palabras que va exhalar, ni rasero adecuado para medir la demagogia exacta. Con sus palabras evocó, sin desearlo, la situación vivida cuando la división nacional de su partido era acusada por ordenar, supuestamente, las sonadas “escuchas telefónicas”. En aquel momento el PSOE rechazó la acusación arguyendo que junto a cualquier incriminación ha de encontrarse una prueba que la sustente. ¿Dónde estuvo, en el caso que concierne a nuestra ciudad, la prueba cuando este fantasma farisaico abrió la boca por primera vez? En ningún lado puesto que no la hubo. Este y no otro es el gran partido que pretende iluminar a la población ceutí y sacarla de su letargo.

En el flanco opuesto el Partido Popular ha persistido en su línea de prepotencia extrema, a pesar de la situación no ha cedido ni un ápice, tal vez porque identifica humildad y transparencia con debilidad. Poco después de estallar la polémica decía la portavoz de los populacheros que ella no hablaba sobre hipótesis en referencia indirecta al mentado vídeo. Y se equivocó. Si bien es cierto que ella no habla sobre hipótesis tampoco lo hace sobre realidades. ¿O acaso hemos de pensar que dar explicaciones fundamentadas cuando una persona dimite es una mera hipótesis?, ¿por qué, existiendo dichas explicaciones, no fueron detalladas cuando los medios las reclamaron? Y no se confundan, detallar no significa dar razones breves y genéricas. Si está enfermo, que se especifique su enfermedad; si está cansado de la política, que se argumente su cansancio; si ha pecado, que se confiese ante el pueblo; en este último caso, el de la confesión, partirían con ventaja si recurrieran a la experiencia de su ex compañero. Que no quede margen para el equívoco: no es optativo profundizar en las decisiones por las que se abandona un cargo público si el pueblo o los medios así lo exigen; es una obligación para todo Gobierno que crea en la democracia, inconcebible sin transparencia. Por otra parte no es de extrañar esta actitud procediendo de un partido que ha hecho pasar por enajenados mentales a cuantos se han atrevido a denunciar los cortes de agua. Otra hipótesis más, ni lo duden.

Dejando aparte todo lo anterior no puedo evitar alegrarme por la dimisión del ex Vicepresidente de la Ciudad por varias razones. Entre ellas su profundo y excesivo derechismo, tres o cuatro escalones por encima de la derecha que necesita nuestro mundo para un equilibrio razonable entre fuerzas políticas. Asimismo ha sido el responsable de toda la opacidad ofrecida por el Gobierno en sendas legislatura, obstruyendo una comunicación sana entre los titulares del poder, la oposición, los medios y el pueblo. Ha sido el hombre que ha engañado a la población operando detrás de la figura gloriosa de Vivas el magno –a cuya altura ni siquiera Alejandro III de Macedonia podría igualarse– valiéndose de ella como reclamo social y poniendo en práctica, bajo la protección que consagra el respaldo del pueblo y traicionando su confianza, una política intransigente opuesta a la que debería aspirar un aparato democrático del siglo XXI.

La consumación de este abandono obliga al Presidente de la Ciudad y del Partido Popular a lidiar en solitario con la polémica dejada por su ex vicepresidente, con las filtraciones –reales o ficticias– que proceden a toda explosión mediática y con la reorganización de su partido, su equipo y, sobre todo, de su proyecto político. Una labor quizá desproporcionada para quien –dicen– no tiene ni la personalidad necesaria, ni la más remota idea sobre política. En su mano tiene la oportunidad de demostrar que la mayoría se equivocaba y que, pese a lo que cabía pensar, sí es un político independiente con un liderazgo sólido y un conjunto asentado de ideas diáfanas, apóstol de la transparencia, hijo de la vocación e irremediable presa de la perdición.

Art. 178; p. e. E. F. C.

El espectáculo político de la ciudad.


Hugo de Lara López

En cada ocasión que me acerco, desde la distancia, al circo político de la ciudad e intento informarme sobre sus aconteceres, aparece ante mí una cantidad ingente de inoperancia, desidia y mediocridad que me aviene a pensar brevemente en Manuel Godoy, el desastroso ministro de Carlos IV; sólo que este, ante la necedad que impera, aprovecha mis difusos pensamientos para erguirse con brío como si del todopoderoso dictador Napoleón Bonaparte se tratara.

No lo tomen como una comparación irónica o sarcástica, es lo que me inspira el sinsentido que se desarrolla a nivel regional. No acepto la treta de que se me remita a ver el contexto político nacional y mundial, pues no comparto que la inercia de la mayoría tenga que arrastrar a ninguna minoría, ni acepto que se evada el enfrentamiento de los defectos propios arguyendo que son comunes. Si la política actual es lamentable en todos los niveles, la de esta ciudad no tiene por qué secundar ese camino y convertirse en una sombra espantosa más, sin forma ni timón, desterrada a un recóndito y defenestrado rincón en el olvido. Sin embargo, estas palabras conforman un planteamiento que la ambición de quienes ponen en práctica este ejercicio lo hace inalcanzable; porque una vez ceñido el poder a la cabeza, cual corona, enloquece de avidez a quien lo porta. Entiéndase todo lo escrito hasta este momento fuera de cualquier de focalización ideológica; este pensamiento abarca al movimiento político por completo, anárquicos –si es que aún persisten quienes abracen esa pueril idea– incluidos.

La cuestión pormenorizada de esta ciudad, ante la manifiesta ausencia de cambios significativos, se puede analizar con facilidad. La oposición –inclúyanse aquí a todos los partidos que no pertenecen al gobierno sin excepción– solo muestra señales de vida eviscerando a los populares a través de sus errores y aciertos. Ora magnificados, ora compartidos en secreto por interesar a quienes lo velan, los errores no se tratan con el íntegro rigor que merecen; cuando es el turno de los aciertos se cierne ante ellos una lluvia de ataques desesperados para evitar que les aventajen en algunos puntos más. Quede claro: es la oposición quien ha cedido el cetro a los actuales titulares con su incompetencia, y los responsables de la solidez de estos al no saber conformarse como una opción firme.

