El mejor de la historia

Robbie Williams es el mejor cantante pop de la historia según la MTV.

 rwreuters

(Imagen: Reuters)

MTV ha otorgado el premio a Robbie Williams como mejor cantante pop de todos los tiempos.

  • Le sitúan por encima de Michael Jackson o Beyoncé.
  • Está preparando su nuevo disco, ‘Reality Killed The Video Star’.
  • Entre los diez primeros se encuentran Take That, Red Hot Chili Peppers, las Pussycat Dolls y Oasis.

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20MINUTOS.ES / EUROPA PRESS. 28.08.2009 – 20.01 h

Robbie Williams, que no saca disco desde 2007, ha quedado en el primer puesto de la lista de candidatos a mejor estrella pop de todos los tiempos que realiza la MTV, quedando por encima de sus antiguos compañeros de grupo, Take That, y del Rey del Pop, Michael Jackson, que ha tenido que conformarse con el tercer puesto.

Otros nombres en la lista, que incluye a los diez mejores artistas pop de la historia, son The Killers (cuarto puesto), The Prodigy (en sexta posición), seguidos de Red Hot Chilli Peppers (en la séptima). También ha habido sitio para Beyoncé Knowles, los Pussycat Dolls y Oasis, en la décima plaza.

“Esto prueba que Robbie sigue siendo una súper estrella para muchísima gente”, ha dicho una fuente cercana al cantante, que seguramente estará pletórico tras haber destronado al mismísimo Rey del Pop, al cual ya anunció que homenajearía con una canción.

El cantante ha vuelto a la escena musical por la puerta grande. Además del título que le acaba de ser concedido por la MTV, Robbie se encuentra actualmente trabajando en su próximo disco Reality Killed The Video Star y varios artistas ya han declarado su firme intención de trabajar con él.

Fuente: 20minutos

http://www.20minutos.es/noticia/506006/0/robbie/mejor/mtv/

166, 167 y 168

Art. 168; p. e. E. F. C.

Gibraltar.

Hugo de Lara López

Me gustaría saber con exactitud hasta qué punto España está abarcando equivocadamente el controvertido dilema de Gibraltar. No me cabe en la cabeza –y no es de pequeña talla– que todavía una gran parte de los españoles, y en especial los conservadores, piensen que el Peñón y lo que le rodea pertenece exclusivamente a España por el mero hecho de encontrarse dentro del área peninsular. Más aún cuando Gibraltar ha sido dominada más años por los británicos que por los españoles y, al mismo tiempo, la población del lugar siente un irremediable odio hacia los españoles por el desprecio constante que estos han impuesto ante cualquier relación con los gibraltareños.

Todo este rechazo y el deseo de imposición y sometimiento sobre un pueblo que no quiere ser español y que de hecho no pertenece a su control desde hace más de trescientos años, me huele, ligeramente, al fascismo en su esencia más pura. Lo irónico es que cuando nos toca a nosotros sufrir estas veleidades somos los primeros que reprobamos a diferentes pueblos que se remonten cientos de años atrás para hacer valer sus derechos legítimos sobre tierras que pertenecieron a sus antepasados. ¿Qué hace si no España con el tema de Gibraltar? Es lo mismo, aunque con sus obvias diferencias contextuales.

 En la práctica no tiene ni pies ni cabeza que España siga reclamando su derecho sobre la ciudad; Inglaterra demostró estar por encima del poderío español –y luego hispano-francés– y supo controlar y defender una de las columnas de Hércules. No hay más. El resto es divagación y reclamaciones tardías fuera de lugar. Gibraltar se ha ganado el derecho de ser Gibraltar porque durante trescientos años han mantenido su autonomía respecto a España, aferrándose políticamente a Inglaterra. Como ciudad ha conseguido alcanzar solidez notable y convertirse en uno de los territorios con mayor calidad de vida y seguridad, tal como reveló el estudio de Jane’s Information Group publicado el 4 de enero de 2008.

