Artículo número 114; publicado en El Faro de Ceuta.
El Gran Incendio.
Hugo de Lara López.
- Emperador, ha ocurrido una desgracia en Roma. – (Desconcertado, el Emperador mira a su guardia personal, que ha acompañado al mensajero hasta su aposento. Tras esto, fija sus ojos en el mensajero.) – ¿Qué ha ocurrido para que hayas venido tan agitadamente a Antium? – Algo grave. – Termina con los ambages y cuéntame lo que ha acaecido. – Sí señor, siento comunicarle una noticia como esta, mas ha de saber que Roma está ardiendo. – ¿Ardiendo? ¿Cómo que Roma está ardiendo? – Sí Emperador, se desconoce aún la causa, mas la situación es crítica, por esto mismo he acudido a informarle lo antes posible. – (El Emperador se dirige a su guardia personal.) – Preparad todo, volvemos a Roma. – ¿Ahora? Emperador, ¿está seguro que desea volver ahora? ¿Por qué no esperar hasta mañana? Las instituciones sabrán qué hacer hasta su regreso. – (El rostro del Emperador cambia en breves segundos, antes lleno de preocupación ahora se colma de rabia.) – ¿Cómo dices? – Perdone Emperador, sólo era una sugerencia. – (El Emperador avanza y agarra, impío, al guardia por el cuello.) – Maldita sea tu sugerencia; si vuelvo a escuchar de tu boca cualquier lucidez que suponga una agresión para Roma y para sus habitantes ordenaré que te corten este insignificante cuello. – (Se acerca al oído del guardia y susurra lentamente.) – ¿Me has entendido? – (Apenas pudiendo articular palabras el guardia exhala un asentimiento entrecortado. El Emperador lo suelta y, tras recoger algunas de sus pertenencias, abandona la habitación. Su guardia personal, junto al mensajero, le siguen. Mientras tanto, la Capital del Mundo arde; el hogar de los humildes está siendo devorado por las llamas, mientras que sus desgraciados habitantes los desalojan con celeridad. Sin éxito alguno, varios de sus vecinos intentan apaciguar la iracunda fuerza del fuego, mas su fiereza continúa rugiendo por las calles de Roma. En una de las casas romanas aún no alcanzada por la divina condena teñida de rojo descansa una familia. Son cuatro. Sexto, el padre, descendiente de un liberto, acaba de tumbarse y ya navega por la mar del inconstante mundo onírico. Su mujer, igualmente descendiente de un liberto, yace junto a él con la más honrada de las actitudes. Sus hijos son muy jóvenes; duermen en un mismo cuarto, no muy lejos del de sus padres. Los dioses, para bien o para mal, ya han determinado cuál sería el sino de esta familia. Fuera de aquella casa los romanos ven llegar el fuego, que avanza sin compasión, como si no fuera consciente de lo que está provocando aun siéndolo, pues la viveza y el goce de la destrucción le incitan a resplandecer, le dan vida y consciencia, entereza y malvada pulcritud, deseo y sed, una interminable ansia de desgracia y muerte. ) – ¡Avisad a todos que salgan de sus casas, el fuego llega! – ¡Eh! ¡Ayudadme! ¡Esta puerta no se abre! – ¡Tira más fuerte! ¡Tira más fuerte! – ¡El fuego ya está aquí! ¡Ya está aquí! ¡Apresuraos! – ¡Es imposible no se abre! – (Aquella puerta no es otra que la de la casa de Sexto y su familia.) – ¡Está abierta! ¡Está abierta! – ¡Vamos a las habitaciones! ¡Rápido! – ¡No entréis, no entréis! – ¡El fuego está aquí, salid! – (El ruido ha terminado por levantar a Sexto, que se ha dirigido hacia la entrada, donde se ha encontrado a los romanos que pretendían salvarles. Su mujer, despertada por la misma causa, se sorprende cuando ve que unos cuantos romanos están dentro de su casa.) – ¡Tenéis que salir el fuego está aquí! – (El fuego, que ha llegado a la casa de Sexto, comienza a absorber buena parte de la misma.) – ¡Los niños, Sexto! ¡Ve a por los niños! – ¡No podéis ir a por nadie, la casa está comenzando a arder! – (El cuarto de los padres ha caído bajo el yugo de las llamas, y el techo comienza a incendiarse con una violenta impertinencia.) – ¡No puede ser! ¡Sexto, nuestros hijos! – ¡Nadie va a ir a por nadie, quien entre en esas habitaciones no podrá salir! Chicos, agarrad a estos dos y sacadlos de aquí ya. – (Varios romanos se acercan a Sexto y a su mujer y les agarran con fuerza.) – ¡Soltadnos! – ¡Rápido, rápido se incendia la casa! – (Los romanos sacan velozmente, en contra de su voluntad, a Sexto y su mujer de su malogrado hogar. Estos intentan deshacerse de las insistentes manos del resto, mas es imposible, son demasiados. Las llamas continúan consumiendo su hogar; no queda dependencia alguna que no esté invadida por la furia carmesí.) – ¡Fuera de aquí todos! – ¡El fuego avanza el fuego avanza fuera todos! – (La casa de Sexto acaba por derrumbarse. Este y su mujer están petrificados; han observado cómo ha caído su casa, cómo esta ha sepultado trágica y violentamente a sus jóvenes hijos, de apenas diez años. Aquellos que, inocentes como la hierba del prado, fueron moldeados por los divinos dioses, como si de arcilla se trataran, comenzando por su tez blanquecina que rimaba con sus pequeñas manos, de las que brotaban finos dedos y brillantes uñas. Aquellos enclenques cuerpos campearían el resto de la eternidad perdidos bajo la atenta mirada de los dioses, sus vetustos creadores, como otros tantos romanos que dan su último adiós a la ciudad tras su desgraciada incineración, no teniendo más que, desde tal despedida, un incierto futuro. El horror cabalga; la debacle no cesa; los gritos parten la noche, las centellantes luces del incendio dividen en miles de partes la oscuridad y los romanos imploran a sus dioses que sean clementes con lo poco que ellos mismos les habían otorgado años atrás. Mas no quieren los dioses que el fuego amaine su vehemente vesania, no quieren que el infortunio termine su malévolo provecho, y siendo así el decreto divino durante días se prolongó el trote por Roma de las furibundas llamas.)
Que sepas que en El Faro han puesto que el artículo no es tuyo, que es de un tal ‘Julio Martínez’ ( http://www.elfaroceutamelilla.es/content/view/12936/144/ ). Vamos, que has hecho el esfuerzo de escribir eso para nada. Vaya panda de sinvergüenzas que escribas tanto para que luego te traten así…………………………..
MEJOR ME CALLO YA.
¡Qué cutres!!!!!!!!!!!!!!! Jamás pensé que pudiera haber algo parecido!!!! jaajajajajaajajajajaajajaja
La gracia que le ha tenido que hacer esto a Hugo… Qué cara más dura. Como decía Octavio “y van…………….”
http://www.elfaroceutamelilla.es/content/view/12896/144/
http://www.elfaroceutamelilla.es/content/view/12896/144/
Ahora lo corrigen, justo cuando ya no va a entrar nadie más a leerlo… Son de lo que no hay. Chapuzas ceutíes, qué raro.
jajajajajajajajajajajajajajjajajaja son la releche esta gente, para que hagan algo bien en la web hay que rezar a Santa Lupita…….
Somehow i missed the point. Probably lost in translation
Anyway … nice blog to visit.
cheers, Sally!!