Objetivo: ¿Fama?

Artículo número 124; publicado en El Faro de Ceuta.

Objetivo: ¿Fama?


Hugo de Lara López

Es común, conocido y muy difundido que a una falta de respeto le sigue, inmediatamente, otra en la mayoría de los casos en los que se inicia una disputa de una u otra índole. Cualquier persona con dos dedos de frente, además de no insultar o no agredir verbalmente al prójimo, conoce que si falta el respeto a otra persona esta puede responderle de la misma manera, esto como comprenderán es obvio e incluso podrían pensar que es tan obvio como estúpido explicarlo, y estarían en lo cierto. No obstante, parece que esto no les queda claro, aún, a ciertas personas, que esperan que se les respete sin apenas ofrecer los mínimos indicios de esa palabra llamada respeto.

La historia que se ha cernido en estos últimos días sobre uno de los concursantes, Pablo López, del “reality” musical “Operación Triunfo” es tan absurda como predecible puede resultar el oportunismo de algunas personas por intentar escalar hacia una fama de papel cuyo valor parece alcanzar al oro, no siendo más que un alarde chabacano y plenamente superficial.

Antes de nada sería preciso dejar claro e insistir con rotundidad que en ningún momento actúo como “seguidor” del concursante, puesto que su estilo musical es totalmente ajeno a mis gustos así como lo es la parte de su personalidad que ha mostrado dentro de la Academia de Operación Triunfo. De hecho, teniendo en cuenta la pésima calidad de la última edición, si en cualquier caso tuviera que posicionarme de parte de algún concursante lo haría del lado de la actual campeona, a pesar de que este apoyo no sea más que un gesto de compadecer el trato recibido por parte de sus compañeros.

El dilema es sencillo: una supuesta fan acude a la firma de discos de Tarragona y, sin que le firme previamente ninguno de los triunfitos, se dirige hacia el concursante “fuengiroleño”; en ese momento, según narra esta fan le pide una firma no si antes llamarle “Chepablo”, mote con el que un miembro del jurado intentó ridiculizarle ante toda España, aun sabiendo todo lo que esto significaba para el malagueño. Supuestamente, otro concursante, Iván Santos, que estaba junto a Pablo, pide a la fan que se deje de tonterías. Acto seguido, según cuenta la desconocida fan, ambos concursantes cuchichean y se ríen y tras esto le es entrega la portada firmada a la chica, sin embargo, en aquella portada no había ninguna firma sino las palabras “Tu puta madre”, en contestación al primer insulto, siendo sacada dicha fan por los miembros de seguridad del lugar posteriormente. Personalmente todo este cuento no me parece más que el interés por propiciar, a través de la polémica, un abordaje fácil a la fama ya que aun siendo cierto no se puede pretender obtener diamantes por piedras, y menos si se desconoce con qué persona se está tratando, pues no se nos puede exigir a todos que respondamos de una misma manera ante una falta de respeto estén marcadas estas con buena o con mala intención. Esto último teniendo en cuenta que el caso aquí narrado fuera lo más cercano a la verdad y eludiendo todo lo que no cuadra como por ejemplo que la portada de la fan estuviera totalmente limpia, apenas manchada con aquellas palabras, a pesar de haber pasado por delante de varios triunfitos y, más extraño aún, habiendo ido para regocijarse con el contacto con la campeona de esta edición, cuya firma tuvo que ser dibujada con tinta invisible. Aparte de esto, la fan supuestamente “molesta” además de dedicar malos deseos al concursante en diversos sitios de la red, recordando su mote, insulta, con ciertos matices de homofobia, el amaneramiento del otro participante del concurso llamándolo “locaza”, evidenciando la nula o peor educación que se le ha inculcado. No hay que olvidar que fue esta persona la que se quejó de la falta de respeto de Pablo López, tratándolo como si se tratara de un atentado contra la humanidad, cuando continuamente asistimos a un bombardeo ofensivo antes y después de lo que esta fan dice que ocurrió.

Sin lugar a dudas, esto no es más que otra muestra de entre las miles y miles que evidencian el descaro y la escasa vergüenza que tienen algunas personas de esta sociedad que, además de sentirse afectadas por actos que ellos también cometen, buscan infatigablemente la manera de sobresalir de lo mezquino con más mezquindad con el único objetivo de obtener una dudosa fama cimentada en la cumbre de lo absurdo y lo apático, apenas visible desde las tierras de los decentes pero en pleno centro de las llanuras de los de siempre.

El Tártaro y sus héroes

Artículo número 123; publicado en el Faro de Ceuta.

