El desgraciado machismo occidental

Art. 137; pub. en E. F. C.

El desgraciado machismo occidental.


Hugo de Lara López

Qué asco me da el machismo. Creo que nunca he sido tan explícito, pero me voy a permitir la licencia de serlo al menos hoy y quién sabe si mañana también, ya veremos.

Esta sociedad en la que vivimos, repleta de adalides de miles de diversas libertades e igualdades, ofrece tantas férreas caras como endebles espaldas que, comúnmente, esconden lo que la delantera rechaza. No sé cómo llamarlo, si imbecilidad o humanidad; imagino que las dos son igualmente válidas, aunque suenen diferente. Aburren sumamente las actitudes políticamente correctas que vienen acompañadas de acciones que las contradicen en las penumbras que genera la cobardía humana y en la cual se recrea con interrumpida parsimonia. El machismo no es más que uno de los grandes despropósitos que la humanidad no ha sabido reconducir ni solucionar por culpa esencialmente masculina. Se vive bien estando por encima de las mujeres, mandando y dirigiendo un planeta destinado a uno de los declives más penosos del Universo, utilizando la débil fuerza, pero superior a la de la mujer, innata que la naturaleza ha dado al hombre en un provecho propio asqueroso, indebido, en detrimento de la mujer, lo más cercano a la perfección que existe en el mundo. Profanando perfecciones; es lo único que le faltaba por hacer a un hombre que ha arrastrado consigo durante siglos muertes y penurias y que ha alzado un mundo lleno de mentiras y crueldades, mostrándolo luego como su más preciado tesoro: una tierra manchada de sangre y minada de desvergüenzas ocultas bajo el suelo.

Lo más triste de todo esto es observar como Occidente, que predica igualdad para todos, se mofa de sociedades con un desarrollo cultural más pobre o, en su defecto, con un retraso mental tan colosal que les hace concebir a las mujeres como meros objetos y no como lo que obviamente son: personas. Además de que la sucia moralidad occidental muestre su desdén con la situación de estas mujeres, coarta veladamente la igualdad que tendría que existir en el mundo femenino respecto al masculino. Cuando no se escandaliza por las subidas de tonos de una mujer, común en un hombre, lo hacen al ver a mujeres emprendedoras o extrovertidas que muestran una magnífica independencia respecto al hombre. Quizá lo más peligroso de este pensamiento absurdo sea lo muy arraigado que está en la mayor parte del mundo y lo difícil que es romper cadenas mentales tan sólidas y resistentes, las cuales no serían ni siquiera superadas en dureza y rudeza por las que agarraban al Can Cerbero.

Es el propio Occidente el que aparte de no ceder una igualdad plena a la mujer, hace uso de ella, en múltiples ocasiones, como si se tratara de un objeto, prácticamente dándole el mismo uso que las sociedades antes comentadas, sin embargo, las actuaciones occidentales son más deleznables y punibles por el hecho principal de que los occidentales nos erigimos como los más dignos protectores de todo lo correcto, justo y necesario; o de lo que nos da la gana, que no es similar ni de lejos. Un abusador uso que únicamente busca grandes beneficios a través de la imagen femenina al margen de lo injusto o indigno que pueda parecer. Se podrían citar varios ejemplos, uno reciente podría ser la utilización de Jade Raymond como “productora” de uno de los proyectos de la empresa francesa Ubisoft. La canadiense Jade, con un currículum poco destacable, a decir verdad con ninguna labor realmente reseñable, fue aupada a lo que se podría considerar “fama”, cuando Ubisoft la eligió como imagen principal de un proyecto que pretendió generar falsas expectativas, hecho que logró desaforadamente. ¿Qué pintaba la señorita Raymond en todo aquello? Verdaderamente no pintaba nada, pero era una chica atractiva que entraba de lleno, como nunca antes había hecho, en un mundo donde abundaban los hombres, como es el sector del ocio digital, y eso suponía que las revistas especializadas del mundo entero se hicieran eco de la noticia con la consecuente y previsible aceptación de los consumidores. Ubisoft acabó vendiendo a Jade Raymond al público en lugar de cumplir lo prometido en su proyecto, que acabó convirtiéndose en un éxito de ventas gracias al reclamo de la canadiense pero una profunda decepción en el sector del ocio digital más exigente. El producto final distó mucho de ser el que esta señorita promocionaba previamente aprendiéndose el discurso fantasioso que la empresa francesa le había preparado para convencer al sector. Lo lograron.

Este somero ejemplo en el que se impone de manera humillante a una mujer para que atraiga a un gran conjunto de personas no por su trabajo sino por su físico me parece, cuando menos, denigrante, tanto para la señorita que se ha dedicado a exhibirse como para aquellas otras destacadas profesionales que por no tener un físico resultón tienen que estar encerradas en oficinas (en las mejores de las veces) para hacer un valiosísimo trabajo que, más tarde, va a destrozar el sinvergüenza de turno. ¿Dónde tienes, Occidente, tus encantadores principios morales cuando éstos han de ponerse en marcha? ¿Dónde albergas, falso amigo, el pundonor al que clamaste para cada acción de los tuyos? ¿Hasta dónde, tibio juez, estás dispuesto a llegar con tal de cumplir tus objetivos y abandonar la igualdad por la que un día intentaste redimir todas tus atrocidades? Siento mucho opinar que no veo capaz de actuar con diligencia al “Imperio Occidental”, puesto que su cultura, tan alabada por todos, tan docta y compleja, se ha olvidado de lo que es más relevante en la persona y lo que configura cualquier indicio de humanidad no imbécil: el respeto a todos y todas.

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