A ti, Horacio
Publicado por hugodelara en Abril 19, 2008
Publicado en El Faro de Ceuta dos veces: una vez en el especial de Navidad (2.007) y posteriormente de nuevo en mi sección (enero 2.008).
A ti, Horacio.
Hugo de Lara López.
Condecorado, él, por dictadores
clamó al cielo ancestral con sus dones,
siervo del tirano y de sus leones,
ensalzándole con miles de honores;
nacido humilde en fértiles redores,
do nunca pensó de sí admiraciones
por cultivar divinas reflexiones
ajeno a la ciudad y sus horrores.
Mas llegado fue el nefasto día
cuando tú fuiste enriquecido hipócrita
entonaste tu vil egolatría:
pues pulcro grabaste “aurea mediocritas”,
mientras el lino tu cuerpo cubría
y su áurea talla clamaba: “hipócrita”.
¡Cuán simple fue clamar mediocridad
de entre hojas de marfil y riquezas
de mano de la fortuna y tu alteza
que redimió toda tu saciedad!
En tanto que tu pueblo, sin verdad,
hubo de aguantar siglos de vilezas
martilleados por tus realezas
en pos de tu infame mediocridad.
Como mal hijo tu aldea abandonaste
para servir a los grandes tiranos
y tu arte con ello asesinaste,
rebanando tus inocentes manos
a las cuales, por ellos, traicionaste
para la eternidad de los humanos.


Abril 19, 2008 en 4:00 pm
Precisamente de este tengo las dos publicaciones en las que salió, que creo que ninguna de las dos se colgaron en la página online del periódico.
Si algo se puede decir es que la reanimación del Mundo Clásico que Hugo lleva a cabo es muy importante, ya no hablamos de una revitalización o reanimación local sino nacional, porque muchos de estos artículos están a disposición de cualquiera que busque información sobre esto. Es importantísima esta labor de cara al futuro más de la cultura y de la literatura de España que a su propio futuro o al de la ciudad.
Abril 19, 2008 en 8:25 pm
Así que este es el famoso poema, lo he estado buscando por internet porque escuché a alguien (creo que a una amiga) hablar de esto.
Escanea, escanea!!! Jajajajajajaja
Abril 19, 2008 en 8:32 pm
Bueno yo no sabía ni que existía esto (esencialmente porque llevo poco entrando por aquí), pero lo que deja clarito con esto que sabe hilar tanto una poesía basada en cánones clásicos como una poesía libre. No sabría decir cuál me parece más interesante, o realmente sí, por lo que me toca como estudiante de filología clásica diría que esta. Tiene una elaboración más ardua que la anterior, aunque la anterior tiene un significado y una rima interna realmente acertada. Pero esta me parece una creación y una revelación aún más profunda si puede, la del escritor que traiciona a sus principios, aun negándolo a través de sus escritos y de sus fórmulas. Me parece un gran acierto porque el flirteo de Q. Horacio Flaco con la élite imperial no es lo más ‘consecuente’ para alguien que cree defender al pueblo y que reclama la mediocridad.
Así que me parece un gran acierto y una mejor poesía.
Abril 20, 2008 en 11:18 pm
Laetitia, ¿tú eres la que escribe comentarios en El Faro también?
Abril 21, 2008 en 1:18 pm
No, nunca me he pasado por la web de El Faro, ¿por?
Abril 25, 2008 en 12:45 am
Dejo al margen la calidad del poema. Quisiera sólo hablar sobre su contenido.
Si no lo he leído mal, se trata de un reproche moral a Horacio por su doble visión. Se le reprocha que escribiese con una actitud y viviese con otra.
Puede decirse -sin embargo- que la ética del autor no posee ninguna relación con la calidad literaria de la obra. Uno puede ser una persona despreciable, y escribir con el más absoluto de los talentos.
Pero no es eso lo que critica Hugo. No pone en duda la calidad de su poesía, sino la veracidad de su mensaje. Horacio no es consecuente. Entonces me pregunto qué significa “ser consecuente” para un poeta.
Puede significar que escribía sobre bellas cosas mientras hacía las malas. O sea, que Horacio -según Hugo-, no debería ser un ejemplo para nadie. Quizá su poesía sí (siempre y cuando no se doblegase al poder), pero no su actitud.
Me resultan curiosas algunas estrofas:
“por cultivar divinas reflexiones
ajeno a la ciudad y sus horrores.”
“Como mal hijo tu aldea abandonaste
para servir a los grandes tiranos”
“a las cuales, por ellos, traicionaste
para la eternidad de los humanos.”
