Realismo

Artículo número 107; publicado en El Faro de Ceuta.  

Realismo.


Hugo de Lara López.

Mi tocayo, el señor alemán Hugo Ball, se revolvería en su tumba si supiera hasta dónde ha llegado la apreciación del antiestético dadaísmo por parte del arte universal posterior. No hubo dimensión artística peculiar que no experimentara la abigarrada ejecución de los dadaístas, pues tanto la literatura como las artes plásticas, sin excluir otras disciplinas menos rigurosas, observaron cómo todos sus principios comenzaban a ser dilapidados sin una razón aparente o, quizá, excesivamente aparente.

Lo cierto es que el dadaísmo infligió un daño mortal al arte y a su estética forzando una convulsión artística que Marcel Duchamp culminó con sus injustificadas aberraciones, contempladas hoy como el resultado de la original labor del prototipo del artista “genial” y de alma “rebelde”; precisamente estas “originalidades” se han traducido como una contribución importante a la consagración del dadaísmo como una de las vanguardias más transgresoras de la historia del arte. Para la literatura, el dadaísmo fue una fiebre pasajera, pero para la pintura esta fiebre se ha perpetuado hasta la actualidad mediante la combinación con diferentes vanguardias llegando a un punto crítico en el que no existe una corriente realmente definida, pero sí un sustrato dadaísta difícilmente de erradicar. El dadaísmo ha continuado extendiéndose, aunque a niveles bajos, por su alta capacidad de ofrecer un margen de acción bastante amplio que únicamente exige un mínimo nivel creativo y una paupérrima preocupación técnica y estética, lo cual estimula a una gran masa de artistas.

En este sentido, la pintura ha de ser reconducida. El feísmo y lo incongruente del dadaísmo, aunque actualmente sea casi imperceptible, continúa existiendo en las raíces de la pintura sobre todo nacional. La solución es sencilla desde un punto de vista teórico y no tan simple desde la concepción de la técnica, aunque tampoco se reclame una capacidad técnica excesivamente depurada. Se debe retomar, con urgencia, la exposición de la belleza de la realidad, de todo aquello que se contempla en la naturaleza y que, por tanto, es bello. Esto no significa que la belleza de la realidad sólo contemple lo placentero, lo hermoso, lo espléndido, lo elegante, lo atractivo, lo noble y lo primoroso del ser, pues entonces estaríamos rechazando el frenesí patético, y no es lo que pretende un arte puramente humano; el patetismo, como resultado de la naturaleza, también pertenece a la belleza de la realidad, como sentimiento puro y no artificial que convierte al humano en el ser, cediendo este último lo más sentimental del propio humano, lo cual es peligroso por su enorme propensión a evidenciar la insignificancia del humano respecto a la inmensidad del mundo, que a su vez es tan insignificante, como el humano, ante el universo, sin embargo, refuerza y reafirma la individualidad de la persona como sentimiento (ser) y como humano.

El artista debe comprender que la belleza de la realidad abarca todo lo que la naturaleza crea o estimula en este mundo, es decir, todo, incluyendo las diversas creaciones humanas, que no son más que una extensión de la secuencia evolutiva natural. Para ello debe analizar las superficiales y los perfiles más trascendentes del mundo con total objetividad, pues de otra forma, si se intentara conocer el mundo de forma subjetiva, se volvería a retroceder a lo abstracto; la subjetividad tiene que florecer en la composición, en su técnica y en la manera de tratar sus elementos, que ha de ser verdaderamente especial y distintiva pero respetuosa con la pintura figurativa. Partiendo, pues, de que la pintura figurativa ha de ser esencial, sólo faltaría que se determinara la verdadera validez de la belleza y que no quepa duda de que la belleza de la realidad es opima, siendo unas veces alegres y otras veces tristes, pero nunca menos o más bellas: la belleza ha de persistir. Tan bella ha de ser considerada la manzana solitaria apoyada en el mantel de una mesa que la manzana podrida abandonada en el campo, en la cual los gusanos han comenzado a florecer. Tan bella ha de ser, por su origen natural, la escena del nacimiento de un bebé como la muerte de este y el doloroso enterramiento por sus padres. No obstante, no se trata de un arte meramente preciosista sino de un arte bellamente realista que ha de criticar el acto humano considerado incorrecto por el propio artista, así como este ha de aprender a analizar la imperfección de la naturaleza que, en ocasiones, llega a ser tan perfecta que en ella abundan infinidades de imperfecciones para llegar a serlo, al igual que sus incontables perfecciones labran su propia imperfección. El artista ha de identificar las perfecciones e imperfecciones a través de la subjetividad, la pericia, la osadía y, sin excesivo pudor pero sin ofensas injustificadas, haciendo uso de la desvergüenza, sin olvidar la astucia y la sagacidad.

