Hasta el día que alguien se harte…

Art. 141; pub. en E. F. C.

Hasta el día que alguien se harte…


Hugo de Lara López

La opinión no es más que la subjetiva reflexión de cualquier persona y que, por lo tanto, ni es perfecta ni pretende serlo la mayoría de las veces. Cuando alguien opina sobre un tema o un dilema en especial no aspira a que todos sus espectadores caigan rendidos ante la certeza de sus argumentos sino a que estos sean escuchados y respetados tal y como anteriormente se ha tolerado la opinión ajena. Es lo lógico. El respeto hacia la opinión de cualquier persona, y aún más hacia la propia persona, no debería ser, ni siquiera, cuestionado. Sin embargo, en la práctica, esto no pasa por ser una mera comparsa más.

Sobre todo aquellos que hayan leído las versiones digitales de diferentes periódicos de este país y de otros, así como las ediciones regionales, sabrán que aun siendo opiniones radicalmente distintas las que se encuentran en ellos siempre hay algo que se repite: esporádicamente los articulistas de opinión reciben insultos que nada tienen que ver con el contenido de sus escritos. De hecho, ninguna persona que haya escrito artículos de opinión asiduamente en un medio público con más de cien lectores se habrá salvado de recibir las ofensas típicas y a veces un tanto absurdas que escupen ciertos personajes enmascarados en sus sempiternos pseudónimos. Este tipo de insultos es el que resulta más reprobable; mientras cualquier lector ofendido por un artículo de opinión lo puede denunciar con toda facilidad y apenas remordimiento, un articulista tiene más dificultades “morales” para hacer lo propio con un lector dado que debe respetar su libertad de expresión.

Particularmente me parecen las ofensas más burdas a las que puede hacer frente cualquier persona que expone su opinión a un público más o menos amplio, dependiendo del medio, porque generalmente estos ataques van dirigidos a la integridad personal del articulista y no a la temática que expone en su escrito. Esto provoca, irremediablemente, una devaluación de los fundamentos que se exponen no por ser más o menos acertados sino por estar escritos por una persona determinada. Así es como se desarrolla en gran parte el sector de la opinión mundial. Para este sector es importantísimo que los lectores actúen con sus críticas de manera constructiva, primero porque es la manera más eficaz de conocer la opinión de los ciudadanos acerca de temas variados y segundo para mantener en paz la identidad de una persona que es pública en sus reflexiones pero no en sus aspectos personales. Para mayor reproche, hay que tener en cuenta que por culpa de estos deflagradores se cierne sobre la mayoría de los lectores, que posteriormente opinan sobre determinados artículos de opinión, una fama injusta, puesto que los cuerdos y mesurados suelen ser los más y acaban siendo puestos en ridículo por los menos. Sin duda es un problema agudo provocado por la falta de educación inculcada cuya desaparición resultaría tan beneficiosa como imposible.

Una enorme parte de este problema se erradicaría si los articulistas tomaran consciencia de sus derechos y comenzaran a denunciar a diestro y siniestro, pero esto crearía unos precedentes que acabarían mutando, desgraciadamente, en quisquillosas denuncias repartidas entre aquellas personas que, lejos de agredir la integridad personal del autor, opinaran contradictoriamente a lo expuesto. Tampoco me parece justa esta posición, es más, sería incluso peor que el insulto ya que se estaría limitando la libertad de opinión y en este caso más vale un exceso que una carencia basada en el miedo de ser denunciado por dar una opinión respetuosa, al margen de la posterior resolución judicial. No se trata de limitar la opinión de los lectores sino de que la minoría que carga contra los autores se moderara a la hora de ofender y se encargara, si lo desea, del artículo.

Partiendo de cierta obviedad este artículo no va a cambiar nada respecto al asunto, pero de vez en cuando no está de más reflexionar sobre temas relacionados con el sector de la opinión, tan importante en un estado democrático, pero que es ofendido continuamente sin que surja una defensa complaciente. Me consta que en cualquier medio hay un esfuerzo considerable para dar diversidad y que los ciudadanos se vean identificados y respaldados por articulistas con determinadas ideas o en desacuerdo con otros planteamientos, siempre con el objetivo de que el pueblo pueda opinar, expresarse y hablar sobre los temas que diariamente se exponen, fácilmente debatibles desde las versiones digitales. Precisamente porque creo que es importante la opinión de los ciudadanos me molestan los aguafiestas que cada dos por tres se pasean y dejan su marca descortés en la versión digital de este y de tantos otros periódicos para ofender desconociendo rotundamente a los articulistas que rellenamos estas páginas como mejor sabemos y podemos. Si alguien no está lo suficientemente educado como para opinar sin ofender le aconsejo que no lo haga, porque hasta ahora los articulistas han tolerado continuas ofensas pero quién sabe cuándo uno de ellos explotará y comenzará a poner dichos ataques a merced de la justicia. Hasta entonces, parece que no se va a tomar en serio el respeto que se debe tener a un articulista de opinión como a otra persona cualquiera de este mundo, y tengan en cuenta que las faltas de respeto, tarde o temprano, se acaban pagando.