Los españoles no gozamos de ningún derecho ni de licencia moral alguna que nos permita denigrar a Gibraltar y sus ciudadanos rechazando su nacionalidad e intentando someterles continuamente. Esto, al fin y al cabo, se traduce en una demostración ostensible de nuestra intolerancia en su estado más puro, que acaba por convertirse en una ofensa hacia un pueblo que no tiene la culpa del devenir de la historia y menos aún de pertenecer al mundo británico. Y mucho menos aún de sentirse orgullosos por ser primero gibraltareños y segundo británicos. España parece estar tan acostumbrada a los nacionalismos desquiciados de algunos sectores catalanes y vascos que le resta importancia descabelladamente al sentimiento de las personas y obvia, cuando le da la gana, la realidad; si así no fuera acabaría por acatar la situación verdadera, los últimos trescientos años de la historia de Gibraltar y el deseo incorruptible de los gibraltareños de no caer en las garras de España. ¿Qué han hecho los españoles por ellos? Nada bueno, desde luego; sin embargo en el otro lado de la balanza pesan varios desplantes, obstrucciones y ataques velados contra la integridad de Gibraltar, todo para tender un velo e intentar eludir que Gibraltar en la actualidad pertenece a los dominios españoles tanto como nuestra vecina Portugal, ya se pueden imaginar cuánto. En la actualidad, el único parecido territorial entre España, Portugal y Gibraltar es su encuadre peninsular, lo demás, por terco que nos pongamos, sobra.

 

Art. 167; p. e. E. F. C.

Los extraterrestres sí existen.

 Hugo de Lara López

16 de agosto, 2009, Berlín. Fecha y localización en las que se confirmó la existencia extraterrestre. Un jamaicano apellidado Bolt que en Pekín ya había asombrado al mundo entero con sus 9,69 segundos en los 100 metros se preparaba para superar su inalcanzable gesta. Las condiciones eran idóneas, no había traba que impidiera machacar su anterior récord. Toda la historia de los 100 metros confluía en el estadio berlinés lista para ser pulverizada de nuevo. Usain Bolt calienta la carrera con su atrevido y típico preámbulo: haciendo aspavientos por aquí y por allá intentando conectar con el público congregado en el lugar. Nadie parecía estar tan confiado en sus posibilidades como él, ni siquiera el estadounidense Tyson Gay, llamado a ser su mayor estorbo. Bolt no es humano, no es de nuestro mundo, es un completo extraterrestre. Por eso, mientras unos se preocupan en concentrarse él no tiene reparos en animar la fiesta cuyo éxtasis arrancó con su salida y culminó con su paso por meta.

Una vez que el extraterrestre negro comienza a correr no hay nadie que le pueda hacer sombra; Tyson Gay, que completó una carrera brillante rebajando el récord de Estados Unidos a 9,71 segundos, se hizo con la medalla de plata pero, por la evidente distancia, parecía estar a un mundo de Bolt en la llegada a la meta. Asafa Powell, jamaicano como Bolt, se agarró con fuerza a la tercera plaza y consiguió hacerse con ella; sin embargo tardó 9,84 segundos, demasiado para alcanzar a Gay, imposible para rozar a Usain Bolt. La única prueba para demostrar que Bolt no es humano tiene tres dígitos, los mismos que tienen sus rivales más importantes, pero la diferencia es abismal, pues ha rebajado sus tres números como nunca había hecho un ser humano en la historia del atletismo. Muy por debajo de lo esperado o incluso soñado.

La marca de 9,69 segundos que obtuvo en Pekín fue considerada en su momento como una hazaña más milagrosa que real; el propio Bolt podía haberla mejorado si no hubiera aminorado en el último tramo para celebrar su triunfo. Pero a él le daba igual conseguir uno u otro récord. Sabía que había logrado ganar la carrera y eso le valió aquel entonces. No obstante desde el principio ha tenido claro que ahora no se iba a contentar solamente con la victoria, ha querido revelarse como lo que es, un extraterrestre, y así lo certificó ante todo el planeta en 9,58 segundos batiendo todo pronóstico conocido en los prolegómenos del Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín.

Sus pocos detractores utilizan múltiples argumentos para desvalorizar su epopeya; su físico o su altura están siempre dentro del debate. Lo cierto e innegable es que existen velocistas con más y menos físico que Usain Bolt, más y menos altos, y ninguno de ellos ha conseguido aguantar el ritmo del jamaicano. Solo Tyson Gay aunque de lejos, muy lejos, demasiado. No hay excusa ni explicación para su desmesurado potencial, inusitado entre los humanos; sencillamente está por encima del resto, por encima de la evolución humana hasta el momento pese a quien pese.

