Artículo número 119; publicado en El Faro de Ceuta.
El desliz menos pulcro del mundo.
Hugo de Lara López.
Siempre he considerado, y lo sigo haciendo, que la sociedad estadounidense, quizá por su juventud, está muy por delante del conjunto de las sociedades europeas, apenas el chauvinismo europeo puede distorsionar la imagen de los Estados Unidos como un estado racista, machista, xenófobo y con abundantes trazos de exhibicionismo. Posiblemente sean sus valores enérgicos, menos desgastados que los europeos, los que mantienen con fuerza a una sociedad de unos trescientos millones de habitantes repartidos en cincuenta estados, con diferencias estatales pero, inevitablemente, con unas semejanzas destacables. Es por ello que la solidez social que alcanza la unión de la masa estadounidense es difícilmente destructible, pues no reniegan de aquello que les une sino que, por el contrario, lo respetan como si se tratara de una ley sagrada, lo cual dota a la unión de todos los estados un potencial social que jamás alcanzará ninguna otra nación en la Historia del Mundo, pues no existen nuevas tierras por “civilizar”, y a partir de estos momentos el desarrollo de las sociedades caminará a un claro declive, donde las más resistentes, aún más magulladas por los crecientes conflictos, apenas destacará unos ápices sobre el resto. Este sumo respeto que se ha auto-inculcado la sociedad estadounidense es la que le permite dar una valoración especial, tal vez olvidada por los antiguos europeos, a todo aquello que les rodea, viéndose beneficiada la cultura y todos sus ámbitos, pues en lugar de perder contacto con las personas que conforman la sociedad incide más aún en ellas y se produce una interrelación, surgiendo un círculo más simple, más directo, más humano, transformándose el concepto de cultura y convirtiéndose en otro valor inescrutable para los estadounidenses.
Esto, por desgracia, no ocurre en Europa, cuyos habitantes parecen estar aburridos de la cultura y prefieren preocuparse de los “problemas reales”, despreciando todo el complejo cultural que no es más que un propio dilema inherente al ser humano, dado que es creación suya. La cultura, en definitiva, no se encuadra dentro de los valores europeos ya que no se entiende como una necesidad sino como un añadido a la dimensión humana y no como parte de ella, esto es creer que la cultura no les incumbe, cuando, realmente, lo hace más de lo creído.
Estados Unidos y sus habitantes, entre otras cosas, se caracterizan por su ultra-nacionalismo. Si bien es cierto, un nacionalismo acentuado sin recurrir a la violencia no es un gran problema (o al menos no debería serlo) lo que sí produce en este caso es una degradación de la imagen de los propios Estados Unidos en mucha de sus facetas por las continuas alusiones a la nación, casi obsesiva, o quizá sea lo que puede parecer a un espectador no americano, puesto que el nacionalismo escasea en el mundo actual. No obstante, su sociedad también se caracteriza por vivir en una vasta burbuja formada por falsos héroes o ídolos de papel que, sin mérito alguno, se encumbran a costa de una sociedad adolecida de una extrema debilidad en su inefable alma tan aplicada para unas cosas y tan absurdas para otras. Sorprendentemente es más complicado hacerse notar y destacar en un país europeo como Inglaterra, España o Francia que en los propios Estados Unidos, y tal vez la explicación la tenga la propia juventud que mientras en Europa no necesita, obligatoriamente, un ídolo al que seguir por poseer una amplia personalidad y, posiblemente, una ilusión mucho más comedida, en los Estados Unidos se muestra deseosa de seguir a una o a varias personas referencias que conformen, como poco en su apariencia, lo que ellos desearían alcanzar, con una obligatoriedad obsesiva casi fútil pero no por ello menos respetable. Prueba de ello son los Jonas Brothers, desconocidos en Europa, los cuales pretenden penetrar en el antiguo continente así como lo hicieron en su tiempo otra banda de chicos muy parecida a estos, más crecidos y más numerosos, a los cuales no nombraré para que continúen sumidos en el olvido del fracaso post-triunfo. Este nuevo grupo que está arrasando rotundamente en los Estados Unidos no ha necesitado una voz brillante, ni siquiera destacable, más bien rácana e insuficiente para unos chicos con tantos seguidores (más ellas que ellos como es obvio), sin embargo ahí les tienen, en la cumbre de la fama estadounidense sin merecerlo.
Algo parecido ocurre con las chicas atadas por canales importantes estadounidenses como reclamos de un público bastante amplio, por una parte de las chicas como modelo a seguir y por otra parte a los chicos por razones que se sobreentienden. Disney, cuya suerte alcanza límites insospechados, en sus ansias de dominar el panorama juvenil estadounidense, conformó el fichaje de la joven Miley Cyrus (15 años), actual ídolo en Estados Unidos y mentada como la nueva Britney Spears, cuyas actuaciones destacan más por su fama artificial fomentada por la propia compañía a través de su papel protagonista en la serie Hannah Montana que por sus verdaderas aptitudes. Nickelodeon, en su afán por oponerse al triunfo de Disney, busca sus “nuevas joyas” y utiliza, principalmente, a chicas jóvenes para atraer la atención del público antes mencionado. El objetivo es alcanzar el triunfo a través de chicas de apenas quince o dieciséis años, sin criterio alguno, cuyas vidas arruinan puesto que no le ofrecen otra opción más que aceptar la suculenta oferta que les propone. Realmente es una condena para ellas y una afortunada bendición para las grandes potencias televisivas que tutelan sus beneficios. Una ley del dinero agridulce y cruel, pues aquellas que no triunfan caen de lo más alto dando lugar a un desplome excesivamente duro para unas jóvenes con tan poca experiencia. Sin ir más lejos, hace apenas una semana, asistí por casualidad a las continuas adulaciones que recibía Malese Jow en una incipiente página web donde existen una serie de canales personales en los cuales cada usuario tiene su propio espacio compuesto por una pantalla para emisiones y un “chat” anexo; afortunadamente, sólo tuve que devolverle, por cortesía, el saludo que me mandó. Esta, una de las jóvenes actrices de Nickelodeon que también alcanzó la gran pantalla con la película Bratz, a pesar de relucir con continuas sonrisas ante los arrodillamientos de sus espectadores transmitía artificialidad y tristeza, pues quizá ella desconoce dónde se metió hace un par de años atrás, pues su carrera no está siendo para nada destacable y, posiblemente, muera en el montón de jóvenes fracasadas. Más que en Europa, en los Estados Unidos, la fama tiene un vigor tan preponderante que se escatima todo el pudor posible para alcanzar el objetivo que se proponen los grandes siempre con un fin: el dinero y, su inestimable amigo, el poder.