Aquí se nota demasiado el peso de los siglos. Estos reproches no hubieran surgido hace quinientos años. Paso a hablarte directamente: Tú y yo vivimos en una democracia y sabemos lo que ocurrió con Roma. Cuando Horacio vivía, Roma acababa de salir de una guerra Civil tras el último triunvirato, y todo el mundo vivía en espera de una época mejor, libre de traiciones y de conspiraciones. La democracia era inviable porque las condiciones no lo permitían. Un griego, no recuerdo mal, dijo una vez que una democracia jamás funcionaría con más de 8.000 personas. Dejo a los expertos la meditación sobre si nuestra democracia, sustentada en los medios de comunicación y los agentes de publicidad, nos permite conocer las realidades del gobierno.
La realidad del gobierno de Roma era Roma.
Horacio era amigo de Augusto. Han pasado tantos siglos, que llamar dictador al primer gran emperador del imperio Romano nos resulta anacrónico. En una época en la que la esclavitud estaba consentida por todos los pueblos del mundo, el concepto de dictador imperial carece de sentido. Has de comprender que los valores eran muy otros. Incompatibles con los nuestros. Correcto.
Eso hace que tu perspectiva moral sobre Horacio no afecte a Horacio. Ambos os movéis en ámbitos distintos. Horacio podría volver de la tumba y lamentar nuestra debilidad.
“¡Qué infame pueblo éste que sólo se educa para trabajar y morir! ¿Dónde está la entereza? ¿Y la sabiduría? ¿Por qué trabajan de lunes a viernes para poder pagarse los sábados y los domingos? ¿Qué clase de cosa es este anodino entretenimiento llamado televisión?”.
Y nosotros le replicaríamos algo más mordaz aún.
Por desgracia, nunca nos pondríamos de acuerdo.
Una mente sana sabe hallar la grandeza de cada época midiéndola con esa misma época.
Me pregunto honestamente, ¿quién hubiese hecho lo mismo que Horacio, estando en sus condiciones?
No le importaba la masa, la plebe; le importaba Roma. Ni siquiera buscaba el poder, sino la tranquilidad personal.
En esa época, los movimientos sociales no existían, ni podían existir. El pueblo era digno de nada. Si odiais a sus dirigentes, iamginaos cómo serías aquéllos a quienes dirigían. Vivían en perpetua guerra fronteriza, no sabían quién era Cristo, y sus concepciones de la vida eran muy distintas.
El biógrafo Suetonio presenta a Horacio como individualista, alegre, sensible -aunque también bastante irritable-, y de natural bondadoso. Se hizo amigo de Augusto, que ostentaba legalmente el poder en una época turbia. Rechazó incluso ser su secretario personal en el 25 A.C.
Vivió siempre al margen de la vida social. Ni siquiera le gustaba que se leyesen sus poemas en la escuela. Lo encontraba inútil, y se sentía incómodo.
Cualquier referencia que puedas leer (y te reto a localizar alguna que lo describa sin juzgarlo como tal) lo retrata como un hombre cuyo talento lo impulsó lejos, pero que siempre vivió más pendiente de su vida interior que de sus lujos. No desdeñaba el lino, pero tampoco lo perseguía. Dado que sólo se preocupaba de los “pequeños placeres”: poesía, mujeres, buena conversación, amistades, vino… poco interfería en la vida de los demás.
De hecho, dos matizaciones.
En primer lugar, el lino no era la prenda de lujo en Roma. De hecho, se usaba muy comúnmente.
En segundo lugar, mediocritas no significa en latín “mediocridad”, sino término medio, moderación.
De hecho, la vida que llevó Horacio fue exactamente así.
Vivió para sí mismo, sin perjudicar a nadie. Aceptando la vida sin riesgos, disfrutando de las pequeñas cosas y conquistando a todo (incluso al emperador) por su censillez y humildad. Era epicureísta y una personal muy individual. Concedo que su poesía sufre y desmerece cuando habla de política. ¿Y bien?
Si Horacio volviera para enfrentarse a las acusaciones del poema, seguramente no comprendería nada. Carlos Marx apareció 19 siglos después, y en unas condiciones muy distintas. Horacio no tenía razones sociales para hacer nada. Ni nadie. No las había. No en Roma, ni como lo entendemos ahora. No traicionó a nadie porque siempre pasó del pueblo y se centró en la “mediocritas” de los actos de su vida. Augusto lo ensalzó y él aceptó esa valoración sólo en lo que humildemente se valoraba: como poeta. No quiso formar parte de al política.
No había pueblo al que traicionar, porque no había pueblo.
Mi imaginación no da para pensar en alternativas a Augusto. ¿En Roma? ¿En el siglo I? ¿Una patronal, quizá? ¿Otro golpe de estado, más guerras? No había más perspectivas políticas.