En su peculiar caso, los que dicen ser socialistas han perdido el poco socialismo que les quedaba; sus últimos –y desafortunados– movimientos les han convertido en la representación viva de la mentecatez. Es incomprensible e intolerable que un partido de izquierda que reclama cientos de liberalidades tienda a traicionar alevosamente sus principios. ¿Desde cuándo el socialismo dicta que es lícito purgar a otros compañeros, o camaradas como diría Lenin, en base a requisitos anti-izquierdistas? Lo calificaría como vergonzoso, pero este no es más que un débil adjetivo, injusto para definir una situación que, cuando menos, es indecente y cuando más, repugnante, digna de una deformación política semejante.

De la coalición no tendría que decir demasiado. Quien la lidera sabe de primera mano que no obtendrá más votos que de aquellos que comparten su religión. Un resultado que no solo es fruto de la sección que ha experimentado la población por parte de los populares para asegurar su victoria en los comicios sino que, al mismo tiempo, es una de las consecuencias directas del roce en la convivencia diaria, del que se evita hacer mención cuando es debido escabulléndose bajo el subterfugio de la cordialidad. Cobardía en todo caso.

El PSPC está en un rincón asistiendo al espectáculo, sin más. En su haber cuenta con la experiencia del mejor político en activo de nuestra ciudad pero, por contra, el equipo lo completan personajes dispares; a mis ojos, marionetas de otra obra. En otro orden no sé de qué manera asimilar su acercamiento a la juventud, si como simple bellaquería enfocada en ganar el voto potencial de los jóvenes o como un acto de confianza hacia quienes, suponen ellos, son el futuro. Lo más probable es que ambas hipótesis se conjuguen, pese a que tenga que hacer un gran esfuerzo para anular mi suspicacia.

Vistos resumidamente los principales vértices de la política regional no me puede extrañar que el actual gobierno esté al mando de esta ciudad. A pesar de sus artimañas, de su empuje propagandístico demagogo, del aprovechamiento desmesurado de su posición preponderante, del refuerzo de la opinión pública a través de numerosas construcciones meramente decorativas y de excesivo costo, de las dudosas obras que levantan una y otra vez las mismas calles sin fin aparente, de sus devaneos con la falsa perfección… está decenas de pasos por delante de su competencia más directa.

Esta situación no es mérito del populismo de los populares sino demérito de quienes se oponen a ellos sin propósitos diáfanos, ni siquiera con la motivación necesaria. La oposición política –que bien pudiera llamarse rentista– de esta ciudad ha reconstruido sus cimentos en la improvisación constante con tal irracionalidad que ha perdido el rumbo. Se encuentra vapuleada, asfixiada, marchita y rendida vergonzosamente ante la superioridad evidente de su enemigo, que sin ser ni hormiga les parece un fiero titán.

La urgencia demanda el retorno de la actitud y la perseverancia que las derrotas devastan en las personalidades más débiles; en otras palabras, la política de la ciudad necesita líderes fuertes. Hombres y mujeres de plena convicción, rebosantes de fuerza, con una conciencia delatora y lo más relevante: poseedores de la capacidad de reconocer su imperfección no avergonzándose, asimismo, de ella. Quienes piensen que estas personas no se hallan en nuestro mundo tal vez deberían replantear su visita a algún espejo cercano y preguntarse, ante él, si aquello que ven reflejado no es acaso lo que necesita la sociedad. ¿Lo han hecho alguna vez?

Lenin ante la insurrección; carta al Comité Central Bolchevique

Lenin ante la insurrección; carta al Comité Central Bolchevique.

   “Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte.
   Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.
   La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc.
   ¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!
   ¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al Congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha arrojado de su puesto a Verjovski ya ha urdido una segunda conspiración kornilovista.
   ¿Quién ha de hacerse cargo del Poder?
   Esto, ahora, no tiene importancia: que se haga cargo el Comité Militar Revolucionario “u otra institución” que declare que sólo entregará el Poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos.
   Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos, todas las fuerzas sean inmediatamente movilizadas y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo insistentemente: no dejar en modo alguno el Poder en manos de Kerenski y Cía. Hasta el 25; en modo alguno. Es menester que la cosa se decida a todo trance esta tarde o esta noche.
   La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo.
   Si hoy nos adueñamos del Poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.
   La toma del Poder debe ser obra de la insurrección; su meta política se verá después de que hayamos tomado el Poder.
   Aguardar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder, sería un puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de decidir estas cuestiones no mediante votación, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de enseñar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos.
   Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes, si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Petrogrado, la salida del hambre, la entrega de la tierra a los campesinos.
   El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!
   Demorar la acción equivaldría a la muerte.”

Escrito el 24 de octubre (6 de noviembre) de 1917.
Publicado por primera vez en 1924.

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Publicado en  on Octubre 15, 2009 at 6:48 pm Dejar un comentario
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Evocando a la autocrítica

Art. 170; p. e. E. F. C.

Evocando a la autocrítica.


Hugo de Lara López

Autocrítica; esa es la palabra clave que necesita poner en práctica más a menudo la política internacional si quiere resultar más fructuosa de lo que es hoy. Y esa autocrítica ha de comenzar por los militantes o meros simpatizantes de las distintas doctrinas políticas que se extienden en un abanico de tendencias confusas. No se les puede exigir a los peces más grandes de los partidos destacados que se postren ante la dictadura de la lógica y atiendan a la autocrítica como acento de esencial importancia en cualquier punto de inflexión si, los que le apoyan desde abajo, ni siquiera saben qué significa. Cansa en demasía ver a los lenguaraces –por no decir fanáticos impertérritos trajeados– defender a través de sus típicos y tópicos recursos las acciones de los partidos con los que comparten ideología –o economía– sin intentar alcanzar un mínimo de objetividad que permita un trato ecuánime.

¿De qué sirve plantear debates si conociendo de antemano la afiliación física o sentimental de los departidores se adivinan los argumentos que van a esgrimir y sus respectivos contraataques? ¿Acaso este teatro de execrable meditación y posterior ejecución se puede considerar más que un contraproducente ejercicio de ineptitud e irresponsabilidad? No, pese a que se intente justificar con exposiciones demagógicas y tentativas populistas, pues su objetivo, si bien disfrazado de preocupación, se limita a la búsqueda del bienestar de unos cuantos y no de todos como se presupone. Ni la izquierda aturdida, ni la derecha fútil, ni el desorientado centro –extensión más moderada de la derecha– son capaces de superar el litigio moral de sensatez, compromiso e igualdad que debiera acompañar lealmente al ímpetu del gobernante y de toda su oposición. Porque son ambos, y no solo uno de ellos, quienes lideran y son responsables de los triunfos y fracasos que brotan a largo de cada una de las legislaturas.

