Entrevista sobre literatura.
Entrevista realizada mediante conexión de audio. Destinada a una publicación digital sobre literatura.
P: Le tenemos que agradecer que nos haya dejado acceder a todo el contenido literario que le pedimos para hacerle esta entrevista. Somos conscientes de la importancia que tiene para usted y para parte de las personas que no lo han leído. Antes de comenzar dígame: ¿qué es lo que pretende con su producción literaria? ¿Escribe al servicio de los lectores o de sí mismo?
R: Gracias a vosotros por interesaros por él. Le diré lo que no pretendo: el lucimiento personal, ganar dinero, labrarme una reputación, prostituir mis letras, impulsar la comercialidad y traicionar los principios culturales. No escribo a mi propio servicio, escribo al servicio de la cultura y de los lectores que estén interesados en ella. No me refiero a los ultra doctos, a aquellos que piensan que no tienen nada que aprender o no tienen problemas para acceder a una literatura más profunda; ellos lo tienen hecho. Escribo para quien tiene un nivel cultural humilde, para aquellos que aspiran a más pero no pueden llegar porque no poseen una base lo suficiente sólida como para continuar ascendiendo. Que no se entienda por “nivel cultural humilde” todo aquel que no tiene estudios, no, voy un poco más allá, me refiero a un grupo más amplio que, aun con estudios, no poseen la estabilidad cultural necesaria para entrar en el terreno más empinado, que normalmente suele ser el más resplandeciente. Intento establecer un puente entre la cultura actual y la cultura de tiempos pasados. Quiero hacer lo que me hubiera gustado que ya estuviera hecho, pero que es imposible con el afán de protagonismo que recorre hoy en día el mundo, con escritores que prefieren ganar premios y vender antes que aportar un grano de arena en la recomposición cultural.
Tratándose de un objetivo tan abstracto, ¿cuándo piensa que dirá “ya es suficiente”?
¿Le digo la verdad? Ya había perdido la fe, pensaba terminar lo que tenía entre manos y a finales de 2010 abandonar la escritura por completo. Por esa razón nunca he dado a conocer ninguna de mis obras en profundidad, “¿para qué?” he pensado insistentemente. Siempre me he esforzado por conocebir mi objetivo mediante la literatura como algo que se podía lograr, por difícil que fuera. Pero sé que no es así, nunca lo he querido ver aunque dentro de mí me lo repitiera varias veces. Todo seguiría igual escribiera lo que escribiera, mi producción apenas concerniría a una minoría, porque no está hecha para las mayorías, y no habría un cambio significativo. Era lo que pensaba hasta hace dos semanas. Pero en estos días me han ocurrido cosas, he escuchado y leído lo que muchos calificarían como tonterías, que me han convencido aun cuando no era su objetivo convencerme. Así que, contestándole a su pregunta, nunca será suficiente. Mientras las manos me sigan funcionando como hasta ahora, seguiré escribiendo, y cuando estas dejen de servirme me dedicaré a hacer otras cosas siempre dirigidas hacia el mismo objetivo. Yo sí estoy en deuda con la cultura, si el resto no lo está lo siento profundamente por ellos, creo que tienen esa actitud porque desconocen qué están rechazando. Si no lo desconocieran, muchas cosas cambiarían en la actualidad.
¿A qué elementos ha tenido que rechazar para que lo que escribe pueda ser leído y reflexionado por aquellos a quienes lo dirige?
En teatro he tenido que dejar atrás la rigidez de la estructura y de la rima; también he tenido que “vulgarizar” entre comillas un poco más la composición léxica, tanto del teatro como de las novelas o la poesía, en busca de un entendimiento más certero. He evitado los gruesos descriptivos y las escenas prescindibles. He simplificado el sistema de escritura en busca de un acercamiento más íntimo con el lector, apartando todo aquello que aleja a quien lo lee de quien lo escribe. He sacrificado muchos elementos que algunos grandes escritores hubieran considerado intolerable, quizá porque ellos se inclinaban más hacia el lucimiento personal. Sin embargo, otros escritores como Bécquer, Shakespeare o el propio Quevedo estarían un poco más de acuerdo conmigo. Todo lo contrario que los intelectuales de la talla de Góngora, más preocupados en la exclusividad de su propio enaltecimiento.
¿Tiene esto alguna relación con su odio a las menciones especiales o premios?
Puede ser. Pero me gustaría dejar de lado ese tema, ya hubo un pequeño problema cuando me desvinculé de cualquier mención y dije “no” a algunos de ellos. No quiero reabrir un debate de si se debe o no se deben aceptar los premios. A mí no me gusta que mi escritura se pague con un premio porque lo siento como un paso más hacia el lucimiento personal, y no lo pretendo. Si como algunos han defendido lo que se pretende es motivar tampoco necesito motivación. Y si el fin es agradecer, tampoco necesito agradecimiento de ninguna clase. Que se dediquen a motivar y promocionar a quienes lo necesitan, les aseguro que no faltan aspirantes a lucirse con la literatura y por encima de ella.
¿Entendemos que le ofende recibir menciones especiales y premios por lo que escribe?
Sí.
El “Don Pedro” que continúa el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla es la obra que más ha dado a conocer. ¿Por qué lo hizo cuando, hasta entonces, había guardado con celo lo relativo a su producción personal?
He ido mostrando cada vez más y he sido equitativo. De “La Ufana Griega” se pueden encontrar algunas escenas, aparte de esto también algunos diálogos y narraciones de acontecimientos históricos, aunque bien es cierto que estos dos últimos fueron creados especialmente para ser publicados. “El Viaje” también tiene una escena publicada. Si tomamos estas publicaciones como referencias y tenemos en cuenta que del “Don Pedro” solo ha visto la luz la primera escena tampoco es que haya dejado ver mucho. Sí he hablado más de ella penetrando en la primera parte de la obra en dos artículos y, hace pocos meses, introduciéndome en la segunda parte y rozando la última. ¿Por qué lo hice? La verdad es que estuve más presionado. La publicación de la primera escena atrajo situaciones extrañas en las que lectores que no conocía de nada me preguntaban por ella. Después, cuando me creé el blog y puse a disposición de todos los que quisieran mi correo electrónico, me bombardearon con preguntas sobre la obra. Al final acabé cediendo y escribí un poco más sobre ella, una nimiedad respecto a lo que existe escrito, pero lo suficiente para que los ánimos se templaran.