Horacio vivió en su época, halló su lugar y murió con la conciencia tranquila. Querido por sus amigos y alabado por los poetas.
De hecho, añado una descripción de Augusto sacada de la wikipedia:
“La audacia de Augusto le llevó al poder y su gobierno se caracterizó por la prudencia con la que gobernó. A cambio del poder absoluto y la confianza que el pueblo había depositado en él, Augusto dio a Roma 40 años de paz cívica y de prosperidad constante, el período conocido históricamente como la Pax Augusta, o paz augusta. Creó el primer ejército permanente y la marina de guerra de Roma y colocó a las legiones a lo largo de las fronteras del imperio, donde no podrían involucrarse en la política. También reformó las finanzas de Roma y los sistemas fiscales.”
Ignoro qué desearías que hubiese hecho Horacio con un hombre que instauró la Pax Augusta. Horacio, un hombre que no tuvo poder sino amistad, y que sólo creía en su talento.
No puedo concluir sin citar al propio Horacio en sus momentos más sublimes. ¡Ojalá aprendiésemos todos de él!
Helo aquí:
“Cuánto mejor soportar lo que vendrá,
tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos o el último,
que ahora fatiga al mar Tirreno con las peñas porosas;
sé sabio, filtra los vinos y, en este espacio breve,
abandona una esperanza a largo plazo. Mientras hablamos, huye
el tiempo envidioso: disfruta del presente, y cree poco en el futuro.”
Abril 25, 2008 en 2:46 pm
Puede ser que por el paso de los siglos nos hayamos sensibilizado demasiado con el pasado, pero bien es cierto que sí hubo personas que dieron su vida por el pueblo y para que los grandes poderes no acabaran por maltratarlos más cruelmente aún. Luego hablaré de esto, iré por puntos. Esto es lo que yo opino.
Cuando se habla de lino no se habla de lujo sino de una distinción respecto a la plebe, aun así sí que es un objeto que no todos se podían permitir y tenía variaciones como el lino de Arabia que luego se exportaba a Roma que era de una calidad superior a otros tantísimos textiles. A pesar de que Roma sí que tenía industrias textiles de lino (como cáñamo y lana), pero no se puede decir que el lino era “común” y que por lo tanto estaba repartido por la plebe, máxime cuando algunos linos extranjeros, como el de Arabia, eran de un valor enorme. Aparte no sé hasta qué punto el autor ha querido traducir el lino como objeto de gran calidad o simplemente como un objeto que le une a la mayoría de la población romana, como sello identificativo puesto que había industrias de lino en Roma y era común, pero también había un lino más caro, y no común en Roma ni mucho menos accesible para todos.
El término “Mediocritas” significa varias cosas: moderación, término medio, medianía || mediocridad, insignificancia, pequeñez (diccionario vox). Y casi siempre se traduce por “mediocridad”, de hecho la mayoría de los doctores/catedráticos hablan del valor que le da Horacio a la mediocridad, y no a la moderación, al menos no en este sentido y en el poema en el que se hace referencia a ello.
Horacio no acepta la política por los precedentes y las turbulencias políticas, como medida de seguridad. Si no hubiera querido relación alguna con Augusto no la hubiera tenido, sin embargo sí que hay una relación lo suficientemente sólida como para decir que son “colegas”, “amigos”.
Un pueblo, una plebe defendida por los tribunos de la plebe que dejaron sus vidas atrás, sobre todo en la época turbulenta anterior al primer triunvirato con los hermanos Draco entre otros. Sí existe un pueblo, y sí existe una referencia a la moral del grupo, lo que ocurre es que Horacio no es lo suficientemente hombre como para hacer lo que él cree. Piensa de una forma y actúa de otra, muy distinto a Cicerón que, por ejemplo, teorizaba y puso en práctica sus dotes oratorias. El que quería ayudar al pueblo lo hacía, incluso arriesgando su vida. De hecho, si nadie hubiera arriesgado su vida en Roma, en Grecia y en los reinos posteriores por el pueblo, hoy en día seguiríamos en unas condiciones paupérrimas. Es inútil decir que en Roma no existía plebe y que, por lo tanto, no se podía hacer nada.
En definitiva, si un escritor no sabe ni lo que escribe o realmente no lo cree, lo que dice está tan vacío como podían estarlo las ideas de Nerón. Horacio no es tan perfecto como se ha contado y este poema es una de las piedras que contribuyen a extender este punto de vista. El cual es bastante interesante porque nadie lo había hecho tan claramente hasta este momento. Todo habían sido adulaciones a su forma de pensar, de actuar, de escribir, pero sólo porque era un genio, y los genios pasan a la posteridad sin taras, el avance llega cuando se descubren esas taras y se desmitifica al genio que, por supuesto, podía haber muerto por sus ideales y, sin embargo, no lo hizo. Dejó que sus ideales murieran en su cabeza y en sus escritos, pero no en sus acciones.
