El oro de Bardem
Publicado por hugodelara on Abril 3, 2008
Artículo número 102; publicado en El Faro de Ceuta.
El oro de Bardem.
Hugo de Lara López.
“And the Oscar goes to… ¡Javier Bardem!” Resonó en el Kodak Theatre de Los Ángeles en la madrugada española del día 25 de febrero, aproximadamente a las tres y cuarto. Con este merecido galardón Javier Bardem marca un hito en la historia cinematográfica española, además de sellar, para la eternidad, un magnífico pase a la concurrida y deslumbrante historia de las estrellas de Hollywood.
La reacción en España fue la de esperar, por un lado una buena parte de los diarios españoles que le habían dado la espalda al actor canario por su más que justificado carácter le dedicaron algunas felicitaciones y halagos tibios mientras otros dejaban entrever la injusticia de su elección y el resto se ha encargado de poner entredicho, siempre con una alevosía suave y pérfida, la calidad de los premios con más calado en el mundo. Sin embargo, desde el primer momento en el que conocí que Javier Bardem había sido nominado a los premios de la Academia estimé que esto sería así, pues nadie es profeta en su tierra, y mucho menos un español puede ser respetado y alabado en su país natal, España, puesto que la envidia en esta nación roza la ridiculez menos pulcra existente.
A pesar de lo que algunos medios cuentan, realmente Bardem no lo tuvo fácil. Su papel en “No es país para viejos”, a pesar de que cosechara triunfos en cada lugar al que se dirigía, estuvo en serias dificultades cuando tuvo que encararse con las actuaciones de los demás nominados, algunos versados en interpretaciones espectaculares. No obstante, esto no ha valido para muchos, que han intentado ensuciar el triunfo del español argumentando la fácil situación en la que se encontraba el actor. En contra de lo que se pueda contar o decir con mala intención hacia Javier Bardem existe la posibilidad de observar que los premios otorgados por la Academia estuvieron más reñidos de lo que se puede pensar a priori, y esto se ha podido observar precisamente este año, en el cual la lucha por el Oscar al Mejor Actor Principal ha sido encarnizada. Se las deseaba felices el señor Clooney, que tuvo que volver a su casa sin estatuilla y desilusionado, mientras que Johnny Deep, extravagante para variar, cruzaba los dedos para que el premio no fuera para su colega de nominación. El sino obedeció a Deep y el premio no fue para George Clooney, pero tampoco para él, sino que Daniel Day Lewis, desde la sombra, se despojó del manto que le cubría y logró el Oscar a Mejor Actor Principal, ante la falsa sonrisa de Clooney y el tétrico rictus de Deep. Por ende, la sucia pretensión que tiene parte de la prensa que quiere infravalorar el premio recibido por Bardem alegando la “facilidad” con la que lo logró queda totalmente en evidencia. No sólo fue una victoria de Bardem, sino que también lo fue de los directores de su película, Ethan y Joel Coen, que vieron cómo caían en su poder diversos Oscars como el dedicado a la “Mejor Dirección”, al “Mejor Guion Adaptado” y, con la inestimable colaboración del español Javier Bardem, el Oscar a la “Mejor Película”. La excelente actuación del actor canario no solo le ha valido para ganar un Oscar sino que ha servido, inevitablemente, para ayudar a los hermanos Coen a elaborar y a llevar a cabo un trabajo que ha terminado por convencer a la Academia y a una gran parte del mundo.
Bardem ha llevado a nuestro país a lo más alto, aunque sólo haya sido por una noche, pero esa noche, con el tiempo, se traducirá por años y años en los que el recuerdo del español quedará grabado en la mente de los cineastas mundiales más brillantes y clavado en las pupilas más exigentes del planeta. Una noche excitante en la que Bardem no faltó el respeto a su país, y al que dedicó unas palabras, en su propio idioma, para que después, España, le pagara, aun más exacerbadamente de lo que venía siendo común, con una moneda que no merecería ni el más traidor de los traidores.
Gracias Bardem.