El Tártaro y sus héroes.


Hugo de Lara López.

- (Al día siguiente de la primera reunión de los dioses por el problema habido en el Tártaro, estos vuelven a reunirse de nuevo. Debido a la urgencia de la situación, Hades ya ha averiguado la solución para solventar el contratiempo surgido en sus tremebundas tierras; conocido por él lo necesario para resolver el desbarajuste se lo comunica a algunos de los dioses con los que el tiempo le permite contactar. Tras esto, Hades y el resto de los dioses se componen y se muestran ante Zeus para comunicarle el remedio.) - Bienvenidos una ocasión más Dioses del Olimpo; espero que gracias a vuestro incesante y pulcro cavilar hayáis encontrado la panacea a este mal no divino que ha acaecido en nuestro arduo, eterno y magnífico reinado. – (Después de hablar, Zeus se sienta en su titánico trono. En ese mismo instante Hades se levanta y se dispone a explicar la solución del dilema.) – Hermano, dioses y diosas, escuchad mis palabras que, aunque sabidas por algunos, son desconocidas por otros. Desde que nuestra reunión de ayer terminó he estado en el Tártaro comprobando las pétreas infraestructuras que allí se encuentran. En un principio, desconocí qué pudiéramos hacer nosotros, aun siendo dioses, pues esto no parecía arreglarse con un simple chasquido o con una mirada indulgente; efectivamente, esto era más complicado. La piedra con la que está construido el Tártaro es “pertetea”, un material anterior a los titanes e incluso a la existencia del planeta mortal, nacido de las lágrimas de los mayores padres de los prístinos titanes. – (Atenea, llamada por la curiosidad, interrumpe a Hades.) – ¿Hablas de las primeras hijas de Zéfiro? – Eso es, Atenea, las primeras gotas que rociaron la nada y que formaron, en parte, el mundo de los mortales. – (Ares se levanta furioso.) – ¡Menudas estupideces se dicen por aquí! ¿Cómo diablos va a existir piedra alguna cuya composición haya sido el agua y pueda soportar la presión del Tártaro? – (Poseidón, tras escuchar a Ares, también irrumpe en la conversación, que comenzaba a tomar tintes de disputa.) – Subestimas el poder del agua, Ares; sólo con mis mares podría acabar con toda la existencia mortal, incluso con todos tus guerreros. – (Viendo Ares que no tenía más salida que la resignación se sienta sin dirigir mirada alguna a Poseidón, que también retoma el sitio que segundos antes ocupaba.) – Por ello, hermano, dioses y diosas, hemos de enviar una expedición lo antes posible al archipiélago de las Doce Hermanas, pues este posee las islas con la mayor cantidad de “perpetea” que existe en el universo. – Ya veo, Dios de las Profundidades, sea así entonces; decidamos quién deberá ir a recoger las “perpeteas” suficientes para ampliar el Tártaro. – Existe una traba, hermano. – (Zeus tuerce su rostro.) – ¿Qué ocurre? – Ningún ser inmortal puede tocar una de esas piedras, el poder de las entrañas de Zéfiro es tan potente que nuestras manos se desharían al rozarlas; sólo cuando se encuentren en mi mundo podremos manipularlas como debiera ser, pues allí pierden su contexto mortal y mis veloces corrientes podrán arrancar cualquier elemento que nos sea nocivo. – De acuerdo; entonces habremos de proponer a diferentes héroes y elegir a uno de ellos para que lleve a cabo la proeza. Por ello, daremos por terminada la reunión de hoy para que podamos