No creo que seamos conscientes de la suerte que tenemos de que Usain Bolt y Michael Phelps sean coetáneos nuestros y podamos deleitarnos viéndoles durante buena parte de nuestras vidas en todo su esplendor. El mejor velocista y el mejor nadador de la historia juntos en la misma época imperando en sus respectivas superficies; demoledor el jamaicano en las pistas y el yanqui en las piscinas. Imbatibles ante cualquier rival que respete la equidad de las condiciones y no la profane con un sospechoso exceso de nueva tecnología como está ocurriendo desafortunadamente en la natación. Pese a todo son deportistas tan especiales que, incluso contra la adversidad, son capaces de marcar las diferencias. No importa dónde, cuándo o cómo pues su talento es mágico, irrepetible e inalcanzable en nuestros tiempos. No les corresponde vivir en la actualidad sino en un futuro más lejano de lo que pensamos, pero el destino nos ha dejado ver lo que la evolución puede hacer con el ser humano. Y los descendientes de las actuales generaciones lo verán si la ambición del hombre no consume antes el mundo.

Desde luego a nosotros no nos podrán arrebatar la imagen de Bolt batiendo su antiguo récord para imponer su singular dictadura en los 100 metros, los 19,30 segundos que le bastaron, en los 200 metros, para superar la carrera espectacular del mítico Johnson en Atalanta o los 14,35 segundos con los que concluyó los 150 metros en Manchester. Estamos de enhorabuena, ya podemos decir que hemos visto a los hombres del futuro o, de no ser así, a los primeros extraterrestres de la historia.

 

Art. 166; p. e. E. F. C.

La síntesis de las disciplinas.

 Hugo de Lara López

Alcanzar el grado de “obra maestra” es el magno objetivo de toda creación que se precie como proyecto ambicioso o que, al menos, finja serlo. Pero el camino para lograr tal mención no está ni predeterminado ni erguido en la bandeja del conocimiento universal; si unas veces la humildad lo consigue, otras tantas es el turno de la soberbia. Nadie conoce con exactitud qué busca el ser humano y cuándo pasa a ser considerada como sublime una obra expuesta a una exorbitante cantidad de público. Se dice que la referencia la tienen los críticos, pero la mayoría de de las veces los especializados difieren de la opinión social en su intento por recrear la tan ansiada objetividad y el deseo constante de escudriñar cada una de las dimensiones de la obra a tratar. Sin embargo ellos también fallan; prueba de ello lo representa, por ejemplo, el devaluado trato con el que se recibió la presentación del fauvismo, meras “fauves” para su primer crítico.

La literatura, el arte, la música y el cine juegan en campos diferentes pero con una interrelación que les hace influenciarse recíprocamente, donde ahondan en la diversidad y peculiaridad del ser humano siempre enmarcado en un contexto que por muy real que parezca es ficticio. Por diferente que sean cada uno de ellos buscan, por encima del entretenimiento, transmitir un mensaje con la profundidad suficiente para acariciar la psique. La literatura hace de la palabra su principal recurso; la pintura recurre a sus tintas; y la música a sus melodías y letras poéticas. El cine precisa de la escena y la interpretación; la escultura –cada vez menos– y la arquitectura se encomiendan a la imaginación y la versatilidad de su labrador. Sus parámetros son inequívocos; el creador conoce a la perfección sus puntos bajos y altos y los explota como mejor sabe para obtener el mayor rendimiento posible.

Nunca se empieza de cero en nuestro mundo pues cuando la piedra no es la pieza clave, lo es el papel, el lienzo o los escenarios de cualquier ciudad, todos ya existentes, que esperan a ser iluminados por los destellos de cualquier avezado autor. Pero, ¿qué ocurre cuando no existe nada y ha de comenzarse desde cero? Cuando son necesarios más de dos trazos para crear una montaña, y más de cinco párrafos para describir la cabellera de un personaje. Este es el principal escollo de toda creación digital.

Las obras digitales más ambiciosas necesitan numerosos grupos de trabajo dedicados cada uno de ellos a una actividad específica que van a crear, partiendo de la nada, contextos asombrosos. El conjunto sonoro, el entramado gráfico, los editores de la historia, los guionistas, los encargados de las capturas de movimientos, los dobladores, los eternos programadores… Un equipo vagamente similar al necesario para una elaboración cinematográfica pero más numeroso y profundo. El cine recurre a actores y actrices para grabar, tras mil intentos, una película cuya duración circunda las dos horas; el ocio digital crea a sus protagonistas desde cero, en algunas ocasiones influenciados por determinados personajes, pero sin mayor ayuda o recurso en su tramo determinante que la programación directa; comúnmente aspirando a una longevidad ocho veces superior a la de una película convencional. A esto se unen los problemas evidentes que supone el trabajo en grupos multitudinarios ya que para culminar en una obra maestra, además de poseer una organización fuera de duda, hay que reclutar a los mejores en cada campo. Búsqueda delicada que no sólo se resuelve con grandes incentivos.

