Art. 146; p. e. E. F. C.
Diario de un extraterrestre. (II)
Hugo de Lara López
Día 25: Espero que estos papeluchos me sirvan; veamos la textura, probando, probando, probando, probando, ¿probando? Vale, no está mal, no es mi diario pero igualmente puede servirme.
Soy consciente de que hace muchos días terrestres que no dejo constancia de la inspección que estoy llevando a cabo en este planeta pero es que, desgraciadamente, he perdido mi pequeño diario. Por fortuna los de nuestro mundo somos capaces de recordar con una fidelidad extrema lo que hemos vivido en un lapso de seis meses humanos, pero bueno, ¿a qué viene esto? Me centro.
En estos días he tenido dificultades serias para moverme entre estos seres sin que se percataran de mi presencia, sólo un niño pequeño, de unos trece años terrestres, me vio escondiéndome en una de las esquinas de estos angulosos caminos; he de reconocer que he tenido suerte pues en este planeta los humanos más experimentados tapian sus oídos ante las palabras de los más jóvenes. Sorprendentemente ha habido más gente por las calles de lo normal, o al menos con respecto al día en que llegué; tampoco vi en mi primer día las luces que en esta última semana han invadido el techo de las calles. En estas fechas, como si una fuerza oculta les impulsara a salir fuera de sus casas, grandes masas de las gentes de este planeta entran en un comercio y, tardando unas veces más y otras menos, salen a buscar el siguiente ávidos de encontrar “algo” (desconozco el qué), que posteriormente sacan en bolsas de tamaños considerables. El gentío ha ahogado el silencio de días atrás y la abundante presencia humana ha arrebatado la sobriedad de la ciudad.
Esta época debe ser importante para ellos, no me cabe la menor duda, ni siquiera los de mi planeta pueden rehuir a determinadas tradiciones o costumbres, y los humanos, mucho menos desarrollados, no podían ser menos. Sin embargo estos seres son peculiares, para ellos las lucecillas que campean por sus angostas vías simbolizan la vivacidad, aquello que portan en sus bolsas parece conformar sus ilusiones y la inexpresividad de sus perlas multicolores torna en esperanza en estos tiempos. Qué raros son estos enclenques e ineptos humanos, su grado de modulación a partir de un fogonazo de emoción es altísimo, ¿podría ser la motivación el principal motor de esta civilización? Unos seres que en tan poco tiempo pasan de estar escalando árboles a erguir amasijos enormes de hierro necesitan una profunda sugestión, y no existe otra manera de crear un efecto parecido sin recurrir a la motivación. He de reconocer que a duras penas puedo recordar del todo lo que significaba la motivación, en mi mundo los conceptos de otras civilizaciones inferiores en lo referente a lo tecnológico, cultural y social se pierden a pasos agigantados. Esta es una de las razones principales por la que nuestros equipos se desplazan a distintos puntos del universo para actualizar la documentación sobre el resto de civilizaciones, intentamos que no terminen por desaparecer todas las piezas que conforman el inmenso puzle del universo.
¡Casi se me olvida! ¡Vaya despiste! Esto es digno de ser apuntado, puede ser de utilidad dentro de un tiempo: no hace muchas horas terrestres, cuando esta parte del planeta permanecía en penumbra y las lucecillas de los humanos brillaban con esplendor desfilaron unos carros anchos, o algo parecido, un poco más altos que los que suelen utilizar los humanos cotidianamente. En ellos, otros humanos hacían partícipe al resto, que se agolpaba en las calles, con sonidos estridentes y lanzando largas y finas tiras de colores y pequeños envoltorios cuyo interior desconozco. Un acto tan banal, tan absurdo, tan insignificante que, inesperadamente, llenaba de vida las perlillas de los pequeños humanos que permanecían junto a sus padres embargados por la emoción. ¿De qué están hechos estos seres? Tengo que averiguarlo.
Que grandes estos relatos. Espero con ansia el tercero.
Aupa!
si no vemos un relato historico en el plazo de 15 dias su blog sera invadido asi que ya sabe… jajajajaja
porfixxx!
Juraría que escribí un comentario… bueno da igual, ¡relatos históricos! los queremos ya o invasión!
Y lo escribiste porque yo te leí.
Me gusta este destripe del ser humano, a ver cómo acaba, espero que no termine mostrando a los seres humanos como a personajes maravillosos de la galaxia porque NO lo somos, que no se trunque, que no se trunque……