Artículo número 109; publicado en El Faro de Ceuta.
Apatía e indolencia, “menudas” armas.
Hugo de Lara López.
El ser humano ha demostrado que puede cumplir, a una velocidad extraordinaria, cualquier objetivo que se proponga. No en vano en menos de cuatro mil años ha pasado de estar conociendo los primeros grandes metales a transitar por una enorme red mundial que le permite saber qué ocurre en la otra punta del mundo en tan sólo segundos. Por esto mismo, no me creo que el ser humano no esté en disposición de hacer o deshacer lo que el ánimo le imponga y le exija. La cuestión es que, en el mundo actual, el ánimo se confunde con la gula y las exigencias quedan trastornadas por la antipática apatía.
Increíblemente, y al borde de lo absurdo, el ser humano de hoy tiene menos capacidad de resolución e implicación en los problemas que van surgiendo en la sociedad incluso teniendo más medios y respaldos tras sí que hace cincuenta, cien, trescientos, quinientos, ochocientos o un millón de años, no obstante, el ser humano ha demostrado, y demuestra, que cuanto más tiene menos hace por evolucionar el trato con el entorno, quizá una medida triste, pero también, en cierta medida, lógica y comprensible dentro del prisma del egoísmo.
En particular la sociedad española, dejando al margen las reivindicaciones de la fabulosa sociedad estadounidense, con todo el amplio marco cultural que la compone, está mostrando su cara más áspera, exasperante y fútil, pues es incapaz de resolver los problemas en los que se ve envuelta, puesto que su nivel de implicación es inexistente, o al menos mínimo, lo cual hace un daño grave a la estructura social actual. Realmente no existe un bloque sólido dentro de la sociedad que decida hacer frente a un problema social, pues cuando este se comporta mínimamente peligroso o fuera de lo común sólo una persona de entre miles continúa haciendo frente al obstáculo para, posteriormente, fracasar. Un acento cobarde que choca con la furia española de 1.808, pero que coincide con el incesante fantasma que nos acompaña en nuestra eterna fama mundial de fiesteros y poco más, que al fin y al cabo es como se nos recordará hasta que el mundo se canse de seguir aguantando nuestras incesantes infecciones, y aún así habrá algún que otro español al que esto le parezca bien, ¿acaso lo dudan?
La principal arma de la sociedad actual para hacer frente a los problemas es, de cierta forma, evitarlos sin dejar evidencia de ello. Es decir, conseguir que el problema se diluya de los ojos del resto de la sociedad pero no del camino, pues este no desaparece, únicamente queda atrás, un simple obstáculo inservible, un mero residuo sin importancia, sin la suficiente fuerza como para dar verdaderos quebraderos de cabeza; sin embargo, en ese momento se olvida que, de por sí, un problema no es una traba lo suficientemente sólida como para hacer mella en el panorama social de un país, el verdadero conflicto surge cuando deja de ser un problema y los amontonados se cuentan por miles. Es entonces cuando todos vuelven la vista hacia atrás y descubren que los problemas no habían desaparecidos sino que, simplemente, se habían apartado. Nuestra sociedad es sabia en esta manera de operar, summa cum laude, pues lo único que sabe hacer con mediana solvencia es recoger firmas para arreglar o desarreglar lo que a ellos se les oponga. Para todo, para lo que sea, se lanzan a la calle dos o tres personas a recoger firmas y, algunas veces, a duplicar otras tantas con la convicción de que todas esas firmas, que no representan ni a un 30% de la población del lugar la mayoría de las veces, puedan solventar problemas de una magnitud considerable.
No me imagino, por más que lo intento, a los cartagineses recogiendo firmas para no ser arrasados por los romanos. Tampoco me imagino a la plebe romana haciendo lo propio para reclamar la integridad de sus derechos. Y menos aún a Darío III Codomano para que Alejandro Magno no le hiciera frente. Esto es, lectores, una manera de ayudar a la sociedad sin ayudarla, pero dando de qué hablar. Porque, seamos sinceros, ¿alguien piensa que con cien firmitas o incluso mil se podría tomar en serio reclamaciones que no representan ni a una cuarta parte de la población total? Aún estas firmas no han conseguido resolver ningún problema verdaderamente importante, sólo la presión mediática posterior ha logrado que la alta cúpula responda y atienda, a medias, lo que reclaman los medios, que no son más que transmisores, casi siempre, de las preocupaciones e inquietudes del pueblo. La recogida de firmas únicamente queda inmortalizada por su futilidad, no siendo más que una manera de no hacer frente a la realidad ya que, desgraciadamente, la sociedad española se niega a actuar de cualquier manera que implique su tiempo y su esfuerzo en una tarea ardua pero totalmente necesaria para el país y, por lo tanto, para mejorar el futuro de los suyos.
Mas claro no se puede ser y estoy totalmente de acuerdo que la manera de esquivar los problemas no es la solucion para resolverlos porque todos sabemos que despues cuando deja de ser un problema y pasan a ser bastantes mas es cuando empiezan los lloros y las suplicas, eso si, de mientras todos de brazos cruzados.
P.D.: Siempre nos quedara recoger firmas.
Historicamente hasta que no hemos tenido la soga al cuello no hemos respondido como debiamos hacerlo, asi que menos lo vamos a hacer ahora que estamos “relativamente mejor” (cualquiera que eche un vistazo al computo general de nuestra sociedad no podria decir lo mismo). Pero tenemos que vivir con ello, nadie va a hacer nada y los que quieran hacer algo van a ver frustradas sus metas… Cada vez tengo mas claro que en este siglo vamos a pasar sin pena ni gloria, aunque yo diria que con mas mediocridad que ingenio, y si no al tiempo. ¿Que ocurre con las sociedades que no valoran su propia cultura? (vease el respeto que EEUU tiene a todo lo estadounidense) Esto es precisamente lo que necesita España que su sociedad se mentalice que no todo lo extranjero es mejor que lo nuestro y que se comience a valorar lo que tenemos aqui y se impulse nuestros aspecto mas fuertes. Pero bueno, esto no va a ocurrir. Ni los españoles van a preocuparse por la sociedad ni los pocos genios que destaquen en la sociedad se van a centrar en la sociedad española…
Ídem.
Y lo peor que no nos damos cuenta… así luego piensan de nosotros en el resto del mundo lo que piensan y ante la historia y el saber popular mundial somos el hazmerreír. El día que nos demos cuenta será demasiado tarde, pero al menos nos habremos dado cuenta. Menos es nada.
Bueno los intereses de la sociedad española en este momento son otros muy distintos al de cultura sí, cultura no o cultura a media, lo que es bastante malo pero también debe ser acatable. La mayoría elige, y si elige mal es su problema, eso sí, que luego no vengan los arrepentimientos (como he leído que también han dicho por aquí) ni las penas. En una sociedad en la que la primacía es quedar por encima del prójimo no creo que tengan cabida otro tipo de reflexiones, y mucho menos si estas son más profundas de lo normal…