¿Cómo valora que la respuesta de los lectores hacia el Don Pedro haya sido de esta magnitud?
No me lo esperaba. Es una obra con una talla muy rígida, con una expresión antigua y un drama más profundo de lo que es normal en los tiempos que corren. No te esperas que una obra de teatro de semejante corte vaya a levantar ni la atención de un par de estudiantes de filología. Por otro lado era consciente de que la obra tenía que perder algunos grados de pureza estructural y léxica para que se adaptara más rápido a las personas que la leyeran y pudieran llegar más. Pero aun así es una lectura difícil y a veces confusa para quien no se haya interesado por el teatro de esas características. No es cuestión de tener un gran vocabulario o haber leído mucha literatura al margen del teatro, el teatro tiene unas pautas muy personales con respecto a cualquier otra creación literaria y hay que estar metido medianamente en ese mundo para exprimir hasta la última gota de todas las intervenciones. Ver cómo la gente, ante esto, responde ilusionados en muchos casos no me convence, no me creo que los lectores estén muy interesados en el Don Pedro, aunque se hable sobre él. Creo que es curiosidad por su singularidad formal en los tiempos que corren, pero nada más.
¿Supone un hándicap escribir una obra de teatro y afinarla sin poder hacer uso de la representación?
Bueno, la mayoría dirá que sí, que es inviable. Incluso llegaría a afirmar que los filólogos no entienden que se escriba una obra de teatro sin que sea su fin el de ser representada. Pero el “Don Pedro” no está escrito para ser representado, cualquier persona que lea algunas escenas se dará cuenta que la estructura tendría que adaptarse muchísimo para que se pudiera recitar encima de un escenario. Por ejemplo, los encabalgamientos de la primera escena son humanamente irreproducibles, y en parte por eso los escribí de esa manera, para que nadie pudiera representar la obra tal cual, sin hacer cambios. Y en caso de que otra persona hiciera cambios ya no sería mi obra, sería otra. Ese es el mecanismo que he utilizado para salvaguardar lo que escribo en el Don Pedro original.
¿Cómo es su relación con la asociación literaria que se interesó por el “Don Pedro”?
Muy buena, pero no viene de ahora, nos conocemos desde tiempos inmemoriales. Ellos fueron quienes tradujeron la Batalla de Platea a italiano y luego al latín, y quienes más me han insistido en que continuara con los relatos históricos. En los últimos meses hemos intensificado el contacto porque se han interesado bastante por representar el “Don Pedro” antes de que se acabara el año, pero no se ha concretado; aún no me he convencido, hay muchas trabas.
¿De qué maneras le han intentado convencer?
Me han mandado más de cien razones, ha sido verdaderamente impresionante. Lo último que recibí fue una carta en italiano donde argumentaban todas las razones que me habían expuesto en los meses anteriores. En especial se me quedó clavada una frase que no creo que se me olvide en mucho tiempo, algo así como “el Don Pedro nació en la ficción de Verona y aquí es donde debe morir su representación real”. No puedo decir más que tienen razón, no se lo puedo rebatir, pero ellos deben tener en cuenta los obstáculos que existen.
¿Cuáles?
En primer lugar el idioma, son italianos y, aunque saben español, el público no. Habría que adaptar la obra a un idioma del cual desconozco más allá de lo básico para poder comprender algunos textos. Es muy complicado por este lado. Después, habría que volver a adaptar a la obra, pero en este caso no a un idioma sino al tipo de escenificación que existe hoy en día y para el cual no ha sido concebido el Don Pedro. Este está enfocado para el proyecto que tenía en mente, y en parte sigo teniendo, del Nuevo Teatro. Claro que se puede trabajar con la obra para adaptar a su representación en un escenario normal, pero es un trabajo más a tener en cuenta. Y por último, en las condiciones actuales es imposible que pueda viajar a Verona tanto tiempo.
Todo sería más sencillo si lo hiciera en España, ¿no cree?
Todo sería más sencillo si en este país alguien quisiera hacer algo aparte de no hacer nada. Pero como no es el caso hay que respetarlo y contemplar otras opciones. La verdad es que cuando digo que me hubiera gustado nacer en un país como Francia lo hago atendiendo al respeto que profesan a todos aquellos que intentan aportar culturalmente. Aquí si escribes eres un friki y si escribes obras de teatro del estilo del Don Pedro lo eres mucho más aún. No me gustan los valores culturales de la España de estos tiempos, tampoco los sociales, pero estos últimos me importan un poco menos en este tema que estamos tratando.
Nos ha sorprendido, por encima del resto, “El Viaje”, del que no se sabía nada apenas. Lo más cercano a conocer su contenido lo tuvimos en un artículo que se publicó acerca de la visita a un hospital de enfermos terminales. Le tenemos que decir que la constancia y la intensidad en la proyección psicológica del protagonista han superado nuestras expectativas por encima de lo común. ¿Ha sido pretendido o una casualidad que le viene como anillo al dedo?
“El Viaje” centra su atención básicamente en la psicología de su protagonista y en cómo él, después de toda su infancia y casi adolescencia encerrado, ve el mundo al conseguir liberarse. Casi todo es nuevo: o bien no lo conocía, o bien no lo recordaba. Cualquier persona arrastraría el bagaje psicológico que se expone a lo largo del libro. No es una persona especial, el lector la hace especial cuando empieza a conocerla. Estoy seguro de que si nos preocupáramos por conocer a personas que hayan pasado por una situación similar descubriríamos una realidad asombrosa. No lo hacemos porque es más complicado que un libro, implicaría más problemas para nosotros mismos y un lazo afectivo que se aferraría a una persona de verdad. Y con una persona de verdad las cosas duelen, pocos quieren meterse en esos berenjenales. Lo primero se puede llegar a considerar incluso cultura pero lo segundo, en los tiempos que corren, ni humanidad. Es triste.