reflexionar sobre los héroes idóneos para realizar esta labor. – (Hades, antes de que su hermano Zeus de por terminada la comisión divina, aclara la situación.) – Hermano, dioses y diosas, bien sabéis algunos que contacté con vosotros para que de esta misma reunión saliera el héroe elegido, por esto mismo te ruego Divino Rey, Emperador de los Cielos, Dios de Dioses, Excelso Trueno, Omnipotente Gobernador del Olimpo, que reanudes este encuentro para que de aquí surja el elegido al que encomendarle esta misión y que, sin mediar imprevisto, parta lo antes posible. – (La mirada de Zeus recorre a cada uno y cada una de los dioses y las diosas, y es entonces cuando eleva sus dos manos y con una fuerte palmada invita a que los héroes sean propuestos. La primera en levantarse es Atenea.) – Padre, dioses y diosas, os propongo como elegido para solucionar este desgraciado dilema a Odiseo. – (Poseidón murmura molesto.) – Sí, por supuesto, esto es lo que me faltaba por escuchar… – ¿Dices algo a lo que debamos atender, Poseidón? – Nada hermano, nada en absoluto. – (El segundo en proponer un héroe es Ares.) – Ya que no puedo ir, yo, escuchadme dioses y diosas, propongo a Cicno. – Ares, Cicno está muerto. – ¿No podría Hades devolverle a la vida por esta vez, Zeus? – No es el momento para discutir esto, Ares. Cicno no puede ser propuesto. – (Malhumorado Ares se vuelve a sentar en su trono; tras él Afrodita se levanta.) – En mi lugar, prefiero otorgar al troyano Eneas mi confianza. – (El turno de Poseidón había llegado.) – Yo sólo deseo que Odiseo no vaya y tampoco Eneas; me da exactamente igual quien vaya a ir, sólo espero que no sea ninguno de los dos. – ¿No propones a nadie, Poseidón? – ¿Cómo va a proponer a alguien? Poseidón siempre está en disputas con los héroes humanos. – ¡Cierra la boca Atenea! – ¡Calmad! Estas riñas debéis reserváosla para vuestro ratos libres, ahora no es momento para esto. – (El siguiente es Hades, aquel que estaba sufriendo los principales efectos del malestar en el Tártaro.) – Mis palabras van a ser sencillas, hermano, dioses y diosas, propongo a Eklenífides. – (El resto de los dioses que habían permanecido apáticos durante todo el encuentro ahora, confusos, miran a Hades como si estuviera delirando. Ares, que no estaba dispuesto a tolerar ninguna propuesta estúpida tras la eliminación de su difunto hijo Cicno, pregunta a Hades sobre la procedencia de su héroe propuesto.) – ¿Y a qué familia pertenece este Eklenífides? ¿Acaso es un asesino de la familia de Heracles? – (Poseidón también pregunta intrigado.) – ¿O acaso de la de Perseo o Teseo? – (Afrodita, haciendo gala de su irrespetuoso carácter, aborda a Hades con otra pregunta.) – ¿O quizá tenga algo que ver con el Rey Minos? – (Hades, aun temeroso por la respuesta de los dioses, habla sin disimulos.) – No Ares, no es “este”, en cualquier caso “esta”; además os comunico de que no pertenece a ningún linaje de héroes. – (Los dioses, sorprendidos, comienzan a increpar a Hades en voz baja.)– Su padre es un humilde herrero de familia banal, mientras que su madre falleció años atrás; mas, aunque no sea una heroína con extraordinarias proezas cumplidas, he de deciros algo. – (El creciente malestar de los dioses se silencia rotundamente por las posteriores palabras de Hades.) – Es más mortal que todos aquellos a los que habéis nombrado.