Precios, piratería y… sinvergüenzas

Art. 140; pub. en E. F. C.

Precios, piratería y… sinvergüenzas.


Hugo de Lara López

Corren tiempos prósperos para la piratería y esto significa, de manera totalmente directa, la ruina de parte de los sectores que hacen uso del formato físico para introducir sus contenidos, unas veces basados en fenómenos audiovisuales y otras veces en obras digitales que se enmarañan en un sinfín de combinaciones y creaciones de especial singularidad y de una decreciente calidad. Para la persona convencional la piratería es barata, cómoda y eficaz, y una vía para eludir los precios desorbitados de todas estas creaciones o almacenes digitales; tanto si compras una película como si es un sistema operativo, un pack de programas o un juego, no tienes asegurado un mínimo de calidad pero sí un precio muy alto, cuando esto debería ser rotundamente inverso.

La mayoría de las grandes empresas que han luchado únicamente para ganar dinero con armas tremendamente peligrosas han sido las que han provocado que, debido al bajo esfuerzo y peor calidad de su producto junto a un precio fuera de lugar, la piratería haya nacido, reproducido, extendido y en estos momentos se haga cada vez más fuertes. Unas ansias por abarrotar sus arcas que han hecho perder el rumbo a las grandes empresas del sector digital, principalmente, que han exprimido al usuario hasta la consumación trayendo consigo la irremediablemente búsqueda de una alternativa, en este caso la piratería. No se entendería la piratería si, al ir a la tienda a comprar cualquier contenido digital o audiovisual, los precios fueran asequible; por desgracia no lo son, y diría peor: ni son baratos, ni son normales, ni son caros, son extremadamente abusivos.

El sector del ocio digital es el que más sufre las consecuencias de los precios que consideran oportunos las grandes empresas del sector. Tanto es así que los estudios más humildes luchan por mantener la dignidad del sector con obras de gran calidad y acciones de menos valía como la decisión del estudio europeo RARE que, hace unos meses, acordó rebajar el precio de sus productos hasta un 35% del valor aceptado por el mercado internacional. Sin embargo, las empresas más poderosas no se pueden permitir perder ni un dólar e insisten en crear una enorme campaña de marketing mediante la cual encasquetar, porque no tiene otro nombre, productos de chiste a un precio de oro. Una política insultante y repugnante que, desafortunadamente, invade otros tantos sectores. Estas mismas empresas son las que, paradójicamente, ponen más trabas a sus compradores a la hora de utilizar sus productos en la fútil lucha contra la piratería: cuando no limitan la instalación (posteriormente renovables llamando a la dicha empresa), deciden que solo puede ejecutarse en un solo ordenador. Mientras tanto, la versión liberada del mismo producto circula por internet sin molestia ninguna a la hora de la instalación y, cuando se desee, reinstalación por cuantas veces se quiera hacer. Esto, lectores, es tener mucha cara dura. Estas mismas empresas son las que, además, se muestran airadas por la existencia del mercado de segunda mano, atacándolo visceralmente, intentando arrebatar cualquier derecho de venta del usuario con el producto que ha comprado íntegro en cualquier comercio. Precisamente una segunda venta cuyos beneficios, en el 80% de las ocasiones, va a parar a nuevas adquisiciones digitales y/o audiovisuales, con lo cual, el sector gana indirectamente; no obstante, esto no parece satisfacer a las empresas más punteras, quizá porque ni siquiera se hayan preocupado en planteárselo. El daño colateral de esta guerra de precios entre los grandes dominadores del sector y los compradores no son más que los estudios y las empresas pequeñas, cuyo sustento se ve arrebatado por el marketing de los más poderosos para solapar la baja calidad de sus productos y que, más tarde, son los primeros en reclamar la injusticia de algunas acciones de los compradores; citemos, por ejemplo, a Electronic Arts, empresa que en 2.007 logró ingresar 3.091 millones de dólares y que es una de las principales opositoras al mercado de segunda mano además de ser una de las principales impulsoras de las espectaculares campañas de publicidad siempre ligadas a productos de dudoso esfuerzo creativo.