En vista de la admiración que en recientemente ha dicho profesar al Quijote de Cervantes, ¿tiene pensado escribir algo en relación con él?
Sí, ¿por qué no? 2010 tal vez sea el año idóneo.
En caso de hacerlo, ¿retomaría el lenguaje del que hizo uso Cervantes o se decantaría por modernizarlo?
Quijote y Sancho con un idioma más modernizado no serían la misma pareja histriónica que inventó Cervantes. Intentaré acercarme al lenguaje que se puede encontrar en las últimas reediciones de la obra, en especial de la que la Real Academia Española se encargó y publicó no hace demasiado. De todas formas el proceso de adaptación para facilitar la lectura y acercarla a lectores reacios a embarcarse en la obra original será notorio, siempre con el objetivo en mente de que por esto la obra no pierda la poca o mediana calidad que pueda tener.
¿Siente presión cuando escribe al pie de obras de escritores tan grandes?
Si como dice escribo al pie, entonces sentiré la presión de todo su cuerpo. Si habla de otra presión, no, no la conozco. Les guardo un gran respeto y una ciclópea admiración por su trabajo, nada más. No son dioses.
¿Cuándo da por finalizado un libro?
No estoy seguro de que una persona que escriba dé por finalizado un libro de buena gana, porque cuando lo termina, con el paso de los años, se arrepiente. La mayoría de las veces el escritor se ve obligado a cerrarlo porque su editorial le presiona, porque quiere publicarlo en un breve periodo de tiempo o por cualquier razón ajena a la literaria. Una obra siempre se puede mejorar, y cualquier persona con un poco de sangre en las venas, cuando lee algo que ha escrito tiende a mejorarlo. En mi posición, la de una persona que escribe pero no escritor, aunque tenga los libros terminados nunca los doy por concluidos oficialmente.
¿Qué es lo que más le irrita una vez ha terminado de escribir lo que en un primer momento considera que es la obra?
Releerlo y corregirlo, se me hace insoportable. Más en las novelas que en el resto de géneros.
Y llegamos a la obra que le prometió a su amiga escritora americana. Usted que siempre ha sido un detractor de la literatura comercial se ve abocado a escribir una obra de ese estilo porque lo prometió cinco años atrás aunque no lo recordaba hasta que ella se puso en contacto con usted de nuevo. Da muchas vueltas la vida, ¿no le parece?
Demasiadas. Pero bueno, en este caso ha sido interesante, desde el correo electrónico que recibí hasta que caí en la cuenta de que realmente había hecho esa promesa. Sé que será un recuerdo que guarde durante mucho tiempo. En el ámbito literario es la oportunidad de pisar otro mundo e intentar ofrecer mi punto de vista acerca de la literatura fantástica/comercial que se prodiga en este momento. No le voy a mentir, prefiero escribir lo que suelo hacer habitualmente, pero si hay que hacer esto, se hace. No es un trauma, es otra manera de ayudar a la cultura.
En apenas unos días escribió la primera parte del libro que hemos podido leer y nos sorprende que haya conseguido crear una historia de esta complejidad en tan poco tiempo. Si no hago mala memoria ideó la historia en solo unos cinco minutos, ¿me equivoco?
No, es así. Recibí el correo electrónico y después, mientras me cepillaba los dientes como anécdota, monté en mi cabeza lo que sería la historia. A la hora de plasmarlo han cambiado pequeñas cosas, enfoques que no tenía claro, pero la parte esencial de la historia sí que fue inventada en cinco minutos escasos. En mi opinión no es tan importante la historia, que es el hilo conductor, como lo que se quiere expresar a través de ese argumento. No voy a ceder ante el “argumentismo” que he criticado tanto, ante esa comercialidad que aborrezco, daré un paso más allá. Claro que teniendo en cuenta la edad de quienes consumen este tipo de literatura no creo que le saquen el provecho que busco imprimirle, pero por otro lado esto puede ser útil para que lleguen lectores de otros ámbitos.
La obra se llama “Sino”, ¿es algo temporal o ya está decidido?
Siempre he pensado que el título del libro, menos para la literatura comercial, es lo de menos. Así que siento indiferencia por ese u otro título. Es lo de menos.
Nos llamó la atención que uno de los personajes principales se llamara “Hugo”, como usted. ¿Fue una decisión suya?
Esto viene de lejos. Soy muy malo para elegir nombres a los personajes, realmente malo. Cuando no tengo ni idea pongo una la letra del abecedario como puede ser “X” o “L”, cualquiera, y cuando me decido a poner el nombre la sustituyo. En este caso la letra que salió al hacer fue la “H” e inconscientemente puse Hugo, mi nombre. No es definitivo, o al menos espero que no lo sea, no me gusta mi nombre para mí, menos aún para un personaje. Donde se lee “Hugo” debería leerse “H”.
La historia que me hemos podido leer termina cuando va a empezar lo mejor, en el momento en que Lorea, la protagonista, conoce todo lo que se cuece en el pueblo. A estas alturas no podemos determinar casi nada, ¿terminará mal la historia entre ese “H” o “Hugo” y Lorea?
Ojalá terminara mal, pero no lo creo. Me estoy volviendo muy susceptible, me cuesta mucho meter en verdaderas tragedias a mis personajes. Sufrí escribiendo el final del Don Pedro, de hecho no tiene un único final, existen muchos, demasiados, aún no he elegido uno. Me sentía mal leyendo todo lo que había sido el fin de un padre que simplemente quería que su hijo fuera un hombre de provecho. Cuando escribo siento que los personajes de los que hablo son personas de verdad; es un problema molesto porque en muchas ocasiones me limita y no puedo llevar a cabo todo lo que quería y como lo quería. En esta obra me gustaría que el lector terminara el libro, lo cierrara y pueda soñar algo bonito… o no.
¿”O no”?
Se sabrá a su debido tiempo.