Aires de conflicto

Artículo número 122; publicado en El Faro de Ceuta.

Aires de conflicto.


Hugo de Lara López.

- Ya están listas las tropas, César. – De acuerdo. – (César, habiéndose ajustado su armadura, camina hacia el exterior de la tienda de campaña. Fuera de esta, los legionarios romanos, eufóricos por la victoria sobre los galos, esperan las órdenes de su líder. Julio con paso ligero y firme se sitúa delante de ellos mientras sus tropas esperan con enorme expectación sus palabras.) – Romanos, hoy es un día triste para todos nosotros. – (César camina sin perder de vista a sus legionarios.) – Un mensajero me ha transmitido los nuevos aconteceres de nuestra ciudad y, en esta ocasión, son funestos para nosotros. Nosotros, que hemos logrado dominar las Galias como tributo al Senado y a los ciudadanos romanos, hemos sido oficialmente repudiados por los senadores. El propio Senado lo ha decidido así, tanto como para vosotros como para mí, hasta que yo decida abandonaros y en vosotros recaiga el control de los senadores más poderosos. – (Los legionarios permanecen firmes, mas en este momento sería difícil borrar de sus rostros el creciente odio que las palabras de César han ido fundiendo en sus carnes. César, por su parte, deja de caminar y mira de frente a sus tropas.) – ¡Conoced, romanos, quién es el sumo traidor de Roma! ¡Quién es aquel que nos está traicionando desde la ciudad! – (Los hombres de César comienzan a impacientarse.) – ¡No es otro que Pompeyo aquel que comanda a los senadores que han corrompido el sacro Senado! Sabed, romanos, que él y sus seguidores han sido los que han expulsado a nuestros seguidores de la Curia para hacerse con el poder supremo, para evitar que ninguno pudiera vetar las execrables peticiones de los senadores; de esta misma manera, sabed, que Marco Antonio ha sido apartado de la réplica como poder máximo de la plebe y se le ha ignorado cuando ha tomado las medidas oportunas contra los ataques que han realizado los senadores contra nosotros. – (Las tropas romanas, excesivamente irritadas, comienzan a murmurar. César levanta su brazo y les muestra la palma de su mano.) – ¡Por ello, escuchadme romanos, debemos liberar el Senado de la plaga que le ha invadido y que está destruyendo todos aquellos principios por los que, por ley divina, debería regirse! ¡Escuchad, romanos, Roma necesita que luchemos por ella en nombre de nuestros hijos y de sus hijos, y de los hijos de éstos y de toda la estirpe romana! – (Los legionarios romanos levantan sus armas y gritan al unísono cuando César termina de hablar; poco después continúa.) – ¡Que el choque de nuestras armas con el hueso enemigo sea tan potente que incluso se escuchen en Oriente! ¡Que sepan que aquel implacable sonido es el rugir de Roma revolviéndose contra sus impostores! ¡Contra sus enemigos! ¡Contra su lacra! – (Los gritos de las tropas rompen la tibieza del aire y sólo la voz de César puede destacar sobre ellos.) – ¡Alcancemos las tierras romanas que pertenecen al pueblo romano! ¡Luchemos contra Pompeyo y sus seguidores! ¡Venguemos el honor de los humildes ciudadanos romanos y del deshonrado Marco Antonio así como de todos aquellos que fueron expulsados de la Curia por capricho de los lacayos de Pompeyo! ¡Mostremos nuestro imponente poder ante los enemigos de Roma! ¡Enseñemos a aquellos que quieren hacerse con el poder utilizando la mentira y la cobardía lo que los hijos de Roma les tienen preparado! – (El nombre del líder de las tropas romanas es coreado con frenesí mientras este afina su tez y eleva su brazo al aire.) – ¡Alcemos nuestras fuerzas! ¡Irgamos nuestras armas! ¡Liberemos a Roma! – (Exultantes, los legionarios de César se preparan para marchar hacia Roma entre la algarada provocada por sus armamentos y sus magnas voces.) – ¡Elevad vuestra armas y dirigid sus afiladas puntas al cielo para ser bendecidos por los dioses! ¡Sentíos rociados por su apoyo, por su certeza, y por su responsable guía y sea entonces cuando comencemos nuestro camino para embestir a los detractores de la libertad y de la paz romana! ¡Marchemos por el pueblo! ¡Hagámoslo por Roma! – (Los legionarios romanos refrendan la orden de su líder con sus frenéticos alaridos. Uno de los centuriones junto a César aprovecha el vocerío para hablar con Julio.) – César, ¿cuándo deseas que partamos? – Partiré al anochecer junto a la decimotercera legión para avanzar hasta el borde del Rubicón. Hemos de estar listo para entonces mas esto no significa que descuidemos el control de la zona, por ello os encomiendo mantener el orden en las Galias. – Sí César mas… ¿cree que no necesita más que la legión decimotercera? – No sólo lo creo sino que, además, Lucio, estoy totalmente convencido de que incluso la legión decimotercera será demasiado para Pompeyo y sus secuaces. – Si es lo que deseas, César, obedeceré tus órdenes y mantendré el férreo control sobre los territorios galos. – (Lucio se despide de César con una inclinación y se dirige a los legionarios para organizar la defensa tras comunicar a la legión decimotercera la decisión de César. Estos, colmados de júbilo al saberse elegidos por César, comienzan a prepararse para el ataque.)

Arena, plebe y sangre

Artículo número 121; publicado en El Faro de Ceuta.

Arena, plebe y sangre.


Hugo de Lara López.

