Phelps

Artículo número 127; publicado en El Faro de Ceuta.

Phelps.


Hugo de Lara López.

A pesar de que los Juegos Olímpicos son considerados como la “Fiesta más grande del deporte mundial” jamás he experimentado los mínimos indicios de interés por unos JJOO aun siendo la promoción sobre cada una de las ediciones de este importante evento colosal acorde a su importancia o a lo que, quizá, debería importar. Ni siquiera los deportes en los que poseo opciones preferenciales como pueden ser el Tenis, donde sigo a Roger Federer, o el Baloncesto, donde espero la mejor forma de los chicos de los Lakers, consiguen que los JJOO me interesen aunque sea lo más mínimo.

Sin embargo, en estos juegos de Pekín se ha confirmado el nacimiento de una figura excepcional del deporte mundial que ha levantado mi aletargada expectación. Además de haber logrado anteriormente otras medallas de oro (seis y dos de bronce en Atenas), el nadador de Baltimore, Michael Phelps junto a su constancia y obvias y geniales aptitudes, ha conseguido batir records históricos al alcanzar las ocho medallas que se propuso para estos Juegos Olímpicos, dejando atrás el récord de su compatriota Spitz. No sólo queda aquí la proeza del joven de Maryland sino que, aun siendo estas ocho medallas espléndidas, la consecución de la mayoría de estas ha estado acompañada de diversos y nuevos records mundiales. Phelps es la imagen de aquel que quiere conseguir un sueño y se esfuerza para alcanzarlo como sea; esfuerzo, lucha, empeño, fuerza de voluntad, ansias de superación personal, competitividad y fuerza, todo reunido en una persona, en un deseo, en un imposible sueño que aun sabiéndose inalcanzable se ha intentado lograr y se ha logrado. Es justamente esto lo que más me sorprendió de Michael Phelps y lo que, en definitiva, ha hecho que estos JJOO me hayan atrapado un poco más que los anteriores.

La primera vez que vi a Michael Phelps fue en una de sus primeras pruebas en estos Juegos Olímpicos cuando, por equivocación, mi televisión tenía puesto el canal idóneo a la hora precisa. Un joven de veintitrés años con su cabeza enfundada en un gorro tatuado con la bandera de los Estados Unidos y su nombre esperaba expectante el comienzo de una de las ochos pruebas en las que participó. Su rostro más parecido al de un niño que al de un plusmarquista mundial parecía no inculcar temor algunos en sus rivales que, para equivocación mía, conocían de sobra el potencial del yanqui. Aquel muchacho con rostro de niño no tardó demasiado en arrebatar otro récord mundial e inmediatamente pensar en la siguiente prueba que, inevitablemente, volvería a ganar en una carrera ascendente imparable hasta sus ocho grandes triunfos. El “Tiburón de Baltimore” había devorado a sus primeras víctimas y el resto estaba por venir.

Posiblemente si, como Phelps ha hecho, la gente se esforzara en alcanzar sus sueños en lugar de estar insistentemente lamentándose de su vida, quizá tuviéramos una sociedad menos pesimista, menos deprimente y mucho más centrada; el problema es que una sociedad más cabal sería menos brutal y caótica y en cierta manera dudo que el ser humano estuviera preparado para una madurez social y personal tan amplia y profunda. Esto último lo digo teniendo en cuenta que una gran cantidad de sociólogos, “filósofos” y psicólogos arguyen que la sociedad actual es una sociedad plena; esto no se lo cree, si me lo permiten, ni el propio Narciso.

Desde luego Phelps ha mostrado un nuevo camino que se ha difundido, por fortuna, hasta los rincones más remotos, pues además de haber llevado a cabo una gesta sin par, cuenta con el respaldo del inmenso marketing que han generado sus éxitos mundiales. Un nuevo camino que sirve para todo aquel que se proponga superarse a sí mismo y plantearse nuevas metas que, aunque parezcan imposibles, siempre dejan, como mínimo, una pequeña puerta abierta, que sólo el valiente y el que está dispuesto a esforzarse puede cruzar; una pequeña puerta, una vía que eternamente se encuentra abierta cuya senda lleva hasta la culminación de los deseos personales de cada uno. Porque Phelps ha sabido creer en sus sueños, en sus capacidades y en sí mismo y porque ha dado una inestimable lección al mundo, thank you and congratulations Michael.