¿Cómo evolucionará la relación entre Lorea y Hugo?
Me preocuparé para que sea especial. Les llevaré al límite físico y mental, intentaré probar hasta qué punto son capaces de hacer frente al destino tan dispar al que están sometidos para mantener su relación.
¿Qué importancia tendrá el aspecto fantástico en el transcurso de la historia?
Será esencial. Como bien sabéis, la parte que habéis leído se llaman “despertar” y “reflexión”, funcionan como una especie de introducción que conecta con el principio de los acontecimientos fantásticos. Hasta entonces sólo se plantea la historia que se va a desarrollar, aunque a muchos les parezca que tras las primeras cuatro páginas la introducción ya está planteada y las cincuenta páginas siguientes comienzan con la historia se equivocan. Son los prolegómenos hacia el decurso fantástico.
¿Recibe muchas influencias del exterior para personalizar sus personajes, sus relaciones e incluso diversas situaciones?
Mire con esto me pasa algo raro. Mi influencia siempre viene de los libros, nunca de personas reales; cuando pienso en mis personajes los veo como un montón de ropa que se mueve sin rostro, sin color de piel, sin pelo. A pesar de que mantengo un lazo muy fuerte con ellos tengo un problema muy grande para identificarlos, por lo cual a la hora de describirlos lo hago al azar, no los estoy viendo. Esa es otra razón por la que tendría muy difícil elegir a las personas adecuadas para la representación del Don Pedro. Sin embargo en las últimas semanas me han abordado excepciones. Por primera vez vi la representación física con la que conseguí relacionar a Lorea. Me impactó bastante porque nunca me había ocurrido con ninguna otra persona y personaje. Estaba viendo una persona similar a lo que yo tenía en mente pero no conseguía ver. Así que, supongo, que las inspiraciones o las influencias hay que buscarlas con más ahínco, con más esfuerzo, o simplemente dejarlas que lleguen. En cuanto a situaciones no suelen influenciarme porque ninguna de ellas me ha llegado a taladrar el alma. Pero hace unas semanas me pasó algo que supongo que como lo anterior supone la excepción a la regla. No recuerdo exactamente adónde iba, la verdad es que poco importaba porque acabé regresando a mi casa. Pasé cerca de una especie de plaza con bancos donde la gente suele sentarse y pasar parte de la tarde. No soy muy dado a mirar a la gente que hay o que deja de haber, suelo andar hacia delante pensando en alguna tontería como las tantas que abundan en mi cabeza, pero en aquella ocasión tuve que cruzar la plaza. No había mucha gente, unos cuantos niños pequeños correteando con sus madres echándoles un ojo y una pareja de chicos jóvenes, tal vez de mi edad. Ambos lloraban comedidamente mientras hablaban. No me cuadraba esa situación, era un poco extraña así que decidí sentarme en un banco cercano a ellos, como si estuviera esperando a alguien. Saqué una fotocopia que llevaba encima y empecé a fingir que la ojeaba mientras intentaba escuchar qué ocurría. No eran de la ciudad, se notaba a primera vista, si no recuerdo mal venían de Valencia. Hablaban sobre su relación, al parecer eran novios, ella se llamaba Sandra, él no lo sé, no se mentó su nombre. Al principio no entendía nada de lo que se estaban diciendo pero al final lo comprendí: estaban rompiendo su relación. Pero no lo hacían tirándose los trastos a la cabeza ni con indirectas o cualquier cosa hiriente, lo hacía desde el enorme amor que se profesaba el uno al otro. Lloraban porque les dolía tomar esa decisión, porque se querían, pero eran conscientes de que aquella no era sostenible. Fue una escena increíble, de esas que lees en los libros y dices: “sí claro, ¿y qué más?” No ha tenido ninguna influencia ni me ha inspirado pero la tengo muy presente y tarde o temprano acabará influyendo en lo que escribo. Y lo aceptaré de buen grado porque es una de las situaciones más encantadoras que he vivido.
De repente, salida de la nada, nos encontramos con su obra “Crisis”. En la que narra un episodio acerca del Caballero Oscuro, más famoso por su nombre popular “Batman”, desde un punto profundamente psicológico. ¿Qué futuro le espera a lo que hay escrito?
Espero que sea el que se merece un personaje de la talla del Caballero Oscuro. Me gustaría explotar su vertiente psicológica que se ha denostado en los últimos años y que es la única vía mediante la cual se puede entender a una persona como Bruce Wayne, llena de traumas y complejos. No será una obra convencional pero estoy seguro de que habrá a quien le resulte interesante. Quienes esperen mamporros a cada paso que se olviden de ella.
Bordeando el radio de acción de la literatura pero dentro del rango que comprende al autor, ¿qué le parece la problemática reciente con la propiedad intelectual y la acción del gobierno? En especial nos referimos a la polémica surgida a raíz del anteproyecto de Economía Sostenible y su referencia a este tema.
Si le digo la verdad, desde el punto de vista del autor me da un poco igual porque no creo que acabe dedicándome íntegramente a escribir libros comerciales con el fin de enriquecerme desmesuradamente. Ni siquiera tengo pensado publicar, aunque haya habido ofertas. Siempre que se respeten mis textos y su autoría si decido que vean la luz será de forma gratuita y a través de Internet. Ahora bien, me parece obsceno aprovecharse del trabajo cultural, que debe ser una obligación del ciudadano en general y no de unos cuantos llamados “intelectuales”, para sacarle cualquier tipo rendimiento económico. Si hablamos de la música, el cine o la industria de los videojuegos que pese a la crisis ha seguido repuntando estaríamos hablando de un tema diferente, porque normalmente un cantante aspira a vivir de su música, un programador de los videojuegos en los que participe y un actor de sus oportunidades, el escritor normalmente no. Hay excepciones, claro, pero no dejan de ser excepciones.
¿Tiene pensado cuándo va a hacer públicas sus creaciones?
Pronto, o eso espero. Intentaré agilizar el trabajo y colgar la versión preliminar de la mitad del contenido de las obras, luego ya veremos si acabo subiendo las partes restantes.