¡Que comience el espectáculo! – (La muchedumbre ruge excitada mientras una de las verjas del terreno se levanta lentamente. Abierto el camino una bestia salvaje abandona su pequeña jaula con una velocidad endiablada. En el otro lado un joven tembloroso es empujado a la arena con tal violencia que cae de rodillas, brotando de éstas pequeños ríos de sangre a causa de la fuerza del choque.) – ¡Acaba con su vida! – ¡Destripa al bárbaro! – (La bestia clava sus ojos en el joven, cuyas piernas tiemblan y cuyo torso convulsiona de forma anormal.) – ¿Está dormida la bestia? – ¡MÁTALO! – (Entre los alaridos del ávido público la bestia continúa amenazando al joven bárbaro con su mirada. El joven, petrificado, intenta recomponerse y prepara sus piernas para correr. Debido a la pasividad de la lucha en la arena el emperador ordena a uno de los soldados de su guardia que, entre todos, encolericen al animal. La guardia pretoriana obedece al emperador; inmediatamente toman algunas lanzas y atacan a la bestia desde la distancia. La bestia responde a sus ataques y se enfurece atrapando algunas lanzas con sus dientes y rompiéndolas con sus feroces zarpas. El bárbaro aprovecha el instante de confusión y recoge uno de los trozos de lanza esparcidos por la arena; la bestia aprovecha la oportunidad y se lanza contra el joven de rubia cabellera, que logra esquivar la bestial embestida por poco.) – ¿Qué diablos ocurre con este maldito animal? ¿No va a despellejarlo? – Emperador, sé que no soy el más conveniente para decirle esto mas creo que hemos de esperar un poco más, el bárbaro Marceu está comenzando a cansarse. – (La tez del emperador cambia radicalmente, y el odio que antes albergaba se convierte en una sonrisa macabra.) – ¿Cómo has dicho? – Perdóneme empe… – Dime, ¿quién piensas que soy, desgraciado? – (La sonrisa del emperador comienza a abrir una brecha en su cara y de esta brota una ira mayor que la anterior.) – No pretendía ofen… – ¡INEPTO! ¡NO SOY CUALQUIER PLEBEYO AL QUE PUEDAS NINGUNEAR NI ORDENAR! ¡SOY EL EMPERADOR MÁS GRANDE QUE JAMÁS HA CONTEMPLADO ROMA Y SI ORDENO QUE QUIERO QUE AQUEL JOVEN MUERA AHORA HA DE HACERLO AHORA! ¡SACAD OTRA BESTIA O HACED LO QUE SEA MAS LO QUIERO VER MUERTO AHORA! – (El pretoriano, temeroso de la respuesta que pudiera acarrear la repulsa del emperador, levanta su brazo con celeridad. Dos soldados cercanos a la arena elevan una distinta verja y de ella sale otra bestia.) – ¡Bravo! – ¡Genial! – ¡Viva el emperador! – (La excitación recorre el rostro del emperador que se ve aclamado por las masas. El joven bárbaro, agotado por la continua persecución de la bestia, agarra con fuerza el pequeño trozo de lanza y se mantiene quieto. La bestia que acaba de salir sorprende al público, pues no se dirige al escuálido bárbaro sino que, por el contrario, se lanza al cuello de la otra bestia.) – ¿Qué…? – (El emperador mira incrédulo al pretoriano.) – Esto era lo que intentaba decirle, era un gran ries… – ¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE DE ESTO? ¡No me olvides que he de matar a los dos inútiles que han soltado a la segunda bestia! – ¿Emperador? – ¡ARREGLA ESTO COMO SEA! – (Las dos bestias, heridas gravemente, comienzan a dar signos de debilidad. Sus fuertes patas ahora tiemblan y sus zarpas no se agitan ni tan ágiles ni tan fuertes como antes. El bárbaro Marceu se dirige a toda prisa hacia el león menos debilitado y clava su lanza con fuerza en uno de sus costados. Ambas fieras desfallecen mientras el bárbaro blondo recupera fuerzas. La indignación del emperador es opima.) – ¿Y estas son las fieras que nos prometieron? – ¡Estas no son fieras son senadores disfrazados! – ¡Fuera! – ¿Y esto es un espectáculo? ¡Mayores se arman en los senados! – (El emperador mira furioso al pretoriano.) – No volverá a pasar, emperador; deléitese con la bestia que teníamos guardada para una ocasión como esta. – (El pretoriano levanta su mano derecha y una verja tres veces más ancha y alta que las anteriores se abre. Marceu, temeroso, dirige su mirada al hueco dejado por la apertura de la verja.) – Es púnico. – ¿Como Aníbal? – Eso es emperador. – Si tiene la misma sangre que Aníbal podemos estar tranquilos: sólo podrá ser vencido por un romano y ese joven es un simple bárbaro. – (El emperador vuelve a sonreír. La bestia sale e impresiona a los espectadores, mucho de los cuales emiten un grito de asombro entrecortado. Con apariencia de león, mas un metro más alto y más ancho que los anteriores, entra en la arena una feroz bestia con un pelaje rucio y espeso que rodea su cuello e irradiaba plenitud y fuerza; por otro lado, sus férreos colmillos se asemejan más al duro y lujoso marfil del elefante que al débil hueso animal.) – Se acabó emperador. – (La gigantesca fiera eleva su cuello, prepara sus fortísimas patas y fija su objetivo en el pobre bárbaro; sin tardar ni un segundo más corre hacia el joven y, antes de llegar a este, salta implacable extendiendo sus zarpas. Estas se clavan en el inocente cuerpo del joven y la sangre comienza a chorrear por su torso; con otro zarpazo raja las abdominales de su presa y sus vísceras salen al exterior vertiginosamente; con el último golpe rompe brutalmente el cuello del famélico bárbaro. Sin más que hacer, el titánico animal comienza a comer las tripas de su víctima con una quietud inquietante.) – ¡Bravo! – ¡Espectacular! – ¡Viva el emperador! – ¡Bestias así sólo se hallan en Roma! – (El emperador, saciado, se levanta y saluda a la plebe; inmediatamente esta responde a su emperador con desmesurados gritos de halago. La fiesta romana había triunfado un día más.)