No se olvidan las creaciones digitales lanzar un par de guantes a la literatura y la pintura; los diseños gráficos se convierten en verdaderas obras de arte de mano de grafistas excepcionales. Las arquitecturas imposibles recreadas ficticiamente rematan los conceptos imposibles de Giorgio de Chirico en pintura y como es previsible eclipsan a las reales. Por otra parte, la manera de narrar los acontecimientos y los puntos de vistas que influyen en ellos comienzan a consumir rápidamente los recursos literarios. Las formas de expresión de la literatura, a pesar de insuflar oxígeno en el horizonte argumental del mundo digital, están mostrando, gradualmente, su insuficiencia.

Aunque pese a los más puristas, estamos ante las elaboraciones más completas de toda la historia de la humanidad hasta este momento. Las obras digitales recogen en su seno cada una de las disciplinas más importantes que se han desarrollado durante siglos en nuestro mundo; una obra maestra en este ámbito supone la excepcionalidad en sus dimensiones literaria, artística, musical y cinematográfica, sin olvidar las que se adhieren por su propia naturaleza: la interacción fundamentalmente. Se trata de la vía de expresión del siglo XXI, si bien su nacimiento se produjo a finales del siglo XX; tristemente lejos de gozar de un apoyo mayoritario está gravemente perjudicada en la actualidad por el elevadísimo número de prejuiciosos detractores que por suerte con el tiempo se verán arrastrados por el salto generacional. Con los años nos daremos cuenta de que hemos sido excesivamente injustos con la expresión cultural más compleja jamás surgida. Hasta entonces, como es frecuente, tendremos que continuar viviendo en la ignorancia de la pedantería ancestral, aquella que identifica todo lo novedoso con la destrucción de lo antiguo cuando, en realidad, no es más que su evolución. Inevitable evolución sin la cual nada de lo que vemos existiría en nuestro planeta.

Wordless

Lightning Bolt… again!!! Unbelievable!!!

Wordless…

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Publicado en  on Agosto 18, 2009 at 11:30 am Dejar un comentario

Strange Man

Why so serious?

Strange_Man

Why nobody wants to play with me?

Publicado en  on Agosto 14, 2009 at 3:54 am Comentarios (20)

Protegido: Entrevista por P.S.M.

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Publicado en  on Agosto 11, 2009 at 7:47 pm Escribe la contraseña para ver los comentarios.

Diario de un extraterrestre (IV)

Art. 165; p e. E. F. C.

Diario de un extraterrestre. (IV)


Hugo de Lara López

Día 199. Aún no he encontrado las zapatillas que me tomé prestadas de los cubos verdes donde los humanos echan bolsas de color (y olor) sospechoso.  Creo que tengo que replantearme esta manía de guardar todo lo que encuentro por los alrededores. No porque los humanos puedan sospechar que un alienígena que ha recorrido ciento cincuenta y cuatro mil millones de kilómetros está rapiñando sus antiguos enseres sino por mi propia salud. Huelen mal, tienen un color feo y no sirven para nada. Si no fuera porque es teóricamente imposible, empezaría a pensar que la costumbre humana de amasar con todo lo que te encuentres delante aunque no sepas para qué sirve me está empezando a afectar.

Tengo que confesar que he intentado colocármelo en todas las partes del cuerpo y aún no atino dónde pueden ir exactamente. Por su olor bien podría pensar que sirven para lo que los humanos llaman “defecar”, pero no sé más que su nombre “zapatillas”, y desconozco qué significa esa palabra con exactitud. Los diccionarios humanos no atinan lo suficiente; siempre que recurro a ellos salgo con más dudas de las que tenía pendiente cuando entré.