¿Nos podría acercar una fecha?
Lo mío no son las previsiones pero creo que hacia la segunda quincena de febrero o principios de marzo podrían estar listas.
¿Qué le parece que la música comercial haya ocupado una parte importante del mundo de la poesía?
Me parece que comparar música con poesía es una barbaridad. La poesía es una parte de la literatura muy técnica y en la que hay que imprimir algo más que el alma para conmover al lector. O vales, o no vales. No te acompaña una melodía bonita y pegadiza que te consigue emocionarte incluso antes de que hayas entendido ni una sola palabra de la canción. En la música comercial da igual que valgas o que no valgas, con que cantes medianamente bien y tengas la suerte de que una productora notable se fije en ti ya tienes hecho parte del trabajo. No me parece equiparable comparar a un poeta del siglo que sea con un cantante comercial. No es que jueguen en ligas diferentes, es que son deportes que no tienen nada que ver.
¿Y la composición de la música clásica? ¿Qué opinión le merece?
Bajo mi punto de vista la música clásica es la disciplina técnica y compositiva por excelencia. Supera a cualquier concepción relacionada con la creación que hasta hoy se haya ejecutado. Simplemente es el arte entre las artes, la expresión más directa del alma humana siempre que la composición recaiga sobre un compositor excelente.
¿Quiere decir que el mejor de los literatos bajo su punto de vista es inferior al mejor compositor de música clásica?
Si lo que me quiere plantear es que elija entre Beethoven o Chopin y Shakespeare, sí, elijo a Beethoven o a Chopin en su defecto. Nada ni nadie está por encima de la música clásica y sus mejores compositores. También es cierto que la fuerza cultural de la literatura va hacia otras direcciones, por lo cual es lógico que la música clásica tenga un papel preponderante a la hora de juzgar como expresión artística suprema a una de ellas. Ante todo que conste que es una mera opinión.
Usted se ha mostrado fuertemente en contra de la producción de jóvenes promesas por parte de Disney argumentando que es una especie de explotación. Disney ha salido varias veces en defendiéndose contra ese ataque, ¿qué opina sobre cómo está llevando las cosas la compañía norteamericana con artistas como Demi Lovato, Miley Cyrus, Selena Gómez o los Jonas Brothers por ejemplo?
Le respondo con sinceridad: me da igual lo que diga Disney y me da igual la música “teen”, si ambas se hundiera de la noche a la mañana, cosa que dudo, no les añoraría. Lo que no me da tanto igual es que se aprovechen de menores de edad de manera tan descarada y con tan pocos tapujos. Disney ha dejado atrás a muchos cantantes que luego han tenido un repunte por su propio mérito y la compañía ha cambiado de opinión rápidamente para acogerlos de nuevo, dejando a los que no han tenido éxito con una mano delante y otra detrás. Me parece muy bien que Disney piense como la compañía que es, pero no admito las políticas tiránicas con menores de edad. Porque luego los juguetes rotos, las vidas destrozadas y las adolescencias perdidas no los compensará ni Disney, que se quitará de en medio, ni el dinero que hayan ganado.
Si esto quedara al margen, ¿qué opinaría sobre la calidad musical de estos artistas?
Prefiero abstenerme.
¿No opina porque no conoce lo suficiente sobre estos grupos o porque su opinión es pésima?
Solo opino seriamente de lo que sé, y sólo sé un poquito de literatura y un poquito de música clásica, de lo demás soy un gran desconocedor, un completo ignorante aunque muchos vean esto como una falsa modestia. Que por cierto, no lo es.
Hace unos meses hubo una pequeña polémica sobre las declaraciones de una asociación literaria que no le dejaba en buen lugar y que luego fueron eliminadas por ellos mismos, ¿qué opina al respecto?
Desconozco lo que ha ocurrido, pero tampoco me interesa saberlo. Creo que una asociación literaria se debería dedicar a la literatura en lugar de hacer ese tipo de tonterías. Pero le repito, desconozco lo que ha ocurrido.
La Ufana Griega, Don Pedro, El Viaje, Crisis, Sino, casi doscientos artículos en el periódico de su ciudad en el que ha combinado literatura, filosofía, cultura y crítica social, todo lo que ha escrito en otros medios de importante reputación… ¿Se siente orgulloso de lo que lleva hecho con tan solo veinte años?
No he hecho nada de lo que deba sentirme orgulloso. Tal vez si encontrara una cura al cáncer, al sida o la solución absoluta a la diabetes me sintiera orgulloso, pero no puedo sentirme así simplemente por escribir. No concibo la literatura como una herramienta para multiplicar el ego hasta el infinito sino como una de las pocas vías a través de la cual puedo ayudar a la sociedad en su vertiente cultural. Y ayudar a la cultura no es motivo de orgullo, es una obligación del ciudadano que medida que pasa el tiempo se hace más extraña. En todo caso es motivo de deshonra darle la espalda.
Por último, ¿con qué obra de las que ha escrito se queda?
Con “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, la mejor obra de narrativa lírica de la historia de la literatura universal. Sé que no es lo que me ha preguntado pero para su pregunta no tengo ni tendré respuesta.
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Entrevista por el Doctor Amor.
Traducción en español de una entrevista en inglés realizada por videollamada.
La publicación a la que va dirigida esta entrevista es una revista semanal estadounidense de pequeña/mediana tirada que destina la mitad de sus ingresos a la lucha contra el cáncer y la diabetes. Esta entrevista se incluye en la sección del Doctor Amor, estrenada hace unos meses, en la cual este singular doctor lleva a cabo una inspección psicológica-amorosa a uno de sus “pacientes”. Estos “pacientes” suelen ser hombres y mujeres dedicadas al mundo de la cultura en general, de los cuales se desconoce su parte más cercana al lector. En síntesis se podría decir que el Doctor Amor, con su estilo absurdo, se dedica a deshacer la imagen de seriedad de aquel al que entrevista y a mostrar que existe una persona detrás del aparente caparazón que les distancia de quienes le siguen.