Fútbol, locura y los oportunistas

Artículo número 120; publicado en El Faro de Ceuta.

Fútbol, locura y los oportunistas.


Hugo de Lara López.

Me impresiona que un deporte tan simple como el fútbol pueda revolver a un país casi por completo o inmovilizarlo para llevar a cabo una celebración o, anteriormente, para ver combatir a su equipo contra el rival en una cita que dicen ser “histórica”. Personalmente no soy seguidor de la Selección Española de Fútbol, puesto que las competiciones de selecciones las trato de manera idéntica a las competiciones de clubes, y si tenemos en cuenta que las primeras apenas duran tres semanas cada dos años no encuentro razones suficientes para seguir a una selección simplemente porque represente a mi país, aunque algunos se podrían preguntar “¿qué país?” y no andarían muy descaminados.

Lo cierto es que las celebraciones tras la victoria de la Selección Española de Fútbol en la UEFA EURO 2008 han sido excesivas, así como todo el despliegue de medios pendientes de sus partidos, de sus victorias y, obsesivamente, de su posterior llegada. Más que Campeones de Europa los jóvenes de la Selección Española parecían los descubridores de la afortunada cura contra el sida o contra los cánceres más agresivos, pero no, no era este el caso, pues simplemente eran jugadores de fútbol. Aún así no se escatimó recurso alguno para invadir las calles, además de todos los canales de televisión, y dar riendas sueltas a la histeria y a la felicidad después del triunfo en el Ernst Happel de Viena. Quien me lee ahora, y participó en la locura colectiva, me estará tildando de “anti-futbolístico” y de “aguafiestas”, pero quizá sea aquel o aquella que me lee uno de los que han abandonado a la Selección Española durante años, que le dio la espalda tras la eliminación en el Mundial de Alemania a manos de la espléndida Francia de Zidane y compañía, y que ahora celebra la victoria como “gran seguidor incondicional de la Selección Española” cuando, verdaderamente, no ha sido así. Con esto último no quiero más que reflejar mi malestar con el oportunismo que ha existido y existe en estos momentos entorno a la Selección Española y, sobre todo, alrededor de la figura de Luis Aragonés, ya que esta victoria no debería estar dedicada a todos los españoles sino a todos aquellos que han respaldado a la Selección Española año tras año sin excepción alguna. Es sencillo subirse al carro en estos momentos, cuando los chicos de la selección han logrado alzar la Copa de Europa, pero dudo que si hubiéramos caído derrotados contra Italia esa masa de personas que han celebrado la victoria de la selección hubiera sentido o padecido desazón alguna. Por otro lado, considero que son excesivas las celebraciones celebradas a raíz de la victoria en Viena por el mero hecho de que selecciones españolas de diversos deportes también han logrado importantes títulos en los últimos años y no he observado una movilización como ésta más que tras la victoria de la Selección Española de Baloncesto. Recordemos que la Selección Española de Hockey, aparte de la Copa de Europa del 74 lograda en Madrid, logró otra en Leipzig en 2.005 y consiguió un honroso segundo puesto en Manchester dos años después, así como la Selección Española de Balonmano se hizo con el Campeonato del Mundo en Túnez en 2.005 y la Selección Española de Voleibol con el Campeonato de Europa en 2.007. Por esto creo que es injusto los galones que reciben unos y la indiferencia existente hacia otros, que no hacen más que intentar superarse y alcanzar su máximo exponente representando a su país a pesar de ser ignorado por la mayoría de este último. La explicación de este hecho no es nada nuevo, y es que no sería novedoso comentar que el marketing que arrastran las grandes competiciones futbolísticas de primera línea es el más mediático del mundo, muy por encima de la propaganda y de la apología política, de ahí que se generen y circulen cantidades de dinero desorbitadas por el mundo del fútbol de primera categoría.

