El argumentismo literario
Publicado por hugodelara en Abril 3, 2008
Artículo número 97; publicado en El Faro de Ceuta.
El argumentismo literario.
Hugo de Lara López.
Es cierto, y cabe a poca duda, que cada época viene acompañada de unas infraestructuras culturales que se ciñen directa o indirectamente al panorama del momento. No obstante, esto no significa que estos estamentos culturales no puedan ser analizados, criticados o, simplemente, rechazados mediante la palabra o la actuación intelectual discrepante de una minoría o de una persona determinada.
La literatura de nuestros días está, irremediablemente, fundida a través de unos autores argumentistas que descuidan el lenguaje y que se dedican a las masas mediante el único carácter que a estas les interesa: una historia intrépida basada en una temática exótica, fantástica o relacionada con cualquier contenido que les permita ausentarse del estrés que les ocasiona las múltiples disensiones de este mundo. Sin embargo, a lo largo de la historia se ha demostrado que la literatura es mucho más, lo cual no quiere decir que hoy, en un mundo excesivamente moderno pero terriblemente tozudo, esta tenga que adoptar una tipología semejante. No es eso lo que, en un principio, se reclama desde una minoría preocupada por la evolución de uno de los flancos culturales más importantes del mundo; no es eso, vuelvo a repetir, puesto que lo que se busca es una instauración moral en cuanto a los principios de la literatura y su desarrollo como arte en general y no como un simple arte mobiliar de segunda que pudiera ser vendido al mayor postor, o estar elaborado teniendo en cuenta la opinión de los demás. Esto, lectores, no pertenece a la verdadera esencia literaria; esto es una recreación personal de un propio grupo literario cuyo epicentro es el mismo escritor que aspira a enriquecerse y que, de alguna forma, se siente incapaz de crear una literatura completa, y por ello elabora una literatura que le reportará bienes en abundancia pero que, a nivel literario, ofrecerá poco. Ejemplos sobre este tipo de escritores argumentistas, que sólo se molestan en fijar en el argumento su propia y paupérrima plasticidad, desbordan el actual panorama.
El más respetable, desde mi punto de vista, es Ken Follet, creador de la literatura que actualmente mueve las masas más enormes en cuanto a lectura. A priori Follet es un escritor no muy dado a la estructuración literaria más allá de un argumento sólido e interesante pero que, verdaderamente, no desprende más que una ficción que se repite incesante en nuestras mentes, pero que peca por ser ficción y nada más. Menos respetable es el señor Dan Brown con sus típicos argumentos histéricos y sus desvirtuadas formas que, generalmente, acaban siendo nefastas tanto en la organización del texto literario como en el grado de respeto hacia ciertos sectores. Entre estos dos, en un estadio intermedio, se encontraría el grupo liderado por Reverte. Este autor muestra una profunda preocupación por enriquecerse a base de la literatura y, si observamos su estatus social antes y después de convertirse en un auténtico creador de libros con frenéticas ventas en España, comprobaremos que esto es totalmente cierto. No obstante, esas ansias de continuar siendo una celebridad y de obtener jugosas cantidades de aquellos injuriosos papelajos, se traducen en una literatura no tan despreciable. En sus obras se observa algo más que un simple argumentismo, se observa una leve preocupación por las formas, sobre todo en el lenguaje utilizado por sus personajes, que en ocasiones es brillante y acertado. Otro autor que últimamente está gozando con unas buenas ventas en España es John Boyne, con una obra realmente pésima en cuanto a la estructuración del argumento, tanto en el sistema de lo realizado como en el análisis minucioso de cada una de las estructuras lingüísticas, en especial en su obra “El niño con el pijama de rayas” en la que se pretende emular a un niño mediante una series de enlaces lingüísticos fallidos. Su argumento es ciertamente interesante pero inconstante y, algunas veces, aburrido, no aportando más de lo que lo aportan otras obras con temática parecida.
Así pues, hasta hoy, continúo sin encontrar una sola obra de la literatura actual que cuente algo más que un argumento que podría ser creado por cualquier persona de esta tierra, pero no ejecutado, por falta de tiempo o por escasez de dinero para su posterior edición. No lo encuentro, y esto hace replantearme que la literatura mundial se haya cansado del arte, tanto en la faceta literaria como en muchas otras. Existe un rechazo enorme hacia todo aquello que destila destreza o virtuosismo, en ese afán de evitar que otros crezcan por una envidia mal acunada, y esto, termina afectando a la minoría literaria que apenas tiene posibilidades en este mundo tan devaluado.
En especial, España siente cierta predilección por dar cabida a todo aquello que podría considerarse una antítesis poderosa contra el arte, dejando entrever alguna que otra joya entre el mar de carbones, disfrazados de azabaches, pasando, por desgracia, inadvertida. Quizá este nuevo siglo cambie y con él su concepción de arte, abriendo el paso a la ignorancia cultural y a un arte repleto de ineptitudes. Por ello, y aunque sea prácticamente imposible, me gustaría ver cómo documentarán nuestro tiempo los habitantes del año 2.500. Seguramente hablen de un periodo sin relevancia alguna, una etapa aburrida y pesada en la que la producción artística se limitara a escribir argumentos sin una significación mayor que la que pueden ofrecer los escritores argumentistas que inundan en nuestro hoy, que mañana será ayer, y pasado, nada.