Abril 26, 2008 en 12:26 pm
“Podía haber muerto por sus ideales y, sin embargo, no lo hizo”
Te prometo que desconozco cómo (ni por qué).
Es verdad que era amigo de Augusto, pero él predicaba la moderación con los excesos, el disfrute del momento, la falta de sobresaltos, y la vida ordenada y constante.
“Si un escritor no sabe ni lo que escribe o realmente no lo cree”.
Entonces pienso: ¡Si él predicaba lo que creía!
¿Qué hace un escritor que ama la vida si las circunstancias le sonríen? Él mismo dice desprecia al vulgo.
Es verdad que compone poesías para glorificar al imperio, pero no veo qué tiene eso de malo. La única pega que se me ocurre es que esos poemas son peores que las poesías para disfrute propio.
Aun reconduciendo mi punto de vista, Octavio, no veo su doble moral por ningún lado. Atendió a lo que le interesaba sin perjudicar a nadie.
Lo que quieran morir por el pueblo, signifique lo que signifique, son libres de hacerlo. Horacio estaba preocupado por otras cosas, y no me parece un doble rasero (de hecho, todos en la atigüedad le consideraban humilde y bondadoso, dejando aparte sus arrebatos de mal genio.
De verdad que no lo veo.
Abril 26, 2008 en 4:29 pm
¿Humildad y despreciar al vulgo son dos disposiciones morales que pueden ir de la mano? Yo creo que no. Desde luego esto es algo que entra dentro de la concepción de cada uno, unos creen una cosa y otros otras, lo que no quiere decir que uno estén en lo cierto y otros no y a la inversa. Al menos yo tengo la idea de que Horacio fue mejor poeta que persona, porque no supo ser consecuente, tú mismo lo dices “le consideraban humilde y bondadoso”, alguien que es humilde y bondadoso no puede despreciar a un vulgo empobrecido y magulleado por los poderosos.
De cualquier forma, es sanísimo que en este país se den discusiones como la que nosotros estamos teniendo hoy en día, porque significa que centramos nuestra atención en grandes puntos culturales, y creo que eso es lo más importante de la recuperación cultural clásica que está haciendo Hugo, porque, ¿cuántos escritores de la actualidad en España escriben más por devoción y por ayudar a la cultura del país que por su interés comercial? Creo, a pesar de nuestras discrepancias, que esta discusión es una señal buenísima de lo que puede suponer una “reculturación” plena. Tú das tu opinión, yo la mía, y así contribuimos a prodigar la intelectualidad y la cultura que no es más que lo que se propone con estos escritos, que supongo que tendrán en cuenta la gran controversia que crean.
Aun asi, por lo menos yo respeto a Horacio como poeta, no tanto como persona que creo que es lo que se critica aquí, esa “inconsecuencia”, que al fin y al cabo no es más que otra de las muchas debilidades humanas. Parece que es una forma de humanizar a Horacio y desmitificarlo, sin restarle los méritos, recuerda “divinas reflexiones”.
Abril 26, 2008 en 5:36 pm
Me parece fuera de lugar la sobreprotección que se le quiere dar a Horacio cuando Horacio actuó de una forma y ha sido juzgado por ello al igual que él juzgó muchas cosas.
Ovidio, siendo mejor persona y más consecuente que Horacio tuvo una peor vida, quizá por hacer lo que él pensaba que debía de hacer y por escribir con cierta lascivia, pero era lo que él pensaba lo que a él le gustaba. Su poesía es fantástica, muchísimo más que la de Horacio, sólo que este último logró reunir una serie de tópicos con una fama ulterior amplísima y Ovidio fue maltratado por ser, precisamente, consecuente.
Virgilio, que contribuyó junto a Horacio a crear la leyenda de Augusto, asumió su trabajo al servicio del poder máximo de Roma y fue consecuente con ello, sin dar ningún tipo de lección moral al saber que, al estar sirviendo al gran poder de Roma, él mismo colaboraba al enaltecimiento de esa poderosa cúpula.
Y podría citar a tantos otros como Propercio o Tíbulo, que completaban el círculo de Mecenas, una persona entrañable por su inestimable labor a la cultura y porque supo establecer los límites de su amistad con Augusto, a pesar de actuar en el gobierno romano. Mecenas fue el contenedor y el guía de las buenas acciones de Augusto, así como Séneca lo fue en los primeros años del gobierno de Nerón, hasta que su áspero círculo acabó por hacerle enloquecer, con su madre Agripina, sobrina de Claudio, a la cabeza.