En síntesis, el nuevo pintor ha de entender que los sentimientos naturales son esenciales y bellísimos, y tan perfectamente imperfectos como imperfectamente perfectos. Tanto los dos principales motores de la existencia, la vida y la muerte, como los sentimientos enfrentados de alegría y de pena, de euforia y de angustia, de dicha y de desdicha entre millones más han de ser considerados como iguales, olvidando lo que la tradición occidental pueda decir de ellos, porque nuestro arte no puede pender de las opiniones o de las críticas de la gran masa o de los supuestamente especializados, ha de depender únicamente de nosotros, de nuestra naturaleza, de todo lo que nos rodea y de todo lo que nos hace ser seres humanos motivados por los dos dramas principales de nuestra existencia: la vida y la muerte, ambas tan bellas como tan difícilmente descriptibles. Esta, y no otra, será la labor del pintor español actual: la de recuperar la belleza de la realidad, mantenida, en el último siglo, por fauvistas, expresionistas y cubistas, pero gravemente herida por  futuristas, dadaístas, surrealistas y expresionistas abstractos, y asesinada, finalmente, por la incapacitada abstracción, sin desatender el análisis crítico puramente humano de sus perfecciones e imperfecciones.

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://hugodelaralopez.wordpress.com/2008/04/03/realismo/trackback/

Canal RSS de los comentarios de la entrada.

2 comentarios Leave a comment.

  1. No sabia que tenias un blog para colgar tus articulos! Me alegra saberlo porque asi podremos ponernos en contacto contigo de forma mas facil porque desde la web de El Faro es bastante dificil porque no hay un contacto directo. Es bueno que hayas creado el blog. Te dejo aqui el comentario que tambien te voy a dejar en El Faro de Ceuta:

    Muy interesante! Sobre todo para la gente que nos gusta pintar y estamos inmerso en nuestros cuadros y algo perdidos… Ha habido una confluencia tan abundante de todo tipo de tendencias que ahora es dificil crear una propia o simplemente seguir alguna. Esto es un buen comienzo y una fantastica teorizacion de lo que deberia ser la pintura de ahora en adelante.

    Genial.

  2. Yo tambien te suelo leer en El Faro y la verdad es que no te dejo comentarios porque imagino que no te van a llegar, y escribir por escribir pues no. Solo decirte que me gustan tus articulos sobre literatura y arte en general y que apoyo mucho la ardua labor que estas haciendo desde una ciudad tan cerrada como es nuestra Ceuta, ya sabes a lo que me refiero.

    En cuanto al articulo es muy interesante lo que propones pero tambien muy dificil, si esto fuera otro pais diferente seguramente fuera muy factible pero aqui en España hace falta mucho para que se comience algo importante. No has tenido mucha suerte de nacer en Ceuta porque veo que aqui poco vas a conseguir quiza fuera puedas conseguir algo aunque ya te muestro mi escepticismo con la España de hoy… Sea como sea de deseo suerte!


Leave a Comment