El Tártaro y sus héroes

Artículo número 123; publicado en el Faro de Ceuta.

El Tártaro y sus héroes.


Hugo de Lara López.

- (Al día siguiente de la primera reunión de los dioses por el problema habido en el Tártaro, estos vuelven a reunirse de nuevo. Debido a la urgencia de la situación, Hades ya ha averiguado la solución para solventar el contratiempo surgido en sus tremebundas tierras; conocido por él lo necesario para resolver el desbarajuste se lo comunica a algunos de los dioses con los que el tiempo le permite contactar. Tras esto, Hades y el resto de los dioses se componen y se muestran ante Zeus para comunicarle el remedio.) - Bienvenidos una ocasión más Dioses del Olimpo; espero que gracias a vuestro incesante y pulcro cavilar hayáis encontrado la panacea a este mal no divino que ha acaecido en nuestro arduo, eterno y magnífico reinado. – (Después de hablar, Zeus se sienta en su titánico trono. En ese mismo instante Hades se levanta y se dispone a explicar la solución del dilema.) – Hermano, dioses y diosas, escuchad mis palabras que, aunque sabidas por algunos, son desconocidas por otros. Desde que nuestra reunión de ayer terminó he estado en el Tártaro comprobando las pétreas infraestructuras que allí se encuentran. En un principio, desconocí qué pudiéramos hacer nosotros, aun siendo dioses, pues esto no parecía arreglarse con un simple chasquido o con una mirada indulgente; efectivamente, esto era más complicado. La piedra con la que está construido el Tártaro es “pertetea”, un material anterior a los titanes e incluso a la existencia del planeta mortal, nacido de las lágrimas de los mayores padres de los prístinos titanes. – (Atenea, llamada por la curiosidad, interrumpe a Hades.) – ¿Hablas de las primeras hijas de Zéfiro? – Eso es, Atenea, las primeras gotas que rociaron la nada y que formaron, en parte, el mundo de los mortales. – (Ares se levanta furioso.) – ¡Menudas estupideces se dicen por aquí! ¿Cómo diablos va a existir piedra alguna cuya composición haya sido el agua y pueda soportar la presión del Tártaro? – (Poseidón, tras escuchar a Ares, también irrumpe en la conversación, que comenzaba a tomar tintes de disputa.) – Subestimas el poder del agua, Ares; sólo con mis mares podría acabar con toda la existencia mortal, incluso con todos tus guerreros. – (Viendo Ares que no tenía más salida que la resignación se sienta sin dirigir mirada alguna a Poseidón, que también retoma el sitio que segundos antes ocupaba.) – Por ello, hermano, dioses y diosas, hemos de enviar una expedición lo antes posible al archipiélago de las Doce Hermanas, pues este posee las islas con la mayor cantidad de “perpetea” que existe en el universo. – Ya veo, Dios de las Profundidades, sea así entonces; decidamos quién deberá ir a recoger las “perpeteas” suficientes para ampliar el Tártaro. – Existe una traba, hermano. – (Zeus tuerce su rostro.) – ¿Qué ocurre? – Ningún ser inmortal puede tocar una de esas piedras, el poder de las entrañas de Zéfiro es tan potente que nuestras manos se desharían al rozarlas; sólo cuando se encuentren en mi mundo podremos manipularlas como debiera ser, pues allí pierden su contexto mortal y mis veloces corrientes podrán arrancar cualquier elemento que nos sea nocivo. – De acuerdo; entonces habremos de proponer a diferentes héroes y elegir a uno de ellos para que lleve a cabo la proeza. Por ello, daremos por terminada la reunión de hoy para que podamos reflexionar sobre los héroes idóneos para realizar esta labor. – (Hades, antes de que su hermano Zeus de por terminada la comisión divina, aclara la situación.) – Hermano, dioses y diosas, bien sabéis algunos que contacté con vosotros para que de esta misma reunión saliera el héroe elegido, por esto mismo te ruego Divino Rey, Emperador de los Cielos, Dios de Dioses, Excelso Trueno, Omnipotente Gobernador del Olimpo, que reanudes este encuentro para que de aquí surja el elegido al que encomendarle esta misión y que, sin mediar imprevisto, parta lo antes posible. – (La mirada de Zeus recorre a cada uno y cada una de los dioses y las diosas, y es entonces cuando eleva sus dos manos y con una fuerte palmada invita a que los héroes sean propuestos. La primera en levantarse es Atenea.) – Padre, dioses y diosas, os propongo como elegido para solucionar este desgraciado dilema a Odiseo. – (Poseidón murmura molesto.) – Sí, por supuesto, esto es lo que me faltaba por escuchar… – ¿Dices algo a lo que debamos atender, Poseidón? – Nada hermano, nada en absoluto. – (El segundo en proponer un héroe es Ares.) – Ya que no puedo ir, yo, escuchadme dioses y diosas, propongo a Cicno. – Ares, Cicno está muerto. – ¿No podría Hades devolverle a la vida por esta vez, Zeus? – No es el momento para discutir esto, Ares. Cicno no puede ser propuesto. – (Malhumorado Ares se vuelve a sentar en su trono; tras él Afrodita se levanta.) – En mi lugar, prefiero otorgar al troyano Eneas mi confianza. – (El turno de Poseidón había llegado.) – Yo sólo deseo que Odiseo no vaya y tampoco Eneas; me da exactamente igual quien vaya a ir, sólo espero que no sea ninguno de los dos. – ¿No propones a nadie, Poseidón? – ¿Cómo va a proponer a alguien? Poseidón siempre está en disputas con los héroes humanos. – ¡Cierra la boca Atenea! – ¡Calmad! Estas riñas debéis reserváosla para vuestro ratos libres, ahora no es momento para esto. – (El siguiente es Hades, aquel que estaba sufriendo los principales efectos del malestar en el Tártaro.) – Mis palabras van a ser sencillas, hermano, dioses y diosas, propongo a Eklenífides. – (El resto de los dioses que habían permanecido apáticos durante todo el encuentro ahora, confusos, miran a Hades como si estuviera delirando. Ares, que no estaba dispuesto a tolerar ninguna propuesta estúpida tras la eliminación de su difunto hijo Cicno, pregunta a Hades sobre la procedencia de su héroe propuesto.) – ¿Y a qué familia pertenece este Eklenífides? ¿Acaso es un asesino de la familia de Heracles? – (Poseidón también pregunta intrigado.) – ¿O acaso de la de Perseo o Teseo? – (Afrodita, haciendo gala de su irrespetuoso carácter, aborda a Hades con otra pregunta.) – ¿O quizá tenga algo que ver con el Rey Minos? – (Hades, aun temeroso por la respuesta de los dioses, habla sin disimulos.) – No Ares, no es “este”, en cualquier caso “esta”; además os comunico de que no pertenece a ningún linaje de héroes. – (Los dioses, sorprendidos, comienzan a increpar a Hades en voz baja.)– Su padre es un humilde herrero de familia banal, mientras que su madre falleció años atrás; mas, aunque no sea una heroína con extraordinarias proezas cumplidas, he de deciros algo. – (El creciente malestar de los dioses se silencia rotundamente por las posteriores palabras de Hades.) – Es más mortal que todos aquellos a los que habéis nombrado.

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