En definitiva, la piratearía ha alcanzado estas cotas por el altísimo precio de mercado que tienen productos de fácil reproducción y utilización, teniendo en cuenta, a su vez, la amplia variedad que ofrece el ocio digital y audiovisual y lo insuficiente que resulta el monedero de la gran mayoría para poder adquirir lo que se desea en momentos puntuales. Contra la caminata hasta la tienda, la opción de que esté agotado y el gasto de cifras absurdas para productos de tal magnitud, nace la piratería común, a la que cualquier persona puede acceder a través de su propia casa sin gastarse ni un solo euro. Aun así, y habiendo asistido a la evolución de los sectores, es cierto que la piratearía radical no es común sino la mera apetencia de una minoría, siendo realistas, pequeña. La piratería actual mantiene una pugna entre aquellos que deciden poder capturar y probar aquello que no iban a comprar pero sí utilizar si este fuera gratis y aquellos que prefieren hacerse con un producto por no querer gastar (o no poder) tales cifras. Sin embargo, y a diferencia de los piratas radicales, estos sí que compran con cierta frecuencia películas, juegos o discos de música entre otros, puesto que si no fuera así todos estos sectores se hubieran hundido estrepitosamente. Esto es algo que la industria no puede negar, y si lo hace, está, simplemente, mintiendo como una bellaca.

Llega Obama; nacen las debilidades

Art. 139; pub. en E. F. C.

Llega Obama; nacen las debilidades.


Hugo de Lara López

Aún desconozco si los votantes que han aupado al poder a Obama han sido los propios yanquis o, si por el contrario, hemos sido los europeos. Las elecciones americanas se convirtieron, en sus inicios, en un tema mundial de debate y discusión cuya repercusión ha ido creciendo gradualmente en nuestro continente, y en especial en nuestro país, llegando a cotas tan desmesuradas que más que americanas, las votaciones han terminado pareciendo españolas o, como mínimo, europeas.

Al margen de esta expectación fuera de lugar, podemos estar de enhorabuena. Estados Unidos ha elegido a un líder carismático que ha sabido sacarle partido al color de su piel para reflejar en él un gran cambio no solo a nivel nacional sino, también, internacional. Sin embargo y sin preferir al candidato republicano, si fuera estadounidense me preocuparía que el presidente de mi país, el supuestamente más potente del mundo, fuera un señor sin ambición exterior ninguna. No me refiero, con esto, a ansias bélicas ni conflictivas sino a una firme y sólida imponencia exterior totalmente necesaria para evitar que los países pequeños de turno continúen coqueteando con armas que atenten contra la integridad mundial. Obama no parece un líder de amplias miras y aún menos un adalid que pueda coordinar a los países occidentales para hacer frente a la amenaza terrorista y nuclear que surja en adelante; si Bush pecó de autoritarismo, Obama tiene un riesgo altísimo de pecar por excesiva debilidad. Si esto ocurriera y Europa mantuviera unas condiciones plenas para actuar en consecuencia, la accesibilidad al máximo poder mundial recaería sobre el antiguo continente; aunque resulta bastante obvio que el clan europeo no estará preparado para responsabilizarse de un timón tan determinante, quizá por cobardía o por imposibilidad, pero el hecho de que Europa se yerga como columna vertebral de la responsabilidad mundial no es más que un suspiro.

Estados Unidos, a pesar de contar con un presidente insuficiente, va a extender un tenue manto de dominio basado en la cordialidad y en la plena accesibilidad, el cual se va a resquebrajar debido al odio que ha sembrado el conglomerado de estados americanos durante el mandato más cercano del nefasto G. Bush, que difícilmente se va a evaporar aunque las acciones del nuevo presidente sean lo más sensatas y acertadas posibles. Por un lado, el terrorismo va a aprovechar cualquier indicio de flaqueza americana para sembrar la desgracia, por otro lado, la gigante Rusia va a poder operar como y cuanto desee ante la tibia pasividad de los americanos para evitar cualquier conflicto mayor; y por un tercer lado, Europa va a intentar llevar a cabo un proyecto para alentar un clima de especial respeto hacia su unidad y hacia su poder, que muy posiblemente acabe en rotundo fracaso. Exceptuando a Rusia, el resto, no va a experimentar ninguna maduración política de cara a la posible llegada a la cumbre del poder internacional y va a ceder el control a los Estados Unidos de Obama, cuya política mucho debe variar si quiere apoyar el orden o desorden mundial en su mano.

No cabe duda de que el cambio de gobierno en los Estados Unidos y sobre todo el giro en la mentalidad política que ha supuesto la elección del candidato demócrata ofrecen en bandeja de oro una oportunidad de platino para que otra potencia pueda dar un golpe de timón y pueda imponer su poder, con todos los beneficios y todas las responsabilidades que ello acarrea. No obstante, todo apunta a que Estados Unidos seguirá siendo la máxima potencia, pero no por las aptitudes de su líder, sino por la imposibilidad del resto de potencias del mundo de soportar tan enorme y profundo peso. Sólo falta plantear si será tan positivo para los estadounidenses cargar con el equilibrio mundial a cuestas con un presidente muy acertado para la política interior del país, pero totalmente desafinado para coordinar, dirigir y mantener cargas excesivas. Mientras tanto, Rusia continuará ojo avizor.