Podrían pensar, lectores, que esto lo escribo porque no tengo ningún tipo de interés por el fútbol y que, por tanto, pretendo echar bajo tierra todo lo que tenga que ver con este, sin embargo, estarían muy equivocados si opinaran de esta forma. Si bien es cierto que no sigo demasiado a los selecciones, ni siquiera vi ni la semifinal ni la final de España en la Eurocopa, sí que me decanto un poco más por seguir a la Selección Francesa, y como sabrán, esta no llegó lejos, pues quedó eliminada en la fase de grupos a causa de las indecisiones de Domenech. No obstante, dentro de las competiciones de clubes soy un acérrimo “supporter” del Manchester United, un “red devil” más, sin olvidar al Real Madrid, club al que sigo considerablemente menos. De hecho, si el destino se me personificara y me diera a elegir entre luchar por un Nobel, el que fuera, y poder ver todos los partidos del Man U, les aseguro que ni se me pasaría por la cabeza pelear, obviamente en sentido figurado, por alcanzar el premio sueco. Por lo que quiero dejar claro que mi crítica no va en contra del fútbol en sí, ni siquiera de las celebraciones, pero sí que se dirigen contra el oportunismo y contra los falsos seguidores, marchando también contra del desprestigio que supone el auge del fútbol frente a otras selecciones que, con menos, hacen mucho más.

Por último ya sumergidos en el tema futbolístico y aunque aún queda la pretemporada por delante me gustaría desearle a dos clubes en especial lo que menos necesiten para esta nueva temporada, en especial al F. C. Barcelona y al Liverpool. Al “Barça” le animo a que siga fichando defensas, tantos que pueda formar el once sólo con ellos y que vendan a Samuel Eto’o al mismo precio por el que han traspasado, más bien regalado, a Deco al Chelsea; si puede ser que sea al United. Al Liverpool le apoyo para que continúe haciendo el ridículo por la Premier, así como le pido a Torres que siga marcando la abultada cifra de goles que logró la temporada pasada pero que sirvan para lo mismo: para asegurar, en los últimos partidos, el cuarto puesto para los “scousers”.

Como han visto, hasta los seguidores del fútbol pueden ser autocríticos y aceptar que el circo de celebraciones que explota como consecuencia de una hazaña futbolística es exagerado, más cuando hay otros hitos deportivos que se desconocen y que, muchas veces, superan a los futbolísticos.

El deliz menos pulcro del mundo

Artículo número 119; publicado en El Faro de Ceuta.

El desliz menos pulcro del mundo.


Hugo de Lara López.

Siempre he considerado, y lo sigo haciendo, que la sociedad estadounidense, quizá por su juventud, está muy por delante del conjunto de las sociedades europeas, apenas el chauvinismo europeo puede distorsionar la imagen de los Estados Unidos como un estado racista, machista, xenófobo y con abundantes trazos de exhibicionismo. Posiblemente sean sus valores enérgicos, menos desgastados que los europeos, los que mantienen con fuerza a una sociedad de unos trescientos millones de habitantes repartidos en cincuenta estados, con diferencias estatales pero, inevitablemente, con unas semejanzas destacables. Es por ello que la solidez social que alcanza la unión de la masa estadounidense es difícilmente destructible, pues no reniegan de aquello que les une sino que, por el contrario, lo respetan como si se tratara de una ley sagrada, lo cual dota a la unión de todos los estados un potencial social que jamás alcanzará ninguna otra nación en la Historia del Mundo, pues no existen nuevas tierras por “civilizar”, y a partir de estos momentos el desarrollo de las sociedades caminará a un claro declive, donde las más resistentes, aún más magulladas por los crecientes conflictos, apenas destacará unos ápices sobre el resto. Este sumo respeto que se ha auto-inculcado la sociedad estadounidense es la que le permite dar una valoración especial, tal vez olvidada por los antiguos europeos, a todo aquello que les rodea, viéndose beneficiada la cultura y todos sus ámbitos, pues en lugar de perder contacto con las personas que conforman la sociedad incide más aún en ellas y se produce una interrelación, surgiendo un círculo más simple, más directo, más humano, transformándose el concepto de cultura y convirtiéndose en otro valor inescrutable para los estadounidenses.

Esto, por desgracia, no ocurre en Europa, cuyos habitantes parecen estar aburridos de la cultura y prefieren preocuparse de los “problemas reales”, despreciando todo el complejo cultural que no es más que un propio dilema inherente al ser humano, dado que es creación suya. La cultura, en definitiva, no se encuadra dentro de los valores europeos ya que no se entiende como una necesidad sino como un añadido a la dimensión humana y no como parte de ella, esto es creer que la cultura no les incumbe, cuando, realmente, lo hace más de lo creído.