Se establece la conexión y aparece la imagen de un señor de unos veintipico años trajeado estrafalariamente.
Gracias por aceptar que le examinara. Si le soy sincero no pensaba que lo aceptara por dos razones: el idioma y el tono del contenido, pero como lo ha hecho, ya no hay vuelta atrás. ¿Cómo se siente al saber que el famoso Doctor Amor nada más y nada menos de los EE.UU. va a indagar en su vida? ¿Nervioso?
Muuuucho. Tanto que me recuerda a los nervios que pasé cuando acudí a la primera clase de la carrera de Filología que jamás empecé.
Díganos con el corazón entre las manos, ¿cuántos amores imposibles ha tenido hasta el día de hoy?
Ninguno, todavía ninguno.
¿Eras de esos chicos que cuando se enamoran arremeten de frente o se dedican a explayar su romanticismo a través de cartas? Creemos y afirmamos por su propensión a la escritura que la segunda es la única respuesta posible, pero le dejamos que responda aunque no le sirva de nada.
Oh vaya, muchas gracias, es un placer que me permitan responder. (Ríe Hugo). Pues verá Doctor Amor con esta pregunta me mete usted en un compromiso, aunque no creo que las chicas con las que lo hice lean vuestra revista… ¡bueno qué digo! ¡Si ya les he respondido!
Cartas con poemas y mensajes es de suponer. Pero, ¿eran anónimas?
Me va a desvelar un montón de líos sin reconocer pero… sí, eran anónimas. ¿Qué tipo de cartas serían si no?
Si no es indiscreción, ¿cuántas surtieron efecto?
Para bien o para mal todas. No me pregunte cuántas para bien y cuántas para mal, no se lo voy a contestar. (Ríe Hugo).
Antes de continuar con nuestra entrevista, ¿en qué piensa? Le notamos ligeramente tenso.
No lo quiera saber.
Suponemos que le contó con antelación a su pareja que iba a hacer esta entrevista y ella aceptó porque de lo contrario no la hubiera hecho, ¿estamos en lo cierto?
¿Por qué disimula? Venga, dígalo Doctor Amor, era lo que quería preguntarme desde que ha empezado la entrevista. No tengo pareja.
Fíjese si somos buenos que sin quererlo hemos desentrañado lo que muchos querían saber. ¿No le gustaría compartir algo más con alguna chica que fuera de su gusto y Ud. del suyo por supuesto? Póngase trascendente.
Mike eh… Doctor Amor, ¿le hago un repaso de la situación? Las luces rojas parpadeantes, su traje morado, sus gafas… ¡Cómo quiere que me ponga trascendente! (Ríen ambos). Por ahora no quiero nada con nadie, si viviera en una ciudad más grande tendría más posibilidades de encontrar a alguien interesante pero viviendo en una ciudad pequeña como esta y con una mentalidad radicalmente opuesta a la mía no creo que aquí haya ninguna persona con la que pueda afianzarme en este sentido.
¿Nadie? ¿Se refiere tanto a chicos como a chicas? Y la segunda pregunta, ¿entonces piensa ser un virginal escritor de romanticismo epistolar mientras continúe viviendo en su ciudad?
(Se lleva la mano a la frente). Solo me gustan las chicas, que conste, ¡no me la líe Doctor Amor! Y no, no pienso ser un “virginal escritor de romanticismo epistolar”, si sigo viviendo en esta ciudad lo normal es que las cosas cambien, pero no con quien desearía.
¿Sabe los puntos negativos que está añadiendo en su carné rosa del Doctor Amor? No hace más que descartarse a las posibles lectoras de esta entrevista.
No se preocupe por mí, doctor, tengo puntos negativos en todos los carnés. Algunos más en el suyo son bienvenidos.
Se ve pasar una chica por detrás del Doctor Amor con unos papeles en la mano.
Como acaba de ver estamos recibiendo las primeras impresiones…
Solvente manera de salvar un error de coordinación en el equipo. (Ríen ambos).
¿Cuál es su prototipo exacto? Nosotros nos la imaginamos rebelde, inconformista, con buenas dotes para la escritura, morena…
Aunque me haya visto asintiendo con la cabeza no he entendido nada de la segunda parte de la pregunta (ríen), así que me esforzaré en responderle lo que sí he captado. Mi ideal es simple, quiero a una chica diferente. Contraria a muchos besugos que chapotean por los ríos de España. Lo demás me da igual. Físicamente si puede ser morena mejor. ¡Ah! Y que no se dedique a escribir. Prefiero que tenga predilección por la música, siempre me han gustado las que tocaban la guitarra (ríe el Doctor Amor). Sé que es absurdo.
¿Por qué no le gustaría que se dedicara a escribir? ¡Qué gran tándem podrían formar! Podría reeditar el “A ti, Horacio” como “A ti, Princesa” y dar el salto de la crítica amarga a la explosión romántica. ¿Qué le parece? Me tendría que dar parte de los beneficios, la idea ha sido mía.
Me gusta como suena, me lo apunto. Lo de los beneficios me gusta menos, ya lo hablaremos… (Ríen ambos).
¿Has usado alguna vez tus artes literarias para seducir a alguna chica?
Absolutamente no.
Silencio.
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No.
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¡Mike no! (Ríen ambos)
¿Estás seguro? ¿No se te ha olvidado ningún desliz?
(Ríe Hugo) No había estado tan seguro desde que decidí hacer la carrera de Historia. Ahí tienes tu respuesta, espero que te valga. (Ríe el Doctor Amor). Ahora en serio, no, no he hecho nunca algo así… pero porque nunca se me había ocurrido.
¿Quiere decir eso que a partir de ahora lo va a poner en práctica?
¡Por supuesto que no! Dígame, ¿me ve capaz de hacer algo parecido?
Silencio.
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Siguiente pregunta, por favor…
Sabemos que eres un gran seguidor del Manchester United, de los Lakers y tienes tus reparos con el Barcelona, ¿sería un impedimento que ella fuera de los Clippers, del Liverpool y simpatizara con el Barcelona? (Ríe el Doctor Amor).