La izquierda es la que menos excusas tiene en este sentido o la que menos, en teoría, debería tener; lejos quedan los años de verdadera reivindicación, aunque fuera torpe, cimentada en principios de apoyo y solemnidad para/con los más pequeños. El fracaso en la actualidad de la izquierda en todo del planeta, y en especial en Europa, es manifiesto por más evasivas que medien; el pensamiento izquierdista se diluye a medida que los tiempos avanzan abrasando toda concepción utópica o pseudo-utópica. El pueblo no se adapta al metrónomo ralentizado de los liberales y estos, más preocupados en ordenar sus ideas, no se decantan por adecuarlo. No están hilando un trabajo original, recurren demasiado a medidas impropias de su legado y eso, para un planteamiento como el de la izquierda, es imperdonable. Han de retomar con prontitud las raíces que hicieron de la débil fuerza del proletariado un movimiento unido y arraigarlas a la realidad social actual con el fin de revitalizar los derechos y las libertades sin olvidar el desarrollo de la independencia económica de las clases menos favorecidas. La mentalidad liberal debe pisar con tiento el terreno que tiene por delante si no quiere acabar desvirtuando, como le está ocurriendo en estos momentos, el camino que recorre.

Es simple autocrítica lo que necesita la política. Unos y otros deben ceder y acatar sus errores con las consiguientes rectificaciones; mientras no lo hagan y se piensen con la verdad absoluta e infalible el conjunto perderá estabilidad gradualmente rebozándose en situaciones ignominiosas. Primero todas las tendencias políticas deberían evaluar la situación del mundo y, tras hacerlo, reflexionar acerca del resquebrajamiento de su estructura; ¿cómo es posible que ocurra esto si sus medidas son, como ellos mismos presumen, tan efectivas, acertadas y reveladoras? Sobran los egos que trabajan hasta el hartazgo para sí mismos, y faltan profesionales –a secas– que se afanen en lograr las mejores condiciones posibles por y para el pueblo. Haríamos mal en olvidar que es el ser humano el responsable de su propia situación en el planeta. Ténganlo en cuenta.

Publicado en  on Septiembre 10, 2009 at 8:00 am Comentarios (12)

166, 167 y 168

Art. 168; p. e. E. F. C.

Gibraltar.

Hugo de Lara López

Me gustaría saber con exactitud hasta qué punto España está abarcando equivocadamente el controvertido dilema de Gibraltar. No me cabe en la cabeza –y no es de pequeña talla– que todavía una gran parte de los españoles, y en especial los conservadores, piensen que el Peñón y lo que le rodea pertenece exclusivamente a España por el mero hecho de encontrarse dentro del área peninsular. Más aún cuando Gibraltar ha sido dominada más años por los británicos que por los españoles y, al mismo tiempo, la población del lugar siente un irremediable odio hacia los españoles por el desprecio constante que estos han impuesto ante cualquier relación con los gibraltareños.

Todo este rechazo y el deseo de imposición y sometimiento sobre un pueblo que no quiere ser español y que de hecho no pertenece a su control desde hace más de trescientos años, me huele, ligeramente, al fascismo en su esencia más pura. Lo irónico es que cuando nos toca a nosotros sufrir estas veleidades somos los primeros que reprobamos a diferentes pueblos que se remonten cientos de años atrás para hacer valer sus derechos legítimos sobre tierras que pertenecieron a sus antepasados. ¿Qué hace si no España con el tema de Gibraltar? Es lo mismo, aunque con sus obvias diferencias contextuales.

 En la práctica no tiene ni pies ni cabeza que España siga reclamando su derecho sobre la ciudad; Inglaterra demostró estar por encima del poderío español –y luego hispano-francés– y supo controlar y defender una de las columnas de Hércules. No hay más. El resto es divagación y reclamaciones tardías fuera de lugar. Gibraltar se ha ganado el derecho de ser Gibraltar porque durante trescientos años han mantenido su autonomía respecto a España, aferrándose políticamente a Inglaterra. Como ciudad ha conseguido alcanzar solidez notable y convertirse en uno de los territorios con mayor calidad de vida y seguridad, tal como reveló el estudio de Jane’s Information Group publicado el 4 de enero de 2008.

Los españoles no gozamos de ningún derecho ni de licencia moral alguna que nos permita denigrar a Gibraltar y sus ciudadanos rechazando su nacionalidad e intentando someterles continuamente. Esto, al fin y al cabo, se traduce en una demostración ostensible de nuestra intolerancia en su estado más puro, que acaba por convertirse en una ofensa hacia un pueblo que no tiene la culpa del devenir de la historia y menos aún de pertenecer al mundo británico. Y mucho menos aún de sentirse orgullosos por ser primero gibraltareños y segundo británicos. España parece estar tan acostumbrada a los nacionalismos desquiciados de algunos sectores catalanes y vascos que le resta importancia descabelladamente al sentimiento de las personas y obvia, cuando le da la gana, la realidad; si así no fuera acabaría por acatar la situación verdadera, los últimos trescientos años de la historia de Gibraltar y el deseo incorruptible de los gibraltareños de no caer en las garras de España. ¿Qué han hecho los españoles por ellos? Nada bueno, desde luego; sin embargo en el otro lado de la balanza pesan varios desplantes, obstrucciones y ataques velados contra la integridad de Gibraltar, todo para tender un velo e intentar eludir que Gibraltar en la actualidad pertenece a los dominios españoles tanto como nuestra vecina Portugal, ya se pueden imaginar cuánto. En la actualidad, el único parecido territorial entre España, Portugal y Gibraltar es su encuadre peninsular, lo demás, por terco que nos pongamos, sobra.

 

Art. 167; p. e. E. F. C.

Los extraterrestres sí existen.