¡Manos arriba! ¡Esto es una dictadura!

Art. 138; pub. en E. F. C.

¡Manos arriba! ¡Esto es una dictadura!


Hugo de Lara López

En este mundo lo que exigimos para nosotros parece no ser justo para el resto cuando nos es útil y gratificante, y lo que nos es fútil parece no ser tan justo para nosotros y plenamente comedido para los demás. Esto no es más que un breve resumen, apenas compendio, del egoísmo humano, y el reflejo de parte de su dictatorial mente que, a pesar de no ser común en la mayoría, descansa en todos hasta que un día decide despertar.

No me puedo creer que este país llamado España que clama su liberalidad y su modernidad, más discutible, a los ocho o treinta y ocho vientos, muestre su hipócrita y amarga cara al intentar censurar la opinión de una persona por el mero hecho de no compartir un mismo pensamiento. No sé si es la poca dignidad y coherencia que le queda a la sociedad o es que nuestra chabacana locura e intolerante actitud evitan que cualquier persona en nuestro país, ya no en el mundo, pueda dar su opinión mientras que no se realicen ofensas irrespetuosas. En este sentido, dudo que la Reina de España haya atacado a ningún colectivo, ni mucho menos despreciado a nadie por expresar su opinión como persona que es. Me resulta difícil digerir que un país tan supuestamente liberal, democrático y progresista se asuste por las declaraciones de la cónyuge del Jefe de Estado, como si se tratara de una esclava que, aparte de no tener ni voz ni voto, no pudiera ni siquiera expresar su opinión, siendo más grave aún pensar que se trata de obstruir una opinión que respeta al prójimo desde el principio hasta el final. Mientras que la Reina da una opinión sin contenido ofensivo, otros se recrean en sus centros de televisión, radio o periódico repartiendo demagogia, engañando, ofendiendo y perpetrando todo tipo de bestialidades que, sin embargo, no son reprendidas en su justa medida.

Contradictoriamente, los que ven a la Corona como una institución antigua, torpe e inexcusable acusan una obsesión incoherente por envejecerla y estancarla imponiendo su más deshonroso veto a su evolución hacia la liberalidad plena digna de la jefatura de estado de un país democrático. Se está abusando de una táctica pasada de años tanto en este país como en otros que aún sigue vigente gracias al soporte de muchos cobardes que pululan por este mundo: no se afronta el problema de cara, se es hipócrita y se ataca cuando la debilidad del objetivo, en este caso la Corona Real, se evidencia. Desconozco el mal que ha podido causar el actual Jefe de Estado y su familia a parte del pueblo español aunque, vista las sucesivas actuaciones de algunos ciudadanos, este mal parece ser uno de los peores y más letales de este mundo; por mi parte, aún continúo intentando entender el porqué de esta radicalidad y de este doble juego que algunas veces se acentúa desmedidamente y que nos desacredita como pueblo ante el conglomerado internacional. Carecemos de una personalidad florecida puesto que unas veces enturbiamos su crecimiento con nuestra hipocresía y, otras veces, se nos olvida regarla. Ni siquiera recordamos el significado de “convicción” cuando brota en nuestra cabecita el más mínimo indicio acerca de ella, y antes de consultar su significado ya hemos olvidado que nos proponíamos a ello.

Siendo realistas España necesita mucha más seriedad para fortalecer su personalidad social y obviar sus menores preocupaciones que algunas veces ni siquiera pueden ser tratadas como preocupación y sí como obsesión. Una desagradable obsesión que invita a redundar en los problemas pequeños y en los deseos innecesarios, siempre alejando los problemas que realmente importan como si dieran miedo o no existieran, como si formaran parte de los males del vecino y no quisiéramos que nos infectara cuando, verdaderamente, estamos mucho más que infectados: somos los prístinos portadores. El día en que la sociedad española asimile que la seriedad y el rigor no deben ir forzosamente acompañado por la sobriedad y la austeridad podrá deshacer sus planteamientos baladíes, apenas basados en lo polémico y expectativo. De momento, y como va para largo, continuaremos observando las delirantes acciones de algunos sectores de la sociedad que proseguirán en su intensa cruzada contra nadie y, a su vez, contra todos. Tendremos, pues, que mantenernos preparados para lo que pueda ocurrir. Qué miedo… ¡y qué vergüenza!

Barack Obama

ONLY YOU CAN DO IT… LUCK!

Publicado en  on Noviembre 2, 2008 at 1:37 am Dejar un comentario
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