Estados Unidos y sus habitantes, entre otras cosas, se caracterizan por su ultra-nacionalismo. Si bien es cierto, un nacionalismo acentuado sin recurrir a la violencia no es un gran problema (o al menos no debería serlo) lo que sí produce en este caso es una degradación de la imagen de los propios Estados Unidos en mucha de sus facetas por las continuas alusiones a la nación, casi obsesiva, o quizá sea lo que puede parecer a un espectador no americano, puesto que el nacionalismo escasea en el mundo actual. No obstante, su sociedad también se caracteriza por vivir en una vasta burbuja formada por falsos héroes o ídolos de papel que, sin mérito alguno, se encumbran a costa de una sociedad adolecida de una extrema debilidad en su inefable alma tan aplicada para unas cosas y tan absurdas para otras. Sorprendentemente es más complicado hacerse notar y destacar en un país europeo como Inglaterra, España o Francia que en los propios Estados Unidos, y tal vez la explicación la tenga la propia juventud que mientras en Europa no necesita, obligatoriamente, un ídolo al que seguir por poseer una amplia personalidad y, posiblemente, una ilusión mucho más comedida, en los Estados Unidos se muestra deseosa de seguir a una o a varias personas referencias que conformen, como poco en su apariencia, lo que ellos desearían alcanzar, con una obligatoriedad obsesiva casi fútil pero no por ello menos respetable. Prueba de ello son los Jonas Brothers, desconocidos en Europa, los cuales pretenden penetrar en el antiguo continente así como lo hicieron en su tiempo otra banda de chicos muy parecida a estos, más crecidos y más numerosos, a los cuales no nombraré para que continúen sumidos en el olvido del fracaso post-triunfo. Este nuevo grupo que está arrasando rotundamente en los Estados Unidos no ha necesitado una voz brillante, ni siquiera destacable, más bien rácana e insuficiente para unos chicos con tantos seguidores (más ellas que ellos como es obvio), sin embargo ahí les tienen, en la cumbre de la fama estadounidense sin merecerlo.

Algo parecido ocurre con las chicas atadas por canales importantes estadounidenses como reclamos de un público bastante amplio, por una parte de las chicas como modelo a seguir y por otra parte a los chicos por razones que se sobreentienden. Disney, cuya suerte alcanza límites insospechados, en sus ansias de dominar el panorama juvenil estadounidense, conformó el fichaje de la joven Miley Cyrus (15 años), actual ídolo en Estados Unidos y mentada como la nueva Britney Spears, cuyas actuaciones destacan más por su fama artificial fomentada por la propia compañía a través de su papel protagonista en la serie Hannah Montana que por sus verdaderas aptitudes. Nickelodeon, en su afán por oponerse al triunfo de Disney, busca sus “nuevas joyas” y utiliza, principalmente, a chicas jóvenes para atraer la atención del público antes mencionado. El objetivo es alcanzar el triunfo a través de chicas de apenas quince o dieciséis años, sin criterio alguno, cuyas vidas arruinan puesto que no le ofrecen otra opción más que aceptar la suculenta oferta que les propone. Realmente es una condena para ellas y una afortunada bendición para las grandes potencias televisivas que tutelan sus beneficios. Una ley del dinero agridulce y cruel, pues aquellas que no triunfan caen de lo más alto dando lugar a un desplome excesivamente duro para unas jóvenes con tan poca experiencia. Sin ir más lejos, hace apenas una semana, asistí por casualidad a las continuas adulaciones que recibía Malese Jow en una incipiente página web donde existen una serie de canales personales en los cuales cada usuario tiene su propio espacio compuesto por una pantalla para emisiones y un “chat” anexo; afortunadamente, sólo tuve que devolverle, por cortesía, el saludo que me mandó. Esta, una de las jóvenes actrices de Nickelodeon que también alcanzó la gran pantalla con la película Bratz, a pesar de relucir con continuas sonrisas ante los arrodillamientos de sus espectadores transmitía artificialidad y tristeza, pues quizá ella desconoce dónde se metió hace un par de años atrás, pues su carrera no está siendo para nada destacable y, posiblemente, muera en el montón de jóvenes fracasadas. Más que en Europa, en los Estados Unidos, la fama tiene un vigor tan preponderante que se escatima todo el pudor posible para alcanzar el objetivo que se proponen los grandes siempre con un fin: el dinero y, su inestimable amigo, el poder.