Art. 134; pub. en El Faro de Ceuta.
El ministerio y ella.
Hugo de Lara López
Cuando el Gobierno de España anunció la creación del Ministerio de Igualdad, pocos meses atrás, dio un férreo paso hacia delante en el objetivo más ansiado de la sociedad española: proteger a las mujeres desguarnecidas que quedan a merced de los descorazonados energúmenos que amenazan la integridad de estas mujeres. La idea no podría ser más acertada, crear un ministerio que se ocupara íntegramente en disminuir e incluso llegar a erradicar totalmente la violencia machista, no obstante, la dirección de dicho ministerio recayó sobre una joven socialista cuyo mayor logro en su carrera había sido el de dirigir la “Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco”; la elección de la alcalaína no podía haber sido menos acertada. Con esto, el Gobierno de España dejaba claro que el Ministerio de Igualdad carecía de importancia en la jerarquía ministerial de su vigente gobierno, aunque en aquel momento se hizo un esfuerzo por eludir cualquier prejuicio e intentar confiar en aquella desconocida joven y en el partido que había logrado vencer en las entonces recientes elecciones.
No obstante, el tiempo ha ido transcurriendo y la Ministra de Igualdad únicamente ha hecho gala de sus dudosas aptitudes para dirigir un ministerio de tal calado social, puesto que su labor se ha reducido drásticamente, entre otras cosas, a intentar acusar a la Excelentísima Real Academia Española de machista y de ineficiente, forzando la evidencia de su ineptitud al no rectificar un nimio error que pudo haber surgido por un despiste humano, y a redundar en su estupidez citando la palabra “fistro” como vocablo aceptado por la R. A. E. argumentando, además, la aceptación del término “guay”, cuando la primera entrada hace alusión al uso que hizo de él Fernando de Rojas en su destacable Celestina. ¡Guay de nosotros si tenemos que tolerar esta altanería de ministras inhumanas! Y en especial la ostensible altivez de esta señorita que cree ser el súmmum de la razón y que, para más vergüenza propia, es ministra del Ministerio de Igualdad. Una ministra que ha utilizado incorrectamente el adjetivo de “maltratada”, en su blog, aludiendo a una persona que lo niega, convirtiéndolo en un argumento de peso para entregar una merecida Gran Cruz al Mérito Civil, pese a que por ser merecido este galardón no es justificable, en absoluto, la actitud de desprecio hacia el poder judicial que ha mostrado la ministra con su afirmación.
No se tendría en cuenta el carácter de la ministra si sus acciones lograran dar más importancia a su actividad como ministra y agente social que como una nula política y peor dirigente, cuya presencia mental parece tan poco apta para estas labores de responsabilidad que se podría opinar que no supera, ni por poco, su moderada altura. Pero… ¿qué ha hecho en este tiempo con acierto la Ministra de Igualdad? Es inútil que se responda con medidas que no tienen una aplicación social importante porque todo lo que no suponga reducir muertes de mujeres sometidas a la violencia machista es un FRACASO, con mayúsculas. Es intolerable que exista un Ministerio de Igualdad que se dé a conocer más por la promoción llevada a cabo por los peces gordos del Gobierno de España que por sus propios méritos; ¿qué ocurre con el ministerio y la ministra? ¿Han sido capaces los socialistas de utilizarlos, a ambos, como una táctica propagandística más? Me niego a pensar esto último porque no sólo supondría uno de los atentados sociales más grandes de la historia de la democracia sino la confirmación de que la izquierda española no es izquierda, sino puro extremismo basado en unas ansias infinitas por satisfacer falsamente a la población española. Es por esto que me niego a pensar que el Ministerio de Igualdad haya nacido para todo y al mismo tiempo para nada; no es sólo un deseo propio sino una necesidad que la inoperancia rotunda, únicamente justificada en decisiones insuficientes, carentes de profundidad y de respuestas prácticas se reinviertan y asistamos a las nobles y eficaces acciones que ya debería estar ejecutando la Ministra de Igualdad porque para eso fue creado el Ministerio de Igualdad.
El apoyo que deben recibir las mujeres que se ven atrapadas dentro de la violencia machista y que son expuestas a un final fatal no puede restringirse exclusivamente a un respaldo moral porque eso no ayuda, y lo repito de nuevo, no ayuda a las mujeres que sufren un horripilante calvario. Si la ministra no sabe responder a sus deberes, con el objetivo principal de cumplirlos con total diligencia y tampoco conoce cuál es su posición y cuál debería ser su comportamiento que dimita, pero que lo haga ya, no dentro de unos meses ni un año, que dimita ya, puesto que existen muchísimas personas dentro y fuera del partido al que ella pertenece dispuestas a hacer lo que debe hacer un ministro y nada más. Así pues, Ministra de Igualdad, reacción o dimisión.