Desgraciadamente él de nuevo

Artículo nº 131; pub. en. E. F. C.

Desgraciadamente él de nuevo.


Hugo de Lara López.

Qué desafortunado fue Javier Bardem al haber nacido en España, el país de los desagradecidos y los envidiosos, según reconocen los propios españoles. No sé si es España, los españoles o cierto sector de la prensa, el rosa, los que no soportan ver cómo otras personas de su mismo país, importantes profesionales en lo suyo, triunfan al otro lado del charco o más allá de los Pirineos, colmando a su país con sus mejores éxitos y de una fama internacional pura y sin intereses adulterados de por medio. Me gustaría pensar que esencialmente es la mayoría de la prensa rosa impulsada por una pequeña porción de españoles pertenecientes a una España que irradia desprecio por los cuatro costados, la cual merece ser respetada pero no por ello menos criticada.

En este artículo por cuestiones de espacio centraré la atención en el caso particular del actor canario; Javier Bardem acabó por entrar en la lista negra de los periodistas de la prensa rosa cuando criticó en una revista extranjera la poca vergüenza, la falta de principios y la educación de estos periodistas algún tiempo atrás. Desde entonces, Bardem, que no dijo más que lo que opinamos muchos, ha sido increpado, repudiado e insultado en numerosas ocasiones, habiendo de por medio algunos que otros deseos macabros en relación con su salud personal y profesional, todo brotado de la ira de un sector en plena quiebra moral cuya sapiencia es tan relativa que ni existe.

Recientemente a raíz de una malinterpretada entrevista que Bardem concedió a una revista americana la polémica que sobrevolaba al actor español ha retornado con más fuerza si cabe; a pesar de que en esa misma entrevista se califica como “el chico limitado de siempre” y cree que el Oscar no debe cambiar el comportamiento del resto con él, se le ha achacado su poco decoro con los españoles en general y con sus detractores en singular, llegando a un punto desesperado en el que se ha llegado a inventar que de su propia boca salieron descalificaciones contra su país de origen y los españoles. Bardem, ante la vorágine que se formó en apenas horas, aclaró que hubo problemas con la entrevistadora debido a leves confusiones con el idioma, remarcando que en ningún momento nada de eso salió de su boca. Sin embargo, no es necesario que Javier Bardem tenga que hacer ningún tipo de aclaración cuando al recibir el Oscar recordó sus raíces y habló en español, orgulloso, ante todas las importantes figuras de Hollywood; ¿qué más se le puede pedir a este versátil actor?

No pretendo, en absoluto, que a todos les guste Bardem, únicamente reclamo el respeto que se merece cualquier persona y del que él no goza en ciertos medios de este país aun siendo un excelente actor que ha paseado con gusto la imagen de España por Hollywood y la ha alzado con sus diversas interpretaciones. Como ejemplo de la situación puedo decir que personalmente no me gusta Woody Allen, no lo considero más que un sobrevalorado director que pretende convertirse en el Warhol del cine de los últimos años, cuando en realidad sólo se encarga de dirigir películas simplonas y guiones sin alardes; no obstante, no se me ocurriría faltarle el respeto en ningún momento ni desearle ningún mal al director yanqui principalmente porque está fuera de lugar cualquier tipo de insulto o de diatriba personal contra él no así como contra sus trabajos, los cuales, desde mi punto de vista, son muy cuestionables. Dudo que Bardem se merezca peor trato, primero porque es persona y no hace ningún daño y segundo porque deja en buen lugar a nuestro país, quien niegue esto no es más que un desagradecido, no es necesario que guste para aceptar que nos hace un gran favor a todos los españoles se quiera ver o no se quiera ver. Estoy completamente seguro de que si Javier Bardem fuera de otra nacionalidad cualquiera sería mucho más respetado y aclamado como se puede comprobar con echar un simple vistazo a otros actores mediocres que son considerados de lo mejorcito del cine por ser extranjeros y mostrar ciertas dotes de interpretación, insuficientes para un actor de esa categoría.

Uno de los grandes problemas de España es que pensamos que todo lo que vemos y nos rodea lo hemos logrado nosotros solos sin ayuda de nadie cuando sabemos demasiado bien que no es así, pero agradecer no es lo nuestro, y no alcanzo a comprender por qué no lo es, quizá porque ello nos hace más humildes y nadie quiere ser realmente humilde, aunque lo proclame a los cuatro vientos, o porque, sencillamente, no sabemos ser agradecidos. Eso sí que es un problema puesto que “al desagradecido, desprecio y olvido”, y si seguimos por este camino no nos quedará más que eso, olvido, y entonces nos volveremos a quejar. Con lo poco que cuesta bajarse de las nubes y lo mal que huelen…