¡Wow! Mi chica ideal completamente, ¿eh? Caería rendido a sus pies. (Ríen ambos)
¿Y si, aparte de esto, odiara a Roger Federer?
Le pido matrimonio en la primera cita. (Ríen ambos).
Veo que le apasionaría la idea de recibir una camiseta de Messi, Dominique Wilkins o Gerrard para Navidades. Está deseando conocerla, ¿verdad?
Sí, para no acercarme a ella en lo que reste de vida. (Ríen ambos). ¿Puede guardar ya el hacha?
Como usted lo pida, guardamos el hacha y sacamos la guadaña. ¿Se atrae más a las mujeres dedicándose a escribir? Es un mito que recorre estas tierras y queremos que lo contraste.
Yo cada día menos, no sé si lo de escribir tiene parte de la culpa, pero creo que no, que la culpa es íntegramente mía.
¿Pero es que no les atrae la idea de que le recite un poema?
Toc, toc, llamando al Doctor Amor. Estamos en el siglo XXI, ¿lo sabe? Por sus vestimentas creo que no. Esas mujeres ya no existen, y si existen desde luego yo no las conozco. Además, ¿de dónde ha sacado que yo vaya recitar poemas? No líe el asunto, no lo líe.
Venga, ensaye con nosotros, ¿puede traducir simultáneamente uno de los suyos? ¿Qué tal alguna intervención del Don Pedro?
Si lo hago, ¿me enviaría esa estrella grande que tiene en el escritorio?
Trato hecho, pero tiene que escenificarlo.
Ahora que lo pienso para que querré yo una estrella verde, en fin, lo prometido es deuda. (Coloca las manos y la cabeza hacia arriba). Yo bastardo mal nací…
Hágalo con más brío, ¡que está representando su obra de teatro!
¡YO BASTARDO MAL NACÍ!
Brío no quiere decir volumen.
Yo bastardo mal nací de su senda mal marcada con su labia endemoniada y su mortífero sí. Es lo único que sé decir en inglés y seguro que lo he dicho mal… ¿Puedo bajar las manos y la cabeza? (Ríe el Doctor Amor).
No ha estado mal… Ahora dígame de orden ascendente a descendente las chicas de qué comunidades españoles les atrae más de estas que le cito: Galicia, Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana y Asturias.
¿Qué? Me pone en otro compromiso, pero bueno… (Los dice muy rápido).
(Ríe el Doctor Amor) No, no, no, tan rápido no, no sea tan listo, hágalo despacio.
No lo hago rápido es que usted es demasiado lento. (Ríe el Doctor Amor). Comunidad Valenciana, Cataluña, Andalucía, Asturias y Galicia.
¿Por qué Galicia última? ¿No le gusta?
Deje el tema de Galicia, Doctor Amor, que conozco a muchos/as de allí y no quiero liarla. (Ríe Hugo).
Queremos una respuesta convincente.
Lo he dicho al azar, de verdad.
Entonces podríamos poner Galicia primera, ¿verdad?
Primera tampoco.
¿Puede explicarse?
No, no puedo, no sé ni de lo que estamos hablando, ¿cómo quiere que me explique? (Ríen ambos).
¿Ha conocido a chicas interesantes en la red social “Twitter”? En su blog se ha rumoreado que tiene una cuenta…
No tengo cuenta, es mentira, es un rumor falso.
Silencio
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(Ríe Hugo). ¿Por qué me mira así?
Si le decimos que tenemos pruebas concluyentes ¿qué nos diría?
¿Enhorabuena por un montaje bien hecho? No tengo cuenta de “Twitter”, hasta que me lo ha dicho usted no tenía ni idea qué era “Twitter”.
Nos va a responder por las buenas o por las malas, ¿cómo prefiere hacerlo?
Por las buenas, vuélvame a hacer la pregunta.
¿Ha conocido a chicas interesantes en la red social “Twitter”? En su blog se ha rumoreado que tiene una cuenta…
No tengo cuenta, es mentira, es un rumor falso. (Ríe el Doctor Amor).
Lo dejaremos en duda. ¿Qué le parece entrar en alguna red social para conocer a chicas interesantes? Quién sabe, igual se lleva una grata sorpresa.
¿No tiene otras preguntas? El binomio red social y chicas no me gusta demasiado.
¿Malas experiencias?
Nulas experiencias.
¿Malas experiencias?
Nulas experiencias.
¿Malas experiencias?
¿Otra vez? ¿Estoy entendiendo mal la pregunta?
No, la está entendiendo perfectamente, ese es el problema. Recuerde, aquí el Doctor Amor soy yo, no ponga en duda mis teorías psicológicas.
No las pongo en duda.
Cállese. (Ríe el Doctor Amor).
Me callo.
¿Malas experiencias?
(Ríe Hugo). No va a parar hasta que me invente algo, ¿verdad?
Inténtelo.
Pues sí, conocí a una tal… ¿Georgina? Nos casamos en Florida y ahora llevamos una plácida vida en Texas con dos hijos, Teodoro y Gumiserobis
Lo sabíamos, ¡le ha pasado algo! Aunque no nos lo creemos, su inglés suena como a inglés de Inglaterra. No parece que haya estado en EE.UU. ni una semana. ¿Por qué nos miente?
¡Pero si me acaba de decir que me inventara una historia!
Déjeme que apunte. (Murmulla algo)… y enajenación transitoria. Vale, podemos continuar.
¿Continuar? Y yo que le iba a preguntar cuándo iba a empezar la entrevista. (Ríe el Doctor Amor).
A propósito, ¿sabe que tiene muy mal gusto para los nombres?
Y usted para vestir y no se lo recuerdo. Bueno, ahora sí lo he hecho. (Ríen ambos).
Ahondamos más en su perfil psicológico amoroso. Dígame, ¿volvería a frecuentar con las chicas con las que ha estado?
Un gigante y titánico no. No, por favor, no. Prefiero tener una relación con una almohada de hierro reforzada con pinchos de titanio conectada a una corriente eléctrica de 100.000 watios.