En estos últimos días he profundizado un poco más en uno de los puntos que me encomendó el Gran Consejo de mi mundo: la vida espiritual. Soy afortunado porque creo que nada más empezar ya he encontrado la primera “secta humana”, y la más importante al parecer, porque es una de las mayoritarias. Los edificios que la acogen son conocidos como templos o iglesias, algo rudos en el exterior e inesperadamente poco acogedores en el interior. Son tan enormes que ni siquiera diez humanos subidos uno encima del otro podrían alcanzar la cúpula. ¿Es necesario hacerlos tan grandes cuando su objetivo es el del temple y la oración? La primera vez que entré en uno de ellos me dio la impresión contraria a lo que supuestamente han de representar estos monumentos humanos.

No es menos que una grandiosidad dedicada a un ser excelso (parecido al que nosotros le confesamos nuestra fe) que, si existiera, primero por cordialidad y segundo por razonamiento no desearía explotar al ser humano de esta manera tratándose de un ser todopoderoso. Al margen de estas consideraciones, si cualquier “arquitecto” de mi planeta lo analizara objetivamente, no tengo duda de que hablaría de esta tipología como una de las más bonitas que ha podido ver en este mundo a pesar de su rudeza. Y creedme si os digo que ha sido difícil alcanzar un hallazgo parecido, pues no son muchas las rosas que florecen en las ciénagas más oscuras.

En sus interiores el ambiente es extraño, no me dio la seguridad que debiera un centro de culto. Concentrados y casi poseídos por entes externas, los feligreses, según ordenaba el oficiante de la misa vestido de blanco, se levantaban, hablaban y se arrodillaban al mismo tiempo. Las paráfrasis que el sacerdote (así es como llaman aquí al conductor de la misa) vertía sobre sus fieles, con más de mil significados, abatían sus corazones como si se tratara de la rima menos sutil o la verdad más reveladora. La decoración sobria (no siempre) con cruces, vírgenes, ángeles y personajes sagrados en general acompañaban con solemnidad a la celebración en su plenitud. No puedo extenderme y detallar en estos pequeños apuntes qué son las vírgenes, los ángeles o los personajes sagrados, sin embargo es cuasi obligatorio mentar a la cruz como el símbolo esencial de este culto. Allá donde estos seguidores espirituales acuden para conmemorar o rendir tributo a su guía religioso deben portar al menos una cruz con ellos. ¿Por qué? Aún no lo sé, existen demasiadas generaciones entre la lógica humana y la mía propia; intentar averiguarlo a través de mis procedimientos lógicos sería una locura de millones de años. Tiempo del que no dispongo a pesar de la longevidad de los míos.

No obstante de poco sirven estos conmovedores momentos espirituales para los humanos, pues si dentro de estos templos se comportan como verdaderos seres empáticos, cuando salen de ellos mutan en antipáticos y, peor aún, apáticos. Rápidamente olvidan, en cuanto tocan la calle y dejan atrás la iglesia, todo las palabras que han secundado con gestos complacidos dentro de ella. Donde se dijo fraternidad universal, triunfa el prejuicio interracial; quienes se postraron ante la humildad ahora rinden pleitesía a la opulencia; donde permanecía la sobriedad reinará, poco después, el caos consentido. ¡Triste fingimiento el que los humanos, conscientemente, llevan a cabo por la salvación eterna! El único regalo que anhelan egoístamente para continuar existiendo. Estas actitudes caprichosas me hacen replantearme qué ocurriría si los humanos no creyeran de la existencia de un poder tan excelso que incluso pudiera darle la inmortalidad etérea detrás de toda la parafernalia espiritual; ¿seguirían asintiendo en el templo u obrarían como hacen cotidianamente abandonando a sus predicadores?

Es un grave problema humano, y uno de sus grandes retrasos, pensar que en un edificio o en cualquier único elemento se puede alcanzar la salvación; su condición de seres inteligentes les debería conceder un pensamiento unos escalones más arriba que les hiciera saber que el verdadero sentimiento, espiritual o no, se halla en sus corazones. Jamás ninguna construcción, por magnífica que sea, podrá igualarles; la pasión que está ahí albergada y los sentimientos que juguetean con los deseos, los extremos y los sueños humanos son propiedad exclusiva de ellos. Pese a ello, no creo que los humanos estén dispuestos a reflexionar sobre sí mismos, son demasiado obstinados; increíblemente tercos. Mi civilización, afortunadamente, puede estar tranquila; estos hombrecillos nunca podrán suponer una amenaza dado el fuerte bloqueo al que someten con tozudez a sus mentes, impidiendo que sus errores se puedan llegar a corregir. Definitivamente odian equivocarse y aún más rectificar; prefieren saberse perfectos o cercanos a este concepto delirante y pasar por alto el resto. Pobre de ellos que olvidan con excesiva premura qué significa vivir…

El tour de los egos

Art. 164; p. e. E. F. C.

