La Batalla de Platea (III)
Publicado por hugodelara en Abril 3, 2008
Artículo número 103; publicado en El Faro de Ceuta.
La Batalla de Platea (III).
Hugo de Lara López.
(Los persas, como poseídos por el diablo, avanzan furiosos por la llanura hasta impactar con las primeras líneas de los espartanos; las primeras líneas, como les ocurrió a los griegos del ala izquierda, quedan gravemente dañadas y se rompen tras el choque de la carrera persa.) - ¡Ya son nuestros! ¡Continuad hasta el grueso! – ¡Fortaleced vuestras posiciones y romped los flancos enemigos, pretenden entrar por el centro hasta el grueso!– (Las tropas persas intentan llegar hasta el epicentro del ejército griego a través del pasillo creado por la ruptura de las primeras líneas griegas por los persas, sin embargo, los espartanos, a orden del General Pausanias, aprovechan los flancos, descuidados por Mardonio, para atacar a toda la caballería que intentaba atravesar las primeras líneas. Los caballos persas caen, y con ellos sus jinetes, noqueados tanto por la perspicacia de Pausanias como por la versatilidad de los soldados espartanos, cuya fe en la victoria sólo puede ser equiparada a la magnífica e inquebrantable fuerza que la tradición griega les otorga.) – ¡Frenad el avance! ¡Enfocad las ofensivas hacia los laterales! - ¡Mardonio, estamos perdidos! – (Mardonio agarra con fuerza, del cuello, al soldado persa que le habla.) - ¡Muévete de una vez y lucha! – (En cuanto Mardonio suelta al soldado, este, decidido, comienza a imponer orden en las primeras líneas y los persas se concentran en la lucha contra los griegos que formaban el letal pasillo.) – Precioso; ¡que el grueso avance! – (El pasillo que aún existía creado por los dos férreos flancos griegos fue utilizado por el grueso que, a orden de Pausanias, avanzó velozmente para sorprender a los persas.) – Es imposible, Mardonio, no se pueden reagrupar las unidades, hemos perdido. – ¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¡Malditos griegos! Intentemos una última ofensiva. – No podemos, estamos agotados y las posiciones han sido tomadas por los espartanos. - … De acuerdo, retrocedamos. ¡Persas, retirada! – (Las unidades persas comienzan a retroceder.) - ¿Se cree que les voy a dejar huir? Inocente persa. ¡Espartanos, rodead a los agotados persas y evitad su huida! Vosotros, las líneas más retrasadas, cargad vuestras lanzas. – (Los espartanos cargan sus lanzas horizontalmente apoyándolas en sus hombros. Los persas, por su parte, intentan huir aun siendo atacados por las tropas espartanas más cercanas a ellos.) - ¡Lanzad! – (Cientos de lanzas cubrieron el cielo de los persas y cayeron, implacables, en algunas de las unidades de Mardonio. Los persas frenan su huida y, a orden de su general, vuelven a la lucha y atacan a los griegos a la desesperada, puesto que estos no les dejan huir y los ataques por la retaguardia están siendo letales.) - ¡General Pausanias, el general persa y sus tropas han vuelto a la lucha! – Estos persas me están empezando a cansar; ¡dejadme al general! ¡Mantened las líneas y el ataque sobre las tropas persas! Volveré en unos segundos. – (Pausanias avista a Mardonio que, aunque había vuelto a la lucha, estaba alejado de las últimas líneas persas, y únicamente atacaba cuando pasaba fugazmente con su caballo, temiendo ser herido. El espartano monta en su caballo y se dirige hacia Mardonio. Este le observa y se aleja aún más para evitar la batalla con el griego. Mas Pausanias, en su persecución a Mardonio, acorrala al persa en un acantilado cercano. El general espartano baja de un salto de su caballo y se ajusta su pesado peto. Mardonio, que no podía ir más lejos, hace lo propio, a sabiendas de que descender de su caballo iba a suponer el último y decisivo duelo en las tierras de Platea.) – Amalgamas la fortuna celestial y el frenesí en las ofensivas de tus soldados, y, sorprendentemente, acentúas la beodez de mis hermanos persas sólo con tu presencia; ¿con quién has pactado, griego, para alcanzar un poder y un control tan espectacular tanto sobre tus tropas como sobre las mías? ¿Acaso, griego, te has debido a las malas artes de tus dioses para que te cedieran esta victoria sobre nosotros? ¿O acaso has urdido oscuros planes con las viejas brujas de las plazas griegas? – Cállate persa, tu palabrería me aburre y me agota, no pudieras matarme con tus tropas mas sí con tus pesadas y hueras palabras; no tardemos más y arrodíllate ante mí para que pueda derribarte y comience la longuísima e inevitable agonía, antes de que la muerte acuda a recoger tu decrépito cadáver desfallecido , que mi acero tiene preparado para ti. Desiste en tu huida, pues no tardaría en volver a alcanzarte, ahora sin necesidad de un caballo. – (El rostro de Mardonio, con un aspecto bastante deteriorado, revelaba la inexorable vejez del general persa, que respiraba profundamente. No parece que Mardonio pueda aguantar ni una sola acometida del espartano, y su fin parece acercarse con cada paso al frente que da Pausanias.)

