Artículo número 124; publicado en El Faro de Ceuta.
Objetivo: ¿Fama?
Hugo de Lara López
Es común, conocido y muy difundido que a una falta de respeto le sigue, inmediatamente, otra en la mayoría de los casos en los que se inicia una disputa de una u otra índole. Cualquier persona con dos dedos de frente, además de no insultar o no agredir verbalmente al prójimo, conoce que si falta el respeto a otra persona esta puede responderle de la misma manera, esto como comprenderán es obvio e incluso podrían pensar que es tan obvio como estúpido explicarlo, y estarían en lo cierto. No obstante, parece que esto no les queda claro, aún, a ciertas personas, que esperan que se les respete sin apenas ofrecer los mínimos indicios de esa palabra llamada respeto.
La historia que se ha cernido en estos últimos días sobre uno de los concursantes, Pablo López, del “reality” musical “Operación Triunfo” es tan absurda como predecible puede resultar el oportunismo de algunas personas por intentar escalar hacia una fama de papel cuyo valor parece alcanzar al oro, no siendo más que un alarde chabacano y plenamente superficial.
Antes de nada sería preciso dejar claro e insistir con rotundidad que en ningún momento actúo como “seguidor” del concursante, puesto que su estilo musical es totalmente ajeno a mis gustos así como lo es la parte de su personalidad que ha mostrado dentro de la Academia de Operación Triunfo. De hecho, teniendo en cuenta la pésima calidad de la última edición, si en cualquier caso tuviera que posicionarme de parte de algún concursante lo haría del lado de la actual campeona, a pesar de que este apoyo no sea más que un gesto de compadecer el trato recibido por parte de sus compañeros.
El dilema es sencillo: una supuesta fan acude a la firma de discos de Tarragona y, sin que le firme previamente ninguno de los triunfitos, se dirige hacia el concursante “fuengiroleño”; en ese momento, según narra esta fan le pide una firma no si antes llamarle “Chepablo”, mote con el que un miembro del jurado intentó ridiculizarle ante toda España, aun sabiendo todo lo que esto significaba para el malagueño. Supuestamente, otro concursante, Iván Santos, que estaba junto a Pablo, pide a la fan que se deje de tonterías. Acto seguido, según cuenta la desconocida fan, ambos concursantes cuchichean y se ríen y tras esto le es entrega la portada firmada a la chica, sin embargo, en aquella portada no había ninguna firma sino las palabras “Tu puta madre”, en contestación al primer insulto, siendo sacada dicha fan por los miembros de seguridad del lugar posteriormente. Personalmente todo este cuento no me parece más que el interés por propiciar, a través de la polémica, un abordaje fácil a la fama ya que aun siendo cierto no se puede pretender obtener diamantes por piedras, y menos si se desconoce con qué persona se está tratando, pues no se nos puede exigir a todos que respondamos de una misma manera ante una falta de respeto estén marcadas estas con buena o con mala intención. Esto último teniendo en cuenta que el caso aquí narrado fuera lo más cercano a la verdad y eludiendo todo lo que no cuadra como por ejemplo que la portada de la fan estuviera totalmente limpia, apenas manchada con aquellas palabras, a pesar de haber pasado por delante de varios triunfitos y, más extraño aún, habiendo ido para regocijarse con el contacto con la campeona de esta edición, cuya firma tuvo que ser dibujada con tinta invisible. Aparte de esto, la fan supuestamente “molesta” además de dedicar malos deseos al concursante en diversos sitios de la red, recordando su mote, insulta, con ciertos matices de homofobia, el amaneramiento del otro participante del concurso llamándolo “locaza”, evidenciando la nula o peor educación que se le ha inculcado. No hay que olvidar que fue esta persona la que se quejó de la falta de respeto de Pablo López, tratándolo como si se tratara de un atentado contra la humanidad, cuando continuamente asistimos a un bombardeo ofensivo antes y después de lo que esta fan dice que ocurrió.
Sin lugar a dudas, esto no es más que otra muestra de entre las miles y miles que evidencian el descaro y la escasa vergüenza que tienen algunas personas de esta sociedad que, además de sentirse afectadas por actos que ellos también cometen, buscan infatigablemente la manera de sobresalir de lo mezquino con más mezquindad con el único objetivo de obtener una dudosa fama cimentada en la cumbre de lo absurdo y lo apático, apenas visible desde las tierras de los decentes pero en pleno centro de las llanuras de los de siempre.