Hugo de Lara López

Artículos y otros…

La Batalla de los Vosgos

Publicado por hugodelara en Mayo 13, 2008

Artículo número 113; publicado en El Faro de Ceuta.

La Batalla de los Vosgos.


Hugo de Lara López.

- Ahí están los suevos. – Ya veo, ¿qué son esos carruajes que están cubriendo? – Sus familias. - ¿Cuántos son? – Alrededor de sesenta mil guerreros. - ¿Y sus familias? – El doble. – (César, pensativo, frunce el ceño mientras el centurión espera órdenes.) – En marcha, comencemos. – Sí señor. – Ariovisto, Ariovisto. - ¿Qué acontece? – Los romanos están preparados. – Bien, dispón las líneas según lo acordado. – Así será Ariovisto. – (Los suevos, viendo la posición de los romanos, refuerzan sus flancos y se preparan para el primer choque.) – A mi orden, Lucio. – Sí César. – (Julio levanta su brazo; los centuriones aseguran sus centurias y los soldados aguardan impacientes el comienzo de la batalla. El brazo de César cae y las tropas corren hacia sus enemigos. Estos permanecen atrás con el objetivo de contrarrestar el primer placaje romano. Con una terrible furia, los romanos embisten las primeras líneas suevas y revientan el silencio del lugar.) – ¡Vercégalo! - ¿Qué ocurre Ariovisto? – Observa eso. – (Ariovisto señala uno de los flancos romanos, descompuesto debido a la acometida.) – Toma tus unidades y aprovecha la descoordinación de esos soldados. – Sí Ariovisto. – (Vercégalo levanta su brazo y alguno de las unidades suevas que están luchando se retiran de la batalla y le siguen.) – ¡Marco! Los suevos mueven unidades hacia el flanco izquierdo. – ¡Voy! – (Los suevos consiguen resistir los ataques de los romanos e, incluso, están logrando hacer retroceder a los legionarios. Marco, habiendo visto que algunos suevos se dirigen al flanco débil, se apresura para llegar antes que sus adversarios al mismo lugar con sus soldados. Inesperadamente, algunos suevos superan las primeras líneas romanas y logran entrar en el entramado estratégico.) - ¡Cuidado Marco! – (Marco, que no ha visto la entrada de los suevos, recibe una estocada en el cuello.) – Un romano menos, ¿ves, incrédulo, que los romanos no son tan feroces? – Ariovisto, esto aún no ha terminado. – Sé que no ha terminado, mas con esto te demuestro que Roma y sus lacayos no son tan temibles como algunos dicen. – (A pesar de las palabras de Ariovisto, la faz de su acompañante continúa en plena tensión.) - ¡Suevos dentro de la formación! ¡Suevos dentro de la formación! - ¡Cayo detrás de ti! – (Cayo, tras ser advertido por otro soldado, se gira hábilmente y esquiva el golpe de uno de los suevos, clavando su gladius en la espalda de su enemigo. Las tropas suevas resisten a los romanos y las tropas legionarias comienzan a preocuparse. Viendo que la batalla se alargaba demasiado, César, que permanecía dirigiendo la estrategia, decide llamar a sus tropas de reserva.) - Mesio, comunica a Publio Craso que es ahora cuando deben atacar. – Así haré César. – (Mesio se aleja unos metros y levanta su mano, rápidamente cierra el puño, lo gira y lo baja.) – Vamos soldados, la señal ha llegado, es nuestro turno. – (Publio Craso y sus tropas acuden al campo de batalla y atacan con ímpetu a los suevos, los cuales comienzan a flaquear debido al potente empuje de los romanos.) – Ariovisto, esto no va bien. – (El comandante suevo, sin contestar, se dirige velozmente a las primeras líneas y comienza a luchar arduamente. Los legionarios romanos, junto a las unidades reservas de Craso, comienzan a hacer retroceder a los suevos.) - ¡Valerio a los flancos, ya caen! - ¡A ello me dispongo Adriano! ¡Proseguid vosotros con la presión, ya son nuestros! – (Los romanos avanzan implacables sobre el enemigo, que intenta contener a las legiones sin éxito alguno. Viendo la situación, Ariovisto, líder de los suevos, decide huir de la contienda. Este, tan cobarde como hábil en sus argucias, se retira del combate sin avisar a sus soldados, que continúan luchando aguerridamente.) - ¡Cornelio, Linicio, no dejéis que los soldados aminoren su empuje! ¡Valerio, reorganiza la caballería gala y rompe la formación sueva! – Sí señor. – (Los suevos, que reciben una presión enorme, no pueden retroceder más. Detrás de sí están los carruajes de sus familiares, los cuales, como era tradición entre los suevos, están apoyando a sus guerreros. Sin embargo, esto hace que los suevos queden bloqueados y no puedan huir de la batalla. Los romanos, astutos, se valen de ello para acorralar a los suevos.) - ¿Dónde está Ariovisto? ¡No desfallezcáis! ¡Un poco más! ¡Aguantad! – No podemos más, Vercégalo, los romanos son demasiados. - ¡Karrico! ¿Dónde está Ariovisto? - ¡No lo sé Vercégalo! - ¡Ha huido! ¡Ha huido! – (La desesperación comienza a hacer mella entre los suevos que, sin su líder, comienzan a ser masacrados por los romanos. Lejos de la batalla Ariovisto sigue corriendo para huir del lugar, tapando sus heridas con sus manos. Por un lado, los legionarios están matando despiadadamente a los suevos. Por otro lado, la caballería gala, aliada de los romanos, aprovecha la confusión y ataca a los familiares de los guerreros, desamparados en medio de la terrible lid que el sino les había preparado. Los romanos, arrinconan más aún a los soldados suevos. Muchos han caído ya, y ahora lo hacen sus familiares que, rendidos a los pies de los enemigos de sus soldados, están siendo asesinados cruelmente por los galos y por algunos de los soldados de Julio César.) - ¿Ordeno el final de la contienda? – (César, absorto en la visión de la batalla, calla por unos segundos.) - ¿Señor? – (Julio está viendo cómo los suevos están siendo aniquilados por sus tropas; él está viendo cómo sus familiares caen juntos a sus soldados; él está viendo cómo, a pesar de que sus familias no son guerreras, están sufriendo las iras del odio; él está viendo lo que la devastadora guerra que inició años atrás está provocando, pues esta, llena de aversión, está sometiendo a la mayoría de la población, exterminando al resto, a los insumisos, a los que defienden sus tierras. Él está en silencio, en mitad del caos, hasta que la insistente presencia de Mesino hace que emita las primeras palabras de la victoria.) – Ordénales que cesen; esta lucha ha terminado.

4 comentarios a “La Batalla de los Vosgos”

  1. Estoesloquehay Dice:

    Vaya con Cesar, que sangre fria…

  2. Octavio Dice:

    Vaya con Cesar, que sangre fria…

    Por eso mismo llegó a dominar toda la Galia.

  3. E. T. Dice:

    Una pregunta: ¿este chico es nacido en Ceuta? ¿Que edad tiene?

  4. Octavio Dice:

    Una pregunta: ¿este chico es nacido en Ceuta? ¿Que edad tiene?

    Supuestamente sí ha nacido en Ceuta. Su edad exacta ni idea, pero tiene que ser bastante joven, porque recuerdo haber leído algún comentario suyo en alguno de sus artículos. Por eso decían por aquí que no estaría de más que pusiera datos sobre sí mismo, por lo menos para que sepamos a quién estamos leyendo…

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