 Hugo de Lara López

16 de agosto, 2009, Berlín. Fecha y localización en las que se confirmó la existencia extraterrestre. Un jamaicano apellidado Bolt que en Pekín ya había asombrado al mundo entero con sus 9,69 segundos en los 100 metros se preparaba para superar su inalcanzable gesta. Las condiciones eran idóneas, no había traba que impidiera machacar su anterior récord. Toda la historia de los 100 metros confluía en el estadio berlinés lista para ser pulverizada de nuevo. Usain Bolt calienta la carrera con su atrevido y típico preámbulo: haciendo aspavientos por aquí y por allá intentando conectar con el público congregado en el lugar. Nadie parecía estar tan confiado en sus posibilidades como él, ni siquiera el estadounidense Tyson Gay, llamado a ser su mayor estorbo. Bolt no es humano, no es de nuestro mundo, es un completo extraterrestre. Por eso, mientras unos se preocupan en concentrarse él no tiene reparos en animar la fiesta cuyo éxtasis arrancó con su salida y culminó con su paso por meta.

Una vez que el extraterrestre negro comienza a correr no hay nadie que le pueda hacer sombra; Tyson Gay, que completó una carrera brillante rebajando el récord de Estados Unidos a 9,71 segundos, se hizo con la medalla de plata pero, por la evidente distancia, parecía estar a un mundo de Bolt en la llegada a la meta. Asafa Powell, jamaicano como Bolt, se agarró con fuerza a la tercera plaza y consiguió hacerse con ella; sin embargo tardó 9,84 segundos, demasiado para alcanzar a Gay, imposible para rozar a Usain Bolt. La única prueba para demostrar que Bolt no es humano tiene tres dígitos, los mismos que tienen sus rivales más importantes, pero la diferencia es abismal, pues ha rebajado sus tres números como nunca había hecho un ser humano en la historia del atletismo. Muy por debajo de lo esperado o incluso soñado.

La marca de 9,69 segundos que obtuvo en Pekín fue considerada en su momento como una hazaña más milagrosa que real; el propio Bolt podía haberla mejorado si no hubiera aminorado en el último tramo para celebrar su triunfo. Pero a él le daba igual conseguir uno u otro récord. Sabía que había logrado ganar la carrera y eso le valió aquel entonces. No obstante desde el principio ha tenido claro que ahora no se iba a contentar solamente con la victoria, ha querido revelarse como lo que es, un extraterrestre, y así lo certificó ante todo el planeta en 9,58 segundos batiendo todo pronóstico conocido en los prolegómenos del Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín.

Sus pocos detractores utilizan múltiples argumentos para desvalorizar su epopeya; su físico o su altura están siempre dentro del debate. Lo cierto e innegable es que existen velocistas con más y menos físico que Usain Bolt, más y menos altos, y ninguno de ellos ha conseguido aguantar el ritmo del jamaicano. Solo Tyson Gay aunque de lejos, muy lejos, demasiado. No hay excusa ni explicación para su desmesurado potencial, inusitado entre los humanos; sencillamente está por encima del resto, por encima de la evolución humana hasta el momento pese a quien pese.

No creo que seamos conscientes de la suerte que tenemos de que Usain Bolt y Michael Phelps sean coetáneos nuestros y podamos deleitarnos viéndoles durante buena parte de nuestras vidas en todo su esplendor. El mejor velocista y el mejor nadador de la historia juntos en la misma época imperando en sus respectivas superficies; demoledor el jamaicano en las pistas y el yanqui en las piscinas. Imbatibles ante cualquier rival que respete la equidad de las condiciones y no la profane con un sospechoso exceso de nueva tecnología como está ocurriendo desafortunadamente en la natación. Pese a todo son deportistas tan especiales que, incluso contra la adversidad, son capaces de marcar las diferencias. No importa dónde, cuándo o cómo pues su talento es mágico, irrepetible e inalcanzable en nuestros tiempos. No les corresponde vivir en la actualidad sino en un futuro más lejano de lo que pensamos, pero el destino nos ha dejado ver lo que la evolución puede hacer con el ser humano. Y los descendientes de las actuales generaciones lo verán si la ambición del hombre no consume antes el mundo.

Desde luego a nosotros no nos podrán arrebatar la imagen de Bolt batiendo su antiguo récord para imponer su singular dictadura en los 100 metros, los 19,30 segundos que le bastaron, en los 200 metros, para superar la carrera espectacular del mítico Johnson en Atalanta o los 14,35 segundos con los que concluyó los 150 metros en Manchester. Estamos de enhorabuena, ya podemos decir que hemos visto a los hombres del futuro o, de no ser así, a los primeros extraterrestres de la historia.

 

Art. 166; p. e. E. F. C.

La síntesis de las disciplinas.

 Hugo de Lara López

Alcanzar el grado de “obra maestra” es el magno objetivo de toda creación que se precie como proyecto ambicioso o que, al menos, finja serlo. Pero el camino para lograr tal mención no está ni predeterminado ni erguido en la bandeja del conocimiento universal; si unas veces la humildad lo consigue, otras tantas es el turno de la soberbia. Nadie conoce con exactitud qué busca el ser humano y cuándo pasa a ser considerada como sublime una obra expuesta a una exorbitante cantidad de público. Se dice que la referencia la tienen los críticos, pero la mayoría de de las veces los especializados difieren de la opinión social en su intento por recrear la tan ansiada objetividad y el deseo constante de escudriñar cada una de las dimensiones de la obra a tratar. Sin embargo ellos también fallan; prueba de ello lo representa, por ejemplo, el devaluado trato con el que se recibió la presentación del fauvismo, meras “fauves” para su primer crítico.

La literatura, el arte, la música y el cine juegan en campos diferentes pero con una interrelación que les hace influenciarse recíprocamente, donde ahondan en la diversidad y peculiaridad del ser humano siempre enmarcado en un contexto que por muy real que parezca es ficticio. Por diferente que sean cada uno de ellos buscan, por encima del entretenimiento, transmitir un mensaje con la profundidad suficiente para acariciar la psique. La literatura hace de la palabra su principal recurso; la pintura recurre a sus tintas; y la música a sus melodías y letras poéticas. El cine precisa de la escena y la interpretación; la escultura –cada vez menos– y la arquitectura se encomiendan a la imaginación y la versatilidad de su labrador. Sus parámetros son inequívocos; el creador conoce a la perfección sus puntos bajos y altos y los explota como mejor sabe para obtener el mayor rendimiento posible.

Nunca se empieza de cero en nuestro mundo pues cuando la piedra no es la pieza clave, lo es el papel, el lienzo o los escenarios de cualquier ciudad, todos ya existentes, que esperan a ser iluminados por los destellos de cualquier avezado autor. Pero, ¿qué ocurre cuando no existe nada y ha de comenzarse desde cero? Cuando son necesarios más de dos trazos para crear una montaña, y más de cinco párrafos para describir la cabellera de un personaje. Este es el principal escollo de toda creación digital.

Las obras digitales más ambiciosas necesitan numerosos grupos de trabajo dedicados cada uno de ellos a una actividad específica que van a crear, partiendo de la nada, contextos asombrosos. El conjunto sonoro, el entramado gráfico, los editores de la historia, los guionistas, los encargados de las capturas de movimientos, los dobladores, los eternos programadores… Un equipo vagamente similar al necesario para una elaboración cinematográfica pero más numeroso y profundo. El cine recurre a actores y actrices para grabar, tras mil intentos, una película cuya duración circunda las dos horas; el ocio digital crea a sus protagonistas desde cero, en algunas ocasiones influenciados por determinados personajes, pero sin mayor ayuda o recurso en su tramo determinante que la programación directa; comúnmente aspirando a una longevidad ocho veces superior a la de una película convencional. A esto se unen los problemas evidentes que supone el trabajo en grupos multitudinarios ya que para culminar en una obra maestra, además de poseer una organización fuera de duda, hay que reclutar a los mejores en cada campo. Búsqueda delicada que no sólo se resuelve con grandes incentivos.

No se olvidan las creaciones digitales lanzar un par de guantes a la literatura y la pintura; los diseños gráficos se convierten en verdaderas obras de arte de mano de grafistas excepcionales. Las arquitecturas imposibles recreadas ficticiamente rematan los conceptos imposibles de Giorgio de Chirico en pintura y como es previsible eclipsan a las reales. Por otra parte, la manera de narrar los acontecimientos y los puntos de vistas que influyen en ellos comienzan a consumir rápidamente los recursos literarios. Las formas de expresión de la literatura, a pesar de insuflar oxígeno en el horizonte argumental del mundo digital, están mostrando, gradualmente, su insuficiencia.

Aunque pese a los más puristas, estamos ante las elaboraciones más completas de toda la historia de la humanidad hasta este momento. Las obras digitales recogen en su seno cada una de las disciplinas más importantes que se han desarrollado durante siglos en nuestro mundo; una obra maestra en este ámbito supone la excepcionalidad en sus dimensiones literaria, artística, musical y cinematográfica, sin olvidar las que se adhieren por su propia naturaleza: la interacción fundamentalmente. Se trata de la vía de expresión del siglo XXI, si bien su nacimiento se produjo a finales del siglo XX; tristemente lejos de gozar de un apoyo mayoritario está gravemente perjudicada en la actualidad por el elevadísimo número de prejuiciosos detractores que por suerte con el tiempo se verán arrastrados por el salto generacional. Con los años nos daremos cuenta de que hemos sido excesivamente injustos con la expresión cultural más compleja jamás surgida. Hasta entonces, como es frecuente, tendremos que continuar viviendo en la ignorancia de la pedantería ancestral, aquella que identifica todo lo novedoso con la destrucción de lo antiguo cuando, en realidad, no es más que su evolución. Inevitable evolución sin la cual nada de lo que vemos existiría en nuestro planeta.

Cuernos, protestas y dinero

Art. 156; p. e. E. F. C.

Cuernos, protestas y dinero.


Hugo de Lara López

Hace unos días encontré de refilón el famoso caso de la plaza de toros portátil que el Partido Popular de nuestra ciudad tanteó como una de las opciones a tener en cuenta para celebrar el venidero Día de Ceuta. Realmente no creo que fuera un “tanteo” ni una “opción”, sino la principal idea que habría visto la luz de no ser por las exigencias económicas que, de haberse acatado, contrastarían vergonzosamente con el plan de austeridad planteado por el gobierno de la ciudad con motivo de la crisis internacional.

Sinceramente, pese a que ocurrió hace un par de meses, me acabo de enterar en estos últimos días, como de todo -o casi todo- lo que ocurre en esta ciudad. No puedo salir de mi asombro por más que lo intento tras haber observado lo torpe y poco madurado que ha sido el planteamiento de la resistencia de turno en contra de las aspiraciones del gobierno local. Como siempre, las cosas las han querido resolver recogiendo firmitas, un mecanismo de presión peligrosamente asentado en un desequilibrio cuantitativo severo. No sé si la gente que se decanta por este tipo de medidas reaccionarias piensa que recogiendo dos mil o tres mil firmas en una población de unos ochenta mil habitantes van a lograr representar el parecer de la mayoría de la ciudad, porque si de verdad lo creen están rotundamente equivocados.

Antes de continuar quiero hacer un pequeño inciso para evitar la postrera recepción de réplicas que intenten tergiversar lo que escribo para provecho propio. En primer lugar, estoy en contra de dicho proyecto, aunque en este momento ya esté criando malvas. En segundo lugar, no comparto ni respeto la violación del derecho esencial a la vida ya se cierna sobre un perro, un toro o una persona. En tercer lugar, comparto plenamente la presión al poder y a sus controvertidas decisiones porque es el principal motor de la democracia, precisamente una democracia que tiene que ser alimentada y dirigida por todos, y no por unos cuantos. Y dicho esto, me permito retomar el tema.

Personalmente me gustaría que se disipara ese afán por querer arreglar todo a base de recogidas de firmas, que siempre representan a una minoría, porque resulta vergonzoso que a estas alturas se crea que los problemas de esta vida en la que nos ha incrustado el destino se resuelven mediante un movimiento tan simple y escueto. Cuando existen férreos deseos de frenar cualquiera de las apetencias del poder hay que actuar con suma seriedad a la hora de elegir los mecanismos de presión porque, casi siempre, el temor llega al poder cuando su fama decae por una de sus decisiones, y desafortunadamente la voluntad de firma no llega todos, mientras que las manifestaciones rígidas unidas a comunicados unitarios -y no tan disgregados- repartidos por los distintos medios sí que logra alcanzar un espectro bastante superior. Es ahí donde la democracia debe incidir con su capacidad contestataria, ya que la única manera de obtener una reacción por parte del poder es hacer peligrar su privilegiada situación, reconduciéndolo hacia un estado de mayor debilidad que desemboque en una previsible y momentánea concentración que permita acatar la reacción del pueblo con mayor atención. En una democracia no se pueden poner las cosas tan fáciles a las decisiones de los gobernadores. Tampoco se puede caer en la funesta consideración de que es “enemiga” aquella parte del pueblo que no opina como el grupo protestante porque al fin y al cabo la búsqueda verdadera debe ser el bien común del pueblo, y el bien común es un compendio de la diversidad de opinión, no de la imposición de una de ellas. Es incongruente que una o varias plataformas que piden respeto hacia los animales no prediquen con el ejemplo y olviden ondear la bandera del respeto cuando tratan con personas cuya opinión es divergente.

Por esto reconozco que el Partido Popular, en especial Juan Vivas, acertó al señalar lo injusto que es en la práctica la contemplación de sólo una corriente en contra de un proyecto, dando la espalda a aquellos que, por costumbre, tradición o gusto, sí lo aceptan. Sería pecar de vanidad el petulante hecho de salir a la calle creyendo poseer la verdad absoluta, buscando resolver los dilemas que no nos gustan blandiendo sólo nuestro pensamiento, para nosotros el más justo de todos. Existen más personas, personas cuyas distintas experiencias a lo largo de la vida han forjado sus respectivas personalidades y han terminado conformando sus propias elecciones, las cuales han de ser respetadas, valoradas y tenidas en cuenta tanto como las del resto.

De cualquier manera, el espectáculo de las firmas y toda la previsible dinámica que ha seguido a la resistencia anti-taurina ha valido de poco. Los partidos políticos se opusieron a la idea de los populares por las exigencias económicas, y porque les interesaba utilizarlo como una ominosa arma para hacerles el máximo daño posible, no porque les pareciera una mala cavilación. Y al final, como era previsible, la clausura oficial de la meditada celebración taurina vino provocada por desajustes económicos, no por la presión externa. Política… lo mismo de siempre, ¿de qué nos vamos a extrañar?

Más “socialismo”

Art. 155; p. e. E. F. C.

Más “socialismo”.


Hugo de Lara López

En estos últimos días ha ido surgiendo una serie de temas cuyos comentarios me parecen tan interesantes que he tenido mis dudas a la hora de abarcar uno de ellos. Por un lado la demagogia del PSOE local, por otro los supuestos devaneos económicos del CJCE, y tirando más a lo internacional la decepción que está suponiendo el búlgaro Dimitar Berbatov con lo mucho que celebré su fichaje, incluso con un artículo en este medio si no recuerdo mal.

No suelo ser oportunista en esto de criticar, sobre todo cuando lo voy a hacer con vehemencia, por lo que el tema del CJCE lo voy a dejar de lado y quizá ni lo llegue a comentar en profundidad nunca, si bien es cierto que iba a hablar de su equipo coordinador hace un par de semanas centrando la atención, fundamentalmente, en su inutilidad práctica. Desgraciadamente para el organismo estos se han jactado inteligiblemente de plantear proyectos, a mi parecer, insípidos y soñolientos hasta alcanzar unos niveles de dejadez absoluta, que parecían estar ideados simplemente para callar ciertas bocas y dar una transparencia extrañamente opaca a sus verdaderos fines.

Pero de lo que sí voy a hablar -y sin pelos en la lengua- es de la elección de Izaskun Bernal Cerdeira y del horrendo camino que está marcando el PSOE de Ceuta así como del declive de la izquierda, cuya caída le está transformando en una terrible, absurda y horrenda abominación. La señorita Bernal -que se olvide que la vaya a mentar por su segundo apellido hasta que no se lo gane mediante sus propias acciones- se ha convertido en la esperanza ceutí de los socialistas para hacerse con alguno de los tronos del Parlamento Europeo y así dar riendas sueltas a una serie de proposiciones utópicas, imposibles o, si lo prefieren, estúpidas. Y digo estúpidas no porque no las comparta o me parezcan tonterías, sino porque su inviabilidad las conduce a un bucle sin salida, más propio del país fantástico de Alicia que de nuestro mundo, el que dicen que es real.

Uno de los objetivos de la señorita Bernal es, increíblemente, la destrucción del despido libre. Ahí es nada. Eso sí, como hacen los demagogos mediocres se ha expuesto el objetivo pero no se explica cómo se va a lograr su consecución; al mismo tiempo se clama el “no a la jubilación a los 70 años” y se introduce de soslayo que “el PP pertenece a la derecha que alejó a España de Europa”. ¿Qué pinta en todo esto el Partido Popular?, ¿qué tiene que ver el plan de una candidata de izquierdas a uno de los sillones del Parlamento Europeo con la tendencia política opuesta? Esto parece tener una lectura sencilla: no existen planteamientos interesantes y esta señorita, conducida por un partido que pasa por horas bajísimas, acata todo lo que mandan desde arriba. Y si toca tirar piedras sobre el techo del PP para resarcirse, pues lo hacen, y de buen gusto, porque, además, esto unido a las otras propuestas absurdas como sí solas animan el fervor de los socialistas que van a acudir a las urnas y les hacen soñar con un mundo de magia e ilusiones, donde los sueños se hacen realidad y todas esas ficciones en las que quieren hacernos creer estos personajes.

Otra de las perlas que ha lanzado esta señorita se centra en el duelo que enfrentará a PSOE y UPyD en busca del máximo apoyo posible de los votantes de izquierda de cara a las elecciones europeas, lo cual crearía una división de votos considerable dada la creciente potencia que está teniendo el partido de Rosa Díez. Pero no, los socialistas de hoy ven las cosas de otra manera y esta señorita arguyó que eso era poco menos que una tontería dado que el UPyD se inclina más hacia la derecha y, según ella, será una amenaza más feroz para los populares que para ellos mismos. De verdad les pido que me lo digan porque yo no me lo explico, ¿esta muchacha se cree lo que está diciendo? No es que Rosa Díez me parezca una excelente líder, de hecho me parece más ególatra que política cuando un líder ha de equilibrar ambas cosas para triunfar en este mundo, pero decir que su pensamiento es de derechas es un insulto enorme para los seguidores del partido progresista. Esencialmente porque el PSOE que tanto proclama su izquierda y toda esa parafernalia que suena tan idílica es el número uno en contradecirla a las primeras de cambio. Resulta inexplicable pero últimamente los socialistas sólo han aprendido a hacer dos cosas: a negar la realidad y a acusar de fascista y anti-izquierda a todo aquel que le niega la razón, coartando en buena medida libertades que ellos dicen salvaguardar de manera tan nefasta.

Todo este panorama sumergido en un permanente travestismo político que mantiene en vilo al PSOE en Ceuta y en general en España, me hace replantear la búsqueda de otro tipo de salidas, más auténticamente de izquierdas -o como poco de centro- que otorguen cierta coherencia a los proyectos y a los futuros hechos, ya que para malgastar mi voto ya están aquellos que ejercen su derecho fuertemente inducidos por la publicidad y el espectáculo mediático. Y desde luego yo no me imagino votando a esta señorita, a la que no veo cumpliendo ni tan siquiera uno de sus objetivos, no por dudar de su capacidad sino porque son prácticamente imposibles de cumplir. De sobras sabemos que en el mundo real no sólo basta con hablar, puesto que a largo plazo queda desmontado todo si no alcanzas lo que has clamado con anterioridad; en nuestro mundo, afortunadamente, sólo valen los hechos. Y de “dicho” a “hecho” va un enorme trecho que no será cruzado por la señorita Bernal si continúa empecinada con este deshonroso planteamiento.

Publicado en  on Abril 23, 2009 at 10:16 pm Dejar un comentario
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Afortunada medida

Art. 152; p. e. E. F. C.

Afortunada medida.

Hugo de Lara López

En el mundo de la opinión a menudo brotan algunos temas banales, otros tantos interesantes, controvertidos e incluso, a menudo, soporíferos entre una variedad vastísima de adjetivos; pero por encima de todos ellos imperan aquellos temas que lejos de suponer un buen motivo de debate entre copa y copa tendrían que ser abarcados de manera totalmente respetuosa y con un rigor solemne. Una de las últimas guerras mediáticas de las corrientes ideológicas opuestas más potentes del país se ha centrado en la veda abierta por el gobierno en relación a las medidas tomadas respecto al aborto. La iglesia, por supuesto, se ha entrometido intentando mezclar política y religión osadamente en su búsqueda de la eterna condena a las proposiciones liberales, para “variar” un poco con su carcomido y añejo pensamiento.

Hablemos claro: me gustaría que alguien me explicara qué mal hace a la sociedad que se regule un servicio que hasta ahora se había llevado a cabo de forma ilegal y con un riesgo considerable. Lejos de las imposiciones morales -dudosas en la actualidad- y las normas religiosas -peligrosas en su mayoría- habría que entender que estas nuevas medidas no obligan a abortar a aquellas jóvenes que se queden embarazadas sino que supone un reconocimiento de sus derechos para facilitar un servicio que igualmente llevaría a cabo por otra vía. Una vía mucho más peliaguda sin respaldo de la legalidad que ha puesto tantas veces en riesgo la vida de las mujeres y que ha dado y sigue dando lugar a una serie de mecanismos brutales.

La iglesia y la derecha -o debería decir únicamente la derecha- siguen en su mundo de fantasías en el que los preservativos no previenen el SIDA y en el lo que no es legal no existe; esta es la única explicación mediante la que se puede entender que se critique la mejora del servicio que ha propuesto y va a llevar a cabo -esperemos- el gobierno español. Sin embargo no parece suficiente para estos individuos atacar airadamente esta decisión, pues la frivolidad de los eclesiásticos llega a tal punto que se permiten incluso hacer campaña con métodos propagandísticos estúpidos e insensibles que no ahondan en la medida tomada sino en el problema en sí: el aborto. Al parecer lo que no acaba de entenderse es que el dilema no reside en que se den facilidades para abortar sino en que las propias mujeres decidan abortar. Ahí no juega ni el gobierno español ni el estadounidense, se trata de una decisión personal, la mayoría de las veces relacionada directamente con la capacidad económica y el consiguiente bienestar que se pueda ofrecer a la criatura. ¿Que pueden darlos en adopción? Sí, pueden, pero la medida, vuelvo a repetir, no radica en el hecho del aborto sino en la ampliación del servicio para hacerlo, es decir, quienes quieran hacerlo lo harán y quienes no, no. A esto sumamos los riesgos que corren las jóvenes embarazadas -dependiendo de sus características físicas-, que pueden encontrarse con un parto difícil que desemboque en un final indeseado.

¿Quiere decir esto que estoy a favor del aborto? Nada que ver. Pero sí estoy a favor de que la edad para abortar legalmente se amplíe, ya que si se va a llevar a cabo es preferible que estas chicas acudan a lugares capacitados técnicamente y profesionalmente dejando de lado la agresividad inusitada de determinadas técnicas. Si ya existe y se práctica no podemos mirar para otro lado, porque ese mundo de imaginaria perfección no cabe en el sentido común; se ha de asegurar las condiciones más idóneas posibles que defiendan, principalmente, la integridad de la persona ante todo. Luego, si quieren, pueden entrar en juicios de valores y toda esa parafernalia que en estos momentos, desafortunadamente, queda muy lejos del verdadero tema y que se confunde y entremezcla para dar riendas sueltas a unas iras que no se dirigen contra una medida sino contra las libertades de los individuos. Pero qué le vamos a hacer, ellos son así.

Los “bolonios” del Bolonia

Art. 146; publicado en E. F. C.

Los “bolonios” del Bolonia.


Hugo de Lara López

¿Qué es la educación?, ¿qué pretende?, ¿a quiénes se debe? Son las preguntas que se debería plantear antes de llevar a cabo cualquier tipo de modificación en la aplicación de la misma al nivel que sea. El proceso de Bolonia, sin embargo, se ha olvidado o ha obviado el deber de reflexionar sobre todo esto y, eludiendo los principios de la educación, se ha propuesto privatizar la institución universitaria con una crudeza asombrosa. En lugar de evolucionar hacia arriba la educación universitaria va a descender cinco o diez peldaños gracias a su principal cometido que, lejos de mejorar la enseñanza universitaria, se centra en la creación de una élite artificial basada en su capacidad económica y no en sus aptitudes y esfuerzo. ¡Vaya aberración! Precisamente en un punto de la historia en el que la educación tendría que abrir sus puertas a todos por igual dependiendo la mayor o menor aspiración universitaria al trabajo del estudiante, nos encontramos con el proceso educativo más absurdo de los últimos dos millones de años.

Es evidente, como comentó semanas atrás José María Asencio Mellado en el Diario Información de Alicante, la necesidad de reformar la Universidad, pero con mesura y habiendo fijado fines posibles, lejos de los propósitos absurdos y los proyectos impracticables. ¿De qué sirve llevar a cabo cualquier reforma sin tener en cuenta a los que afectará? Y no, no estoy hablando de aquellos cuya persona representa a una institución determinada, hablo de aquellos que REALMENTE están en el candelero. Pues bien, les diré para qué sirve, sirve para lo que siempre ha servido: para crear sistemas perecederos a corto plazo que apenas superan las primeras épocas teniendo que ser reformado hasta la saciedad. La Universidad no necesita, de ninguna de las maneras, asimilar otros sistemas educativos, y menos aún universitarios, lo que necesita es que se planteen mejoras acorde a lo existente y no a lo que existirá o dejará de existir. Dejemos atrás los cuentos de hadas y los podrían ser y dediquémonos a hallar la máxima perfección posible del sistema actual y no a instaurar otro, sin pedir opinión a los futuros afectados, que arrastra más problemas aún. ¿Con qué objetivo? A primera, a segunda y a tercera vista el principal fin es el de sacar el máximo provecho posible absorbiendo el poder económico de cada estudiante que, la mayor parte de las veces, es establecido y sustentado por sus padres. En otras palabras, se está atacando a la integridad económica de las familias, la principal unidad de la sociedad, y la que tiene que paliar con los abusos económicos que entre pitos y flautas acaban por mermar su calidad de vida y en muchas ocasiones haciendo peligrar su estabilidad.

¿En qué siglo estamos para que las instituciones universitarias se dediquen a crear clases sociales en las que clasificar a los que son aptos para optar a los estudios que desee y los que no lo son basándose en sus respectivas capacidades económicas? ¿En qué cabeza cabe que en un país donde la igualdad de las personas se bate como principal símbolo se llegue a destrozar las ambiciones universitarias de los estudiantes únicamente para recaudar más dinero? ¿Realmente alguien cree que es necesario privatizar la Universidad? O mejor dicho: ¿se creen que somos idiotas? Mientras respondemos todas estas preguntas el proceso de Bolonia continuará adelante con paso firme e inicuo devastando el suelo que pisa y despreciando a los que más debería defender. Todo ello se lo deberíamos agradecer a la incompetencia de la política, cada vez más absurda, ambiciosa, deleznable y, simplemente, lega. Los políticos y el dinero, ¡vaya par de enloquecidos amantes!

Llega Obama; nacen las debilidades

Art. 139; pub. en E. F. C.

Llega Obama; nacen las debilidades.


Hugo de Lara López

Aún desconozco si los votantes que han aupado al poder a Obama han sido los propios yanquis o, si por el contrario, hemos sido los europeos. Las elecciones americanas se convirtieron, en sus inicios, en un tema mundial de debate y discusión cuya repercusión ha ido creciendo gradualmente en nuestro continente, y en especial en nuestro país, llegando a cotas tan desmesuradas que más que americanas, las votaciones han terminado pareciendo españolas o, como mínimo, europeas.

Al margen de esta expectación fuera de lugar, podemos estar de enhorabuena. Estados Unidos ha elegido a un líder carismático que ha sabido sacarle partido al color de su piel para reflejar en él un gran cambio no solo a nivel nacional sino, también, internacional. Sin embargo y sin preferir al candidato republicano, si fuera estadounidense me preocuparía que el presidente de mi país, el supuestamente más potente del mundo, fuera un señor sin ambición exterior ninguna. No me refiero, con esto, a ansias bélicas ni conflictivas sino a una firme y sólida imponencia exterior totalmente necesaria para evitar que los países pequeños de turno continúen coqueteando con armas que atenten contra la integridad mundial. Obama no parece un líder de amplias miras y aún menos un adalid que pueda coordinar a los países occidentales para hacer frente a la amenaza terrorista y nuclear que surja en adelante; si Bush pecó de autoritarismo, Obama tiene un riesgo altísimo de pecar por excesiva debilidad. Si esto ocurriera y Europa mantuviera unas condiciones plenas para actuar en consecuencia, la accesibilidad al máximo poder mundial recaería sobre el antiguo continente; aunque resulta bastante obvio que el clan europeo no estará preparado para responsabilizarse de un timón tan determinante, quizá por cobardía o por imposibilidad, pero el hecho de que Europa se yerga como columna vertebral de la responsabilidad mundial no es más que un suspiro.

Estados Unidos, a pesar de contar con un presidente insuficiente, va a extender un tenue manto de dominio basado en la cordialidad y en la plena accesibilidad, el cual se va a resquebrajar debido al odio que ha sembrado el conglomerado de estados americanos durante el mandato más cercano del nefasto G. Bush, que difícilmente se va a evaporar aunque las acciones del nuevo presidente sean lo más sensatas y acertadas posibles. Por un lado, el terrorismo va a aprovechar cualquier indicio de flaqueza americana para sembrar la desgracia, por otro lado, la gigante Rusia va a poder operar como y cuanto desee ante la tibia pasividad de los americanos para evitar cualquier conflicto mayor; y por un tercer lado, Europa va a intentar llevar a cabo un proyecto para alentar un clima de especial respeto hacia su unidad y hacia su poder, que muy posiblemente acabe en rotundo fracaso. Exceptuando a Rusia, el resto, no va a experimentar ninguna maduración política de cara a la posible llegada a la cumbre del poder internacional y va a ceder el control a los Estados Unidos de Obama, cuya política mucho debe variar si quiere apoyar el orden o desorden mundial en su mano.

No cabe duda de que el cambio de gobierno en los Estados Unidos y sobre todo el giro en la mentalidad política que ha supuesto la elección del candidato demócrata ofrecen en bandeja de oro una oportunidad de platino para que otra potencia pueda dar un golpe de timón y pueda imponer su poder, con todos los beneficios y todas las responsabilidades que ello acarrea. No obstante, todo apunta a que Estados Unidos seguirá siendo la máxima potencia, pero no por las aptitudes de su líder, sino por la imposibilidad del resto de potencias del mundo de soportar tan enorme y profundo peso. Sólo falta plantear si será tan positivo para los estadounidenses cargar con el equilibrio mundial a cuestas con un presidente muy acertado para la política interior del país, pero totalmente desafinado para coordinar, dirigir y mantener cargas excesivas. Mientras tanto, Rusia continuará ojo avizor.

Barack Obama

ONLY YOU CAN DO IT… LUCK!

Publicado en  on Noviembre 2, 2008 at 1:37 am Dejar un comentario
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