¿Con ninguna?
Con ninguna, con ninguna.
¿Razones?
¿Es necesario?
Imagínese que acaban leyendo esta entrevista, se sentirían molestas.
No les veo comprando una revista americana.
¿Y en su blog?
No se preocupe, no lo van a leer. (Ríe Hugo).
No podemos avanzar en nuestra terapia si no contesta con más franqueza. ¿Promete hacerlo?
Prometo… intentarlo.
No le guarda cariño a sus antiguas amigas, pone a las chicas de Galicia últimas…
(Interrumpe). ¡Eh! Yo no he puesto a las gallegas últimas.
Sí lo ha hecho.
Bueno técnicamente sí, pero no.
¿Se puede explicar?
Pues no, no veo la manera de hacerlo y en inglés menos. Prosiga.
He visto que tiene mal gusto para los nombres, me gustaría saber qué nombres de chica les gusta y cuáles no.
Uf, en buena me va a meter ahora. No me gusta la mayoría, eso se lo puedo decir ya.
Dé ejemplos.
¿Es necesario?
¿Es necesaria su pregunta?
No. No me gustan Lorena, Paula, Virginia, Sandra, Eugenia, (dice un nombre rápido)… Muchos.
¿Puede repetirme el último nombre que ha dicho?
Conozco muchas, por favor no…
Dígalo o la siguiente pregunta será peor.
Vale, (vuelve a decir el nombre rápido). No lo entiende porque es en español.
No diga tonterías.
Sara, Sara, Sara, Sara, Sara. ¿Le parece bien ahora? ¿Se lo digo en italiano?
Sí dígalo en italiano.
Pero… (Ríe el Doctor Amor). ¿Sarina? ¡Yo qué sé! (Ríe el Doctor Amor) No se ría más, un poco de respeto.
¿Cuáles le gustan?
Lilian, Victoria, Katherine, Laura, Julia, Sara…
¿Sara? ¿No me acaba de decir que no le gusta?
Hay que compensar. (Ríe el Doctor Amor).
¿Cuántos hijos le gustaría tener?
Ninguno.
Si sigue así no sé cómo vamos a arreglarle la vida amorosa. ¿Puede por lo menos disimular que le gustan las cosas que atraen a la mayoría de las chicas? ¿Sabe usted lo que significa esto? ¿Cómo se lo explicaría a ella?
Creo que una buena manera de hacerlo sería diciendo algo así como “hola me llamo Hugo, no tengo cuenta de Twitter y no me gustaría tener hijos”. Está bien, ¿no? (Ríe el Doctor Amor y se escuchan otras risas en la oficina durante unos minutos).
¿Y si le dieran un ultimátum total y rotundo entre continuar escribiendo y mantener a su pareja?
Hay cosas que están para siempre con uno mismo y la escritura es una de ellas. Por lo tanto me quedo con algo que ha nacido y morirá conmigo. El amor y los sentimientos son efímeros.
¿Y si fuera una chica muy especial?
Si me pide eso, no es tan especial. (Se escucha un aplauso en la oficina). ¿También tenemos público? Qué entrevista más completa. (Ríen ambos).
Dígame una de las cosas que no soporte de las mujeres.
El maquillaje. Dar un par de besos a una chica y que huela a polvo o te dé la impresión de que te has llevado la mitad del maquillaje me desagrada muchísimo. Lo mismo digo de los hombres que se maquillan, que hay muchos. Solo que a ellos no les doy dos besos.
¿Y por qué no?
No entremos en una discusión absurda de por qué soy heterosexual. Creo que no estoy preparado para debates tan profundos sobre mi determinación sexual. (Risas de fondo).
Entonces, ¿no le gustan las mujeres maquilladas?
Cuanto menos maquilladas vayan, más me fijo en ellas. Muchas veces el maquillaje oculta cosas que prefiero no descubrir.
Yo tampoco.
¿Desde cuándo usted puede opinar?
Desde que soy Mike (se quita parte del traje de encima). Ha terminado la consulta del Doctor Amor. (Se escuchan aplausos y algunos gritos de fondo). Muchas gracias por haber aceptado nuestra invitación, estamos encantado de haber pasado contigo este rato. Hubiéramos deseado alargar el momento pero preferimos hacerte el favor de acortarla. Somos más buenos de lo que crees.
(Ríe Hugo). Gracias a vosotros por ayudar con una parte muy grande de vuestro trabajo a personas que han caído en enfermedades tan delicadas como el cáncer o peligrosas a largo plazo como la diabetes. Ya sabéis que estoy aquí para cualquier cosa que os pueda servir en vuestro apoyo a los enfermos.
¿Volverías a hacer una entrevista similar?
Si no son para fines humanos creo que no. Bueno más bien diría no, sin decir “creo”, ya sabes que las cosas se sacan de contexto y… (Ríen ambos). Ha sido un verdadero placer. Gracias.
Igualmente, gracias más grandes a ti.
Escrito tras la entrevista:
Estamos enormemente orgullosos de haber entrevistado a alguien como Hugo. Para nosotros era un gran escritor que ha escrito más y con mayor calidad en sus pocos años de vida que lo que mucho hacen a lo largo de la suya. Después de conocerlo pensamos algo más importante que ser o no ser un gran escritor, tenemos la seguridad de que es una gran persona. Ha hecho frente a su fuerte introversión pública para ayudarnos en nuestra lucha contra las terribles enfermedades que han arraigado en nuestro mundo como los distintos cánceres por un lado, y enfermedades potencialmente dañinas como la diabetes, por otro. Sabemos que no es mucha la ayuda que puede ofrecer una publicación humilde como la nuestra pero nuestro crecimiento significa resultar más útiles paulatinamente en esta lucha. Hugo nos ha ayudado a crecer. Muchas gracias a él, aunque nos separen miles de kilómetros tendrá un hueco en nuestros corazones y en el de todos aquellos a los que ha ayudado y ha hecho sonreír con esta aportación. Desde el continente de sus Lakers, un abrazo.
Mike y el resto del equipo.