El tour de los egos.


Hugo de Lara López

Desde sus inicios le he tenido una gran estima a Alberto Contador; el de Pinto siempre me ha parecido un ciclista fantástico por la resistencia que albergaban sus piernas y la potencia que imprimían en cada ataque para desmembrar al resto de competidores en la pista. Afortunadamente el español no ha sido un corredor conformista y ha desarrollado sus cualidades hasta llegar a un punto óptimo que en comparación con los ciclistas restantes parece inalcanzable sea cual sea la competición en la que ruede el bicampeón del Tour de Francia. Sin embargo, por fuerte que parezca Alberto Contador, el ciclismo puede dar la sorpresa y sacar del anonimato a cualquier muchacho que deje en evidencia a los más experimentados o, por qué no, a los más exitosos. Por tal no se deberían lanzar al vuelo las campanas que anuncian el nacimiento de una “era” al nivel de las de de Induráin o Lance Armstrong; al menos no por el momento. Será el tiempo quien las determine una vez Contador haya dejado atrás sus años de máxima plenitud y apogeo. Yo confío en que Alberto pueda llegar a hacer historia pero hemos de darle tranquilidad, tiempo y confianza, pese a que puedan surgir tiempos menos afables.

No obstante me han decepcionado sus declaraciones tras ganar el Tour, en especial que no haya agradecido a su equipo el trabajo que en menor o mayor medida le ha servido para ganar. Ya lo comentó recientemente el hijo de Merckx, un ciclista puede vencer en una etapa por sí mismo, pero es imposible que solo, sin ninguna ayuda ni guía, pueda coronarse como campeón de una carrera tan exigente como el Tour de Francia. Evidentemente el equipo Astana se ha volcado más en ayudar a Lance Armstrong que en hacer lo propio con Alberto Contador, pero eso no quiere decir que le hayan dado la espalda absolutamente. Me han faltado en sus palabras un agradecimiento, como mínimo, a su compañero de equipo Andreas Klöden que siempre ha tenido buenos gestos dentro de la pista tanto con él como con Armstrong. El equipo no ha estado con Contador al cien por cien como él hubiera querido pero haría mal en decir que no le ha apoyado en lo más mínimo, y menos todavía, como ha dicho su madre, que ha ganado sin equipo. Son afirmaciones inadmisibles en alguien de su talla y aún más conociendo las bases y el funcionamiento del ciclismo.

Era plenamente previsible que la relación entre Contador y Armstrong terminara siendo tensa tarde o temprano. De hecho hubiera sido raro (y casi increíble) que no hubieran tenido ni el más pequeño de los problemas. Ambos son hombres con egos muy fuertes, alimentados, quizá en excesos, por sus triunfos y su ambición. Ya lo ha dicho el ciclista español, los días eran más duros en el hotel que en la pista, y dentro del hotel el problema lo tenía con Lance Armstrong no con el equipo Astana. Si este duelo de egos ha excedido los límites que debieran y se han extendido a todo el equipo es responsabilidad exclusiva del español y del americano, no se pueden echar balones fueras porque, aunque lo parezcamos, no somos tontos.

Aún más me ha decepcionado la dudosa actuación de Lance Armstrong; el tejano ha dejado bien claro que se comporta como un caballero siempre y cuando no le derroten. Se ha tomado la licencia de ejercer de aleccionador moral utilizando frases irónicas dirigidas a Alberto Contador cuando por su posición en la historia del ciclismo debería dar ejemplo y no caer continuamente en la tentación de mostrarse como maestro de quien no le ha pedido ni siquiera tutoría. A Lance le queda mucho por aprender, tal y como él dijo en marzo sobre Contador y ha vuelto a repetir recientemente, no sobre el ciclismo, donde es una auténtica leyenda, sino acerca de la laureada humildad del campeón. Debe encajar de una vez que existen mejores corredores que él en la actualidad, que su eterno rival Ullrich hace años que no participa en una competición y, urgentemente, ha de asimilar que su tiempo ha pasado y que está en el ciclismo para disfrutar del deporte pero en ningún caso para volver a brillar extraordinariamente como en sus tiempos más prósperos. Lance, la fiesta se ha acabado.

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Publicado en  on at 10:34